La suavidad de la almohada era tentadora. El abrazo de las sábanas era imposible de dejar atrás. Y el sonido de la alarma, allá, en el escritorio al otro lado de la habitación, era cruel para ella.
Déjame que revise tus referencias. Has sido el mejor encargado de nubes en la galaxia SP-5 y hasta tuviste un puesto de director de lluvias de asteroides en la GH-2. Contigo habrá diversión, claro que sí. Por supuesto, ante el menor síntoma de vértigo, serás expulsado de aquí. No podemos darnos el lujo de tener un bailarín que no pueda dar las ochenta vueltas al planeta por ciclo lunar. Si queda todo entendido, ¡bienvenido a nuestro equipo!
—No es que esté ansioso, claro —dijo el corazón, desde el frasco junto a la ventana—. Pero podría tener un lugar un poco más seguro. Ha llegado la primavera y… ya has visto el polen que anda por ahí…
Eren corría, sin creer lo que había hecho. Nadie la perseguía. Lo único seguro era que, mientras llevara esa llave, el tesoro estaría cerca. Pero aún no sabía dónde. Entonces, ocurrieron dos cosas. Primero, una puerta apareció en la oscuridad. Allí estaba, la respuesta a sus plegarias, en el haz dorado que se colaba por la cerradura. Sin pensar más, ella abrió. A continuación, una avalancha de zapatos, en todos los tamaños y colores, le cayó encima.
Feliz domingo a todos, porque feliz se puede ser cualquier día que queramos. Yo estoy de buen humor porque empieza septiembre y se vienen mis alergias, digo, las hermosas flores que me hacen resbalar en la peatonal pero que alegran tanto la vista. Además, vengo con novelita nueva, en plataforma nueva.
Feliz viernes a todos, en especial al señor del correo que me dejó el aviso de visita, porque pasó casi un mes desde que hice el pedido de este libro y pensé que se había perdido en alguna parte (llámese aduana).
¡Buen miércoles! ¿Cómo están? Yo ando a full, en medio de un montón de asuntos por resolver, pero contenta porque todo está moviéndose hacia el cambio que esperaba. Ya falta menos para ver la luz (libertad, libertaad), pero no es de eso que vengo a hablarles. Comienzo sección nueva, de esas que no tienen fecha definida de publicación en el blog y solo surgen cuando las siento necesarias.
Aylen quedó atrapada en las páginas de un libro de botánica, la mañana siguiente a su vigésimo cumpleaños. Esto fue mucho antes de que se inventaran los viajes interrealidades. Por eso, cuando la curiosidad de Milton lo llevó a meterse en aquel capítulo sobre coníferas donde la joven aparecía dibujada, ya habían pasado dos siglos. Al amor, que nació entre los dos, lo arruinaron las diferencias generacionales. Es que él era muy maduro para ella.
Sé que está llegando la mañana
¡No estaba muerta, estaba de parranda! Ok, tampoco de parranda, si voy a ser sincera. Ando con asuntos personales, entre ellos mi mudanza (que ha tardado más de lo que había imaginado) y algunas cuestiones familiares. Por eso, mi cabeza no ha dado ni un solo relato decente. El próximo arcano del Tarot de Madame Ceyene está a medias en borradores, y ni siquiera estoy segura de no borrar lo que tengo para empezarlo de nuevo. Por ahora, voy a descansar un poco más para darme la posibilidad de volver con todo.
El último deseo, de Andrzej Sapkowski: Llegó a Argentina la edición de los libros de la saga Geralt de Rivia, así que apenas lo supe he corrido a la librería a encargarlo. No sé cómo tardan en traer las cosas al interior, si estamos en una época en que se puede viajar de una punta a la otra del país en pocas horas. Estuve más de una semana, desde que escuché el anuncio en un programa de radio de Buenos Aires, hasta que pude encontrarlo en una librería de acá. Lo bueno es que ¡ya lo tengo! Geralt está en mi biblioteca en físico, por fin. Así que voy a releer El último deseo. Si desean ver la reseña que hice cuando lo leí por primera vez, están invitados a pasar.
Sigo con el arcano II, la Suma Sacerdotisa. Me está costando encontrar la idea de fondo, por el momento estuve leyendo en distintas webs que se toman muy en serio el asunto del tarot, para alimentar el personaje de Madame Ceyene y saber más sobre la simbología del diseño de la carta. De algún lado voy a sacar el próximo relato, eso seguro.
«Usted tiene… —silencio antinatural del ordenador, buscando el pedacito de grabación correspondiente a la cantidad indicada en sistema—: un… —silencio más corto, que casi disimula la rareza del primero— mensaje nuevo en su casilla. Para escuchar todos los mensajes, presione uno».
Dolió mucho. Como arrancarse un brazo. Lloró, no pudo dormir, hubo un par de días en que deambuló entre casa y el trabajo como un zombie, automatizando la mitad de lo básico y olvidando la otra mitad.
Me dijeron que esto sería seguro. Que tendría clientes a montones, que las monedas lloverían sobre mi cabeza. Les creí. Tonta de mí. No comprendía en lo que me estaba metiendo. Cuando me llamaron para este encargo, no me dijeron que iban a encerrarme en este libro y que debería esperar a que alguien lo abriera para dar mis predicciones. Ahora se van a joder. No pienso hablar del futuro. Cada carta será una historia; voy a inventarlo todo.
He vuelto, feliz por haber terminado El corazón del minotauro, mi fanfiction de veinte capítulos en wattpad (y que tardé casi un año en escribir, como si hubieran sido el doble. Soy leeenta).
Aquella noche, todo se fue al diablo. El frente de magos azules, que venía resistiendo, cayó frente al invasor. Los remolinos de energía se llevaron todo, hasta llegar a nuestra base de operaciones. Entonces, justo cuando nuestro destino estaba por sellarse, una voz sonó desde el cielo. Era fuerte como el trueno y hermosa como decían las leyendas. «¡A dormir! Ya son las diez y mañana hay que ir al colegio». Luego, el silencio. Habíamos sido salvados.
O eso esperamos todos, cuando estamos en primero de enero. Por mi parte, tengo varios objetivos para este nuevo período que comienza. El principal es aprender a manejar mejor mis tiempos.