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Lo que toca (Cinco líneas Diciembre 2023)

Lo que toca (Cinco líneas Diciembre 2023)

31 diciembre 2023

El último día del año sería suyo. De las fiestas de diciembre, era la única que podía disfrutar de verdad, porque ya todo había pasado. Pero su viaje a un destino alejado del Polo Norte, con temperaturas más cálidas y la posibilidad de recibir el cambio en el calendario metido en el agua de una piscina, han quedado cancelados. La instalación eléctrica de su fábrica de juguetes necesita reparación. Tocará brindar y seguir trabajando.

Las palabras del reto de diciembre: Instalación, temperaturas y agua.

Microrrelato escrito para el reto Cinco líneas de Diciembre de Adella Brac. Si tienen ganas de participar, pueden dar clic en este link.

Aprovecho para desearles lo mejor en este nuevo comienzo de año, espero volver con más escritos y a visitarlos para leerlos también. 
La última ducha (Microrretos: De la escena...¡al micro!

La última ducha (Microrretos: De la escena...¡al micro!

12 marzo 2023

Creo que me he metido en un problema. Espero que Sam pueda perdonar mi audacia y entender que estoy haciendo esto por nosotros. Sé que, de todas las decisiones que he tomado hoy, esconderme en este motel ha sido la única sensata. Han pasado algunas horas y aquel policía no ha dado muestras de encontrarme, así que el gasto de parte del botín ha valido la pena.

La cena ha sido muy simple, pero ha ido por cuenta del tal Norman, así que me ha hecho un favor. Con lo nerviosa que estoy, no creo que hubiera podido comer mucho. He guardado bien el dinero en esa hoja del periódico, no hay nadie más hospedándose aquí que yo. Respirá hondo, Marion. Date una ducha, descansá un poco. No hay nadie detrás tuyo todavía.

Voy al baño y trato de dejar afuera mis preocupaciones al cerrar la puerta. Suspiro y dejo caer mi bata a mis espaldas. Ya en la bañera, cierro del todo la cortina plástica, abro la llave y enfrento a la lluvia cálida que empieza a empaparme. Una alegría casi infantil me invade.

Marion, estás a salvo ya.

Dejo que el agua caiga sobre mi pelo y abrazo esta sensación de calidez, de calma, que da el agua tibia cubriendo mi piel. Ojalá quedarme así, para siempre. Casi logro olvidarlo todo mientras me enjabono entre el vapor caliente. Entonces, la cortina se corre y allí está Norman. ¿Qué hace vestido así? ¿Por qué lleva un cuchillo?


* * *

Microcuentro escrito para el desafío de Bruno en El tintero de oro: De la escena... ¡al micro! (click en el link para ver la iniciativa y los demás relatos publicados por los participantes).

La escena de película elegida es la de la ducha de la pobre Marion en el motel Bates en Psicosis, de Hitchcock. De mis películas preferidas y la razón por la que durante mi adolescencia no le di la espalda a la puerta del baño cuando me bañaba. Cosas de una.

Adivinanzas

Adivinanzas

06 marzo 2023

Luego de recibir las miradas de aquellos que toman este libro, por un momento, y leen su fortuna como quien revisa un cuaderno, decido que es suficiente. 

El deseo de libertad, que antes era un susurro en mis oídos, ya tiene el volumen de un canto difícil de ignorar. Así que pondré lo mejor de mí en mis predicciones. 

Si debo hacer de bruja, el poder vendrá de algún lado. Así tenga que identificar qué es lo que mis clientes más desean escuchar.

***

Palabras del reto: Volumen, miradas, cuaderno.

Micro-algo, escrito para el reto de marzo de Cinco líneas de Adella Brac. También es parte de la historia de fondo de Madame Ceyene y el tarot.
La noche eterna

La noche eterna

22 febrero 2021

No deberías haberme visto, no tendrías que haberte acercado. Ya no volveré a ser la que era. No soy más aquella que amaste: no permitiré que seas el primero en hablar, ni que envíes lejos a mis hijos por considerarlos imperfectos. Esta es mi forma ahora. Me he liberado de todo lo que me ataba a aquel mundo luminoso al que pretendías arrastrarme. 

¿Por qué has venido a buscarme? ¿Cómo es que no soportas ver en lo que me he convertido?

La muerte me ha ofrecido sus brazos y he ido a su encuentro. El Yomi me ha mostrado su fruto y yo lo he probado. No entenderías aquella sensación, la novedad fue casi tan emocionante como el ver la lanza celestial por primera vez. Ahora tú y yo somos tan distintos como el día y la noche.

La inmensa negrura llenó mi ser, el dolor de aquellas llamas que me trajeron aquí fue reemplazado por comprensión y perdón. No debiste venir a perturbarme. El alcance de tu pequeña mente de dios limitado por los temores de los vivos no llegará nunca a igualar esto.

Oh, si hubieses estado allí al momento en que crucé al Yomi…

Si hubieses visto cómo todo dejaba de importar, la obediencia, el dolor, el amor, cualquier sentimiento estúpido al que pude haber hecho caso antes y que me obligaba a obedecerles a ti y a los dioses de arriba.

Ya no más.

Las posibilidades ya para mí son infinitas.

¿Quieres probar un poco? ¿No sientes un poco de curiosidad al menos?

Dejaré de intentar explicártelo, porque podría estar hablando aquí durante siglos y no estaría ni cerca de pintar el panorama completo. Imagínalo por un momento: si pudiera atravesar tu corazón con el Amenonuhoko y revolver tu sangre con éste, tal vez en ti surgiría una mínima parte del poder que me fue dado en esta nueva vida.

Entonces, ahora respóndeme. O, si no quieres decírmelo, reflexiona con la sinceridad de tu impulsivo corazón, amado mío.

¿Por qué insististe en que siguiera tus pasos, como la mujer sumisa que fui? Aún en mi nuevo estado tu presencia es magnética, tu cuerpo me atrae como la luz a una desgraciada polilla. Me detesto por eso, te adoro por la misma razón. ¿Cómo es que pude ceder a tus caprichos, aunque fuese por un instante?

La verdad es que debí escupir mucho más fuerte al verte aquí. A tus pies, el suelo comenzó a derretirse, ¿cómo es que no te diste cuenta, fue solo por la oscuridad? ¿O es que tu deseo de arrancarme de mi descanso era lo único que importaba?

Debiste quedarte en nuestro bello palacio, recordando los días en los que corríamos felices alrededor del Amenomihashira y cuidando de nuestros hijos, en especial del recién nacido. Tu egoísmo marcará a la humanidad para siempre, si es que eso te importa. Lo que es a mí, prefiero lamentar cómo arruinaste lo nuestro al venir a sumergirte en mi noche eterna.

El tiempo de los dos había terminado. Deberías haber dejado nuestro adiós en algo melancólico y luminoso. Pero, ahora que viniste, por lo menos debías cumplir la única condición que impuse.

Si el Yomi es la tierra de la oscuridad interminable, debías respetar eso. No tenías porqué forzar la luz con tu fuego inmundo. Pero sí merecías verme, ahora que lo pienso. Sin quererlo, te he mostrado mi nuevo interior y me alegro por ello.

No necesito cubrir mis carnes pútridas; los gusanos son suaves y mejor compañía de lo que imaginas. Las heridas en mi cuerpo reflejan las que atormentaban a mi alma desde hacía mucho.

¿Ya no vas a recibirme con amor? ¿Ni siquiera vas a oír mis gritos, no permitirás que mis manos sanguinolentas te acaricien, ni unirás mi aliento rancio al tuyo? Mala decisión, Izanagi. Mala idea, cariño mío. Ahora no voy a librarte del dolor de haberme perdido, aunque con esto convierta todo nuestro amor en pura competencia odiosa.

Maldito seas, debiste quedarte en el Inframundo como recompensa a tu atrevimiento. A cambio de tu cobardía, quedarás unido a mí por la eternidad mientras cuentes a cuántos de esos mugrientos humanos traigo conmigo, hacia la noche más negra. Sabes que si prometo algo, no descanso hasta cumplirlo. Hemos nacido de las mismas deidades, amor mío. La furia también me desborda a montones hasta rebalsar y cambiarlo todo a mi alrededor.

Supe que incluso asesinaste al fruto del esfuerzo que me llevó al Yomi. La cantidad de seres que surgieron de aquel horrible pecado serán causa de mi satisfacción y provocarán daño o alivio a aquellos seres inferiores que habiten la tierra que hemos creado juntos.

¿No quieres llevarme contigo? ¿Tampoco quieres quedarte? Ahora tu rechazo será castigado.

Haré que te arrastres y lamentes ese asco profundo que vi en tus ojos ante la llama que encendiste en mi refugio. Y, si no lo haces tú, lo harán aquellas criaturas débiles que viven en las islas que surgieron debido a nosotros.

No podré olvidarte nunca, querido mío. Cuando lo desees, con solo pedir perdón y entregarte a mi abrazo, te daré la bienvenida a la oscuridad. Reinaremos juntos sobre esta noche eterna. Porque algún día tendrás que cruzar hacia aquí. Mi ejército estará esperándote, listo para destrozar cualquier intento de rebeldía, pero también dispuesto a obedecerme en caso de que yo decida que tu arrepentimiento es sincero.

Deja que me cobre mil almas diarias, no es un precio tan grande por el inmenso amor que alguna vez prosperó bajo la luz del sol. Pero, si cumples y creas mil quinientas más, jugaré con gusto esta competencia. Nuestra unión dio grandes frutos. Juntos dimos origen a la creación misma. Permíteme que abra paso al regulador de tanta riqueza. Deja que me lleve al inframundo parte de lo que me corresponde. O ven a mí y que el caos se encargue de todo allí afuera. 

¿Qué dices, amado mío? ¿Vamos a llevar adelante este juego? La eternidad no volverá a ser aburrida, eso también te lo prometo.

***
Conteo de palabras: 1005. Relato escrito para la antología de mitología japonesa organizada por Soñando uno de tus sueños. 
Averiguar sobre la historia de Izanagi e Izanami me partió el kokoro, además de que Yomi, la tierra de los muertos, me pareció un lugar genial (para alguien que ama las historias de terror, por supuesto).
Si llega a surgir la antología completa, me va a encantar leer el resto de los relatos participantes. Tengo mucho por aprender.
Higos para la luna

Higos para la luna

06 diciembre 2020

En Delos, aquellas mujeres que adoran a la luna no están muy cuerdas. Se los digo yo, que las observo desde mi tienda en el mercado ir y venir, mendigando frutas para sus ofrendas.

Siempre me lo pregunté, en mi cabeza de comerciante. ¿Desde cuándo a la luna le interesaba comer higos jugosos? ¿De verdad la luna se enojaba si le presentaban un higo un poco pasado? ¿Cómo es que estas locas del monte Cynthus hacían para enterarse del sabor que tenían? Para mí, Artemisa estaba allá arriba, muriendo de risa, mientras las Cynthias se daban una panzada con los higos que nos quitaban gratis a nosotros.

De verdad, estas muchachas, siempre somnolientas, siempre apuradas de volver a su templo con los tesoros que lograban juntar y sin siquiera darnos alguna profecía agradable para el futuro, me parecían muy sospechosas.

Hasta que me ocurrió algo muy extraño.

Hace poco, cuando las musas vinieron por mí y pude sentarme en la fiesta del pueblo a tocar mi flauta, una Cynthia se me acercó y logró sonsacarme el compromiso de subir a esa horrible montaña, para honrar a la diosa con mi música.

Así que allí estaba, al pie de ese grupo de rocas al anochecer de la decimonovena noche del mes, cargado de higos y con mi flauta colgada a la espalda. Pensé que, si lograba llegar a la cima, no podrían impedirme que comiera junto a ellas, así debiese bailar como poseso con mi flauta. En mi corazón había pedido que Artemisa me perdonase por esa vez, ya que planeaba quedarme unos cuantos días comiendo y bebiendo.

En realidad, tenía un par de ideas interesantes para darles. Si instalaban un pozo de los deseos y permitían que me disfrazase de anciano venerable, podríamos hacer unas cuantas monedas. Si hasta sobraría para ofrecerle a la diosa.

Por eso, aunque cansado, llegué contento a la cima de Cynthus. El grupo de mocosas me estaba esperando, algunas visiblemente ansiosas, otras bostezando, pero ninguna dejó un solo higo en mi cargamento apenas aparecí. Locas, aunque sin un pelo de tontas.

La luna brillaba sobre nuestras cabezas, redonda y blanca, para el momento en que me dejaron entrar al templo. Apenas vi la mesa repleta de ofrendas me quedé sin aire. Debí contenerme para no lanzarme sobre la cantidad de comida que habían reunido allí. Les gustaba comer a las Cynthias, por supuesto. Y beber también.

Comenzada la ceremonia, dejé lo mejor de mí con la flauta. Las vi bailar a todas, algo desgarbadas, algo seductoras. Las vi divertirse y ofrecer esa diversión a la estatua de aquella mujer severa que las observaba desde su asiento, al centro del templo. Debí empezar a sentir en mi corazón el temor a la diosa o la impresión por el secreto al que estaba accediendo, porque de pronto el templo entero estaba brillando. Mi flauta vibraba con los sonidos, como siempre, pero el eco de mi música era espléndido. En un momento, levanté la mirada y pude notar una sonrisa en la estatua blanca, blanquísima, casi cegadora de la diosa.

El baile de las muchachas no se detenía y mi música seguía sonando, a pesar de que yo ya había dejado la flauta de lado hacía un buen rato para mirarlas. No sentí temor ni sorpresa alguna. Estaba como hipnotizado. Sin embargo, en el fondo, no dejaba de ser yo.

«Los higos, debo probar los higos» pensé, en medio del embotamiento general.

Bailando, me sumé a la ronda de las Cynthias. Me llevó un poco de tiempo el soltarme de sus manos para avanzar al centro de la ronda, hacia la mesa de las ofrendas. La sorpresa era que, a pesar de que no había visto a ninguna de ellas comer nada, ya casi no quedaba ninguno de los alimentos en el lugar.

Vi que ya solo había un higo sobre la piedra pulida de la mesa. Extendí mi mano y, al morder la fruta, supe que era lo más dulce y delicioso que comería por el resto de mi vida.

No recuerdo más.

A la mañana siguiente, con el sol bien alto en el cielo, desperté en medio de la plaza del pueblo y con mi flauta partida en dos. Debí correr a esconderme a casa, porque estaba bañado en vino y la gente se reía de mi desnudez. Lo cierto es que mi único pecado fue comer de esa mesa, pero hay algún fragmento en mis sueños en el que la estatua de la diosa está de pie frente a mí, furiosa. Temo por mi negocio. Mi razón me dice que debo abandonar la isla, lo antes posible. Sin embargo, el recuerdo de aquel sabor increíble me obliga a intentar regresar a esa montaña. Por más que deambulo por Delos, ya no encuentro el camino que tomé aquel anochecer. Han pasado varios días y no puedo pensar en otra cosa.

Ni siquiera puedo acercarme a ninguna de las chicas del templo. Apenas veo una Cynthia, ella corre para alejarse de mí. Creo que estoy maldito. Voy a enloquecer.

Así que ahora ya lo sé. Los higos son el fruto preferido, la razón por la que aquellas chicas deambulan buscando la mejor ofrenda para su diosa. Quiero sumarme a ellas. No sé por qué sigo en este mundo luego de semejante afrenta, pero voy a aprovechar mi tiempo. No voy a descansar hasta poder volver a entrar a aquella ceremonia.

Esas chicas que adoran a la luna en Delos están locas, claro que sí. Pero yo lo estoy mucho más y planeo ser el primer hombre en unirme a la causa.

***
Relato escrito a partir del disparador creativo tomado de la web escribir.me: "Escribir acerca de tu nombre". 
Hasta que no apareció internet, no supe que mi nombre significaba "mujer de Kynthos", monte en Delos donde al parecer había un templo dedicado a la diosa Artemisa. Lo busqué en google y me apareció como Monte Cynthus o Monte Cinto. Me dio mucha risa y ahora quiero visitarlo. 
Pido disculpas desde ya a todos los que sepan sobre dioses griegos y/o sobre la historia de estos pueblos en sí. Quise quitarle un poco de solemnidad a la idea y, al final, me divertí escribiéndolo. 

Los invito a pasar por allá y ver los retos que proponen los distintos disparadores creativos. Seguro les salgan cosas interesantes.



La pared roja

La pared roja

16 agosto 2020

Estaba en la enorme habitación de la planta alta, pincel en mano, frente a la pared. Los dibujos, delineados en lápiz sobre el blanco, daban la pauta a seguir. Paisaje veraniego, el mar de fondo, cabañas flotantes de techos puntiagudos, palmeras... muchas palmeras.

«¿Quién en su sano juicio pinta esta mierda en su casa?».

En la ventana, el sol iba haciendo el descenso temprano, para dar paso a las sombras y el frío.

Él no tenía reloj, pero sabía que la noche cubriría pronto sus ganas de hacer algo productivo.

Se encogió de hombros, echó el pincel dentro del bote amarillo de pintura y encendió un cigarrillo. El frío empezaba a hacerse más intenso. Pensó que, a lo mejor, pintaría de rojo esa pared. Nada de dibujos. Decidió que una estufa junto a la puerta le vendría bien. A lo mejor, se mudaría esa semana. ¿Cómo lo tomaría Leandro? ¿Cómo le diría que no quería que viniese con él? ¿Cómo…?

Un chirrido en el piso de abajo lo sacó de sus pensamientos. No había duda, eso era el sonido de pasos sobre el piso de madera. ¿Cómo habían abierto la puerta? No había oído vidrios rompiéndose, ni la pesada puerta del ingreso abriéndose. Solo sus propios latidos, ampliándose, subiendo la frecuencia.

Se armó con el palo de escoba y enfrentó las escaleras. Bajó cada peldaño, nunca supo cómo, si cada pierna temblaba como gelatina. Y el frío de esa casa parecía empeorar con el atardecer, si hasta creyó ver que su aliento formaba una pequeña nube blanca frente a su cara. Al pisar el suelo de madera de la planta baja, ya tiritaba.

—¿Quién anda ahí? —gritó, con la esperanza de alertar al intruso para que huyera lo más rápido posible. En dirección opuesta a la suya, por supuesto.

Silencio. Nadie respondió. Nada se movió.

«¿Lo habré imaginado?»

Entonces, un ruido mucho más potente lo hizo pegar un salto. Aterrado. Había alguien más, pero arriba, en la habitación de la planta alta. En una explosión de adrenalina, olvidó el miedo y corrió por las escaleras con la escoba bien aferrada. Llegó y volvió a quedar helado.

No había nadie más que él en la casa. Las ventanas cerradas, las puertas con llave. El sol daba su último adiós afuera, por lo que él tuvo que encender la luz. Así vio que, encima del dibujo a lápiz que él había descartado minutos antes, alguien había escrito en pincelazos amarillos.

NADA DE PAREDES ROJAS EN ESTA CASA, CARAJO.

***

Había que incluir las siguientes palabras: 
Noche, Pincel, Chirrido, Amarillo, Planta.
Disfruto mucho estos desafíos, me dan ideas que no tendría de otra manera, así que muchas gracias a Roxana por estas propuestas. Sé que voy atrasada con las semanas, pero planeo hacerlas todas. 
A los que pasen a leer, espero que se entretengan con esto tanto como yo lo hice al escribirlo.

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Tarta de verduras a la «qué pasó, caramba»

Tarta de verduras a la «qué pasó, caramba»

15 junio 2019

delicioso reto jueveroINGREDIENTES:

PARA LA MASA
Compre una pascualina del super. Le abre el plástico, la saca y ya está. Mire qué fácil.

PARA EL RELLENO
- 2 cebollas chicas. O una grande. Si no le gustan las cebollas, olvídelo.

- 1 paquete de acelga. O espinaca, si prefiere.

- 1 pimiento morrón rojo. O verde. Si consigue amarillo, da igual. O esos ajíes enormes que venden por ahí a veces, que pareciera que lo van a matar a uno de indigestión pero en realidad tienen menos picante que mi rutina diaria.

- Si no le gusta ninguna de esas verduras, qué le puedo decir. Vaya y busque algo que entre en una pascualina y cuando lo tenga me avisa.

- ¿Ya está? No, saque al gato de ahí. Continuamos. Cuatro huevos.

- Condimentos a gusto. Y tenga a mano el teléfono, por las dudas.


PREPARACIÓN
1- Asumiendo que ya le puso la masa pascualina del super al molde aceitado, prenda el horno. No muy fuerte.

2- Corte la cebolla, en cuadrados pequeñitos, mientras susurra canciones de amor a la pobre para que no lo haga llorar mucho. Usar antiparras durante el proceso ayuda también.

3- Haga lo mismo con el pimiento o el ají enorme. Pero a ésos no les hable. Ni siquiera los mire más de lo necesario. Todos los días se escuchan historias horribles de gente que ha observado de frente a esas terribles verduras, mientras intentaba cocinarlas.

4- Hierva la acelga o la espinaca —o lo que sea que haya conseguido para el relleno—. Y saque a ese gato de ahí, sea serio.

5- Mezcle todo en la sartén, con los condimentos y el huevo. Si le va gustando cómo queda, bien. Si no, siga intentando. A mí no me pregunte, que yo con un caldito de esos que saborizan ya estoy hecha.

6- Meta el relleno encima de la pascualina y luego ponga la tapa superior, para cerrarla. ¿No le gusta así, la prefiere abierta? Allá usted. Y ya le dije que el gato le iba a arruinar la comida, basta de chistes.

7- Hornear durante unos 40 minutos, o hasta que la masa esté dorada. Es decir, no espere que brille el horno. De ver un resplandor real en su comida, llame a los bomberos.

8- Saque el hermoso resultado de esta aventura culinaria. Espere un poco a que se enfríe, no sea ansioso. Corte la primera porción y pruebe el delicioso sabor del esfuerzo.

9- Guarde todo en la heladera y pídase una pizza. Alguien querrá comerse ese desastre otro día.

***
Pequeña deformidad escrita para el reto juevero de Notas desde el fondo de mi placard. Espero llegar a tiempo, hace rato que intento participar y se me pasan los días. 

Luego de mi tercera mudanza en el año (excusas, excusas), de a poco creo que me estoy acomodando. Lo mismo, si mi vida ahora tuviera cara, se la golpearía un ratito.
Mini homenaje a mi adorado Alejandro Dolina. Amé sus instrucciones para abrir el jabón Sunlight. 
Voy a pasearme por los blogs amigos. Cómo los extraño a todos.
Frío misterio

Frío misterio

02 mayo 2019

retouno
Cuando la guerra terminó, todos buscamos a Xanra, el último gigante. Lo encontramos días después, al norte de la región Yrik. Se había sacrificado para contener a Ofer, la malvada criatura de las profundidades, en aquel océano de hielo. El llanto de nuestro pueblo se mezcló con las ofrendas de agradecimiento, en los festejos que llevamos a cabo durante días, con sus noches, apenas reconstruimos la aldea.

Con el paso de los días, notamos que el frío avanzaba y convertía en hielo todo el paisaje. Temimos que esto fuese una señal de que habíamos perdido frente a esos demonios. Pero Ofer seguía sosteniendo a la serpiente, en la misma posición, allá en el horizonte.

Pasaron los meses y varios de nosotros debimos emigrar, en busca de tierras más amigables con nuestros cultivos y animales. No hubiéramos imaginado qué sería de aquellos que quisieron quedarse, aferrados a sus recuerdos.

Algunas leyendas hablan del descenso de todos los sobrevivientes al océano frío, para ser devorados por el fantasma del monstruo vencido. Otras dicen que la nostalgia y la baja incesante de la temperatura se los llevaron, en muy poco tiempo. Hay quien se anima a desvariar sobre una maldición que los convirtió en la nieve fina que cubre el lugar.

La única cosa cierta es que, cuando un grupo de exploradores del rey pasó por el lugar, no se encontró a nadie en todo el pueblo. Cada casa estaba intacta, algunas con sus puertas abiertas, sus camastros desordenados, las hachas junto a la leña a medio cortar y, aún, con la comida reseca servida sobre sus mesas.

***
Relato escrito para el Reto # 1 de la comunidad Sueños de Tinta.
La consigna: Escribir un relato basándonos en la imagen. 

Jamais vu (El lenguaje de las flores)

Jamais vu (El lenguaje de las flores)

20 abril 2019

jamaisvuAsí fue que lo olvidé por completo. El color del cielo, el estanque lleno de flores de loto, el clima de primavera eterna, el amor de Juan… todo. Cuando llegué de regreso a casa, apenas si recordaba por qué había salido, en dónde había estado todos esos días.

Mi rutina se hizo cargo de la confusión, haciéndola desaparecer hasta que casi no quedaron preguntas. Mis músculos doloridos me llevaron a buscar el descanso tan necesario. Mi mente se apagó, por unos días. Todo gracias al líquido maravilloso de Industrias Mirk.

Es un remedio infalible. No deben dejar de comprarlo.

Sí, así es. No hay lugar para malos sentimientos. La culpa es una pérdida de tiempo. La nostalgia, ni qué decirlo. La via más rápida y productiva para el renacer del ser humano, luego de un hecho traumático, es el olvido. Es el eterno sueño de la humanidad, el de borrar el dolor que nos traen ciertas memorias.

Disculpe, voy a interrumpir la entrevista. Me gustaría que me trajeran un vaso con agua. Mi garganta se siente reseca. Los ojos me arden. Y no se preocupe, yo tampoco sé por qué de pronto estoy riendo.

Déjeme tomarme mi dosis diaria. Un momento, estaré con usted, aleje la cámara mientras bebo el líquido. No sé por qué, sé que debo pedirle que apague esa cosa mientras bebo mi remedio.

Listo. Ahora, continuemos. ¿Qué le estaba diciendo?

¿Lo conozco? Usted es el periodista que iban a enviarme los de la cadena. ¿Por qué tardó tanto? Mire la hora. En fin. Es la primera vez que lo veo por aquí, estoy segura. Un gusto conocerlo. Voy a contarle mi historia y lo haré rápido, porque a veces ocurre que se me va el hilo de lo que estoy hablando.

Así que…

Así…

Así fue que lo olvidé por completo. El color del cielo, el estanque lleno de flores de loto, el clima de primavera eterna, el amor de Juan, todo.

***
Pequeño relato, escrito para el reto de los jueves, propuesto por Soñando uno de tus sueños.
La flor elegida para el desafío es:
Flor de loto: olvido, misterio, verdad, amor lejano, pureza espiritual.

Espero que el significado de la flor se haya visto reflejado.

Nunca lo es

Nunca lo es

20 enero 2019

«¿No será demasiado?» pensó ella, frente al humo que surgía de la lámpara antigua que acababa de frotar. Ya no parecía tan divertido robarse el tesoro de la abuela, mientras su familia dormía. «Yo creo que, si añado los ojos y la boca que empiezan a formarse en el aire, lo mejor es salir corriendo». Entonces, la voz profunda del genio la llamó su ama y le pidió oír su primer deseo. Temblando, ella se volvió desde el umbral de la puerta. Y deseó.

Las palabras del reto de enero: añado, familia, demasiado.

Les deseo un año lleno de ganas de desear cosas. Y de energía para hacerlas realidad. 
Empiezo medio tarde por acá, ya lo sé, pero todavía estamos en enero. Ahora paso a ver cómo han estado ustedes en sus guaridas. Los he extrañado.
El décimo sello

El décimo sello

12 enero 2018

decimosello
Úrsula entró a la casa, arrastrando la valija con dificultad. Cada vez que pisaba de nuevo el país, su equipaje venía más pesado, cargado de recuerdos. Pequeñas licencias de pasajera frecuente.

Se consideraba una experta en tomar todo lo que no estuviera atornillado, pegado o empotrado en las paredes de un hotel. A veces, ni esas circunstancias la detenían.

En esta oportunidad, el Hotel El Décimo Sello había sido un desafío distinto. El lugar no tenía de hotel más que el nombre, porque se veía —y se sentía— como una posada familiar. Había estado bien para sus negocios en Shanghái. Aunque los chinos que la atendían no eran muy amables, la decoración no sobresalía por su buen gusto y la comida era muy picante, el precio era accesible.

Como agregado a las rarezas del lugar, la anciana en la recepción había sido muy insistente al advertirle de no llevarse nada de la habitación. Ella había asentido, con la mejor sonrisa de turista. Una vez a solas, las figuras de animales mitológicos orientales la habían mirado fijo, con la desaprobación grabada en sus rostros de piedra, mientras ella evaluaba cada detalle que pudiera robarse.

Había desistido con las batas de tela estampada y las cortinas. Sin embargo, la habían obligado a devolver dos de los dragoncitos al hacer el check-out. Cómo lo habrían sabido, no tenía idea. Pero el escándalo que había armado al verse descubierta había sido digno de recordar.

Ahora, sonreía satisfecha con el pequeño jabón azul que sostenía en sus manos. El sello en el logo del hotel era el mejor adorno. Y el aroma de cada baño había sido único. Debía tenerlo en casa también, al menos una última vez.

Dejó sus cosas del trabajo, abrió las ventanas para que entrara el aire de la primavera occidental y fue a encender la ducha. El vapor empañó el espejo y Úrsula no fue capaz de ver la luz que emanaba el objeto robado, abandonado sobre la pileta de manos mientras ella se desvestía.

Puso algo de música en la sala, antes de volver al espacio que ya parecía un sauna. Se quitó la vincha del pelo y se lo sacudió. Tomó el jabón, rasgó el papel y, al liberarlo, lo llevó a su nariz. El sello azul cayó junto al inodoro, mientras ella avanzaba hacia la mampara de vidrio. El aroma de aquellos productos caseros era concentrado, exquisito, distinto a cualquier cosa que ella hubiese conocido en su vida de ladrona de cosas insignificantes.

Abrió la puerta de vidrio, con un suspiro, encantada con la fidelidad del perfume.
Puso un pie en el suelo húmedo. Puso el otro y la mano con el jabón entró en contacto con la lluvia.
Entonces el suelo se abrió, dejó de ser sólido. Ya no fue cerámico, ni conocido en sus terminales nerviosas. Se había convertido en el agua de un mar tormentoso. Úrsula alcanzó a gritar un instante antes de hundirse en la masa azul, en medio del océano Pacífico.

Ella se removió, braceó, con el horizonte infinito moviéndose frente a sus ojos. El Décimo sello se dibujó en líneas transparentes sobre el agua helada y brilló, como una última advertencia. Sin embargo, la mujer se negó a soltar su botín.
El frío y la agitación del agua eran espantosos. Así y todo, el perfume exquisito del jabón robado seguía impresionándola.

El décimo sello de la etiqueta abandonada en el suelo de su casa, allá lejos, empezó a teñirse de rojo. La rodeó con sus caracteres chinos y giró en círculos, hasta apretarse en torno a su garganta.
Úrsula sintió que todo aquello era muy real, aunque solo hubiese resbalado en la ducha y estuviese delirando. Se hundió despacio, entre las pequeñas olas del mar, hasta desaparecer como una mancha en las profundidades. El jabón estuvo en su mano hasta el último instante.

***
Esto se me ocurrió cuando abrí un jabón y el perfume me llevó derechito a unas vacaciones en el campo, cuando era chica. El nombre del jabón era "Marino". Lo demás se escribió solo.

Y con esto, terminan los diez relatos programados en mi reto con el número diez y un hecho paranormal. Estoy feliz de poder cumplir con el desafío, aunque haya tardado más de dos años entre la idea y este final. No voy a volver a plantearme nada así de rígido otra vez, wiii...
El problema de la araña

El problema de la araña

10 junio 2017

elproblemadelaaraña—Aquí está —dijo la anciana, y señaló la araña que colgaba sobre el salón de la casona. El policía no pudo ocultar el malestar y se limitó a explicar de nuevo lo que estaba buscando. —¡Pero si está ahí! —insistió la mujer— ¿No lo ve? ¡Va camino al techo!

Cuando la cadena de la lámpara se cortó y los tumbó sobre el mármol, no quedó nadie que supiera sobre él. Así que el fugitivo volvió a hacerse visible y se marchó, silbando bajito.

+ + +

Las palabras para el mes de junio son: tumbó, malestar, señaló.

Escrito para el reto Cinco líneas de Adella Brac. Si quieren saber cómo participar, pueden hacer clic en el enlace.

Miércoles delicioso

Miércoles delicioso

03 mayo 2017

delicioso—¡Hoy es miércoles de pedidos a la diosa! —anunció el hombre canoso que sostenía el micrófono—. ¡Pasen por la fila, con su estrellita de pago mensual sellada en la ventanilla y su deseo! Pidan y se les concederá.

La gente se arremolinó por el templo, en búsqueda de la estatua redonda de la diosa lunar. Los ayudantes, en trajes blancos, los guiaron y empujaron hasta convertirlos en una fila más o menos decente. Nefer dejó el estrado y fue a ver a las chicas que cerraban la caja. Todos sonreían. Había sido un día provechoso.

Para él, no había nada mejor que los miércoles de pedidos. El dinero fluía, las monedas llenaban los bolsillos de todos. La necesidad se traducía en exigencias egoístas, pedidos ansiosos, pisadas de todos los tamaños sobre la alfombra desgastada del lugar.

A veces, los pedidos eran posibles de realizar. Nefer se encargaba, en persona, de que algunos lo obtuvieran. Otros pasaban al equipo del templo, siempre y cuando dejaran algún margen de rentabilidad. El resto, la mayoría, caían en el olvido. Solían ser reciclados en las sesiones de los miércoles siguientes.

Pero aquel día era importante de verdad. Se cumplían veinte ciclos desde que aquellos astronautas lo habían confundido con uno de sus compañeros y lo habían obligado a regresar con ellos a la Tierra. Nefer había sido muy joven entonces, lo único que lo había llevado a buscar a esos extraños era la curiosidad. Sus habilidades de metamorfosis y sus ganas de jugar con la mente del que se había perdido hicieron el resto.

Pero la Tierra no era un lugar tan malo. Con tanto metal delicioso, gracias a los miércoles de la diosa. Lo que no imaginaba era cómo se las arreglaría el astronauta en las profundidades de Nasra. Si las plantas y los animales eran todos de aquello que los humanos utilizaban de forma tan irresponsable, en pedacitos aplastados en forma circular.

Se acercó más a la ventanilla. Aprovechó el descuido de la cajera para meter la mano y sacar una de las monedas. Se la tragó, de un bocado, como para tener un aperitivo antes de poder estar a solas de nuevo. Sería un día largo.

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Mini relato para la iniciativa LiterUp! de El libro del escritor. Espero haber cumplido bien las consignas del reto. 
Anbócsin

Anbócsin

01 mayo 2017

anbocsinTodo esto empezó un lunes a la tarde, cuando volvía de la oficina. La encargada me dejó el paquete al otro lado de la ventana, entre las plantas, como para que nadie lo sacara. Tampoco es que fueran a ver mucho, si estaba envuelto en papel negro. De casualidad lo noté, gracias a que mi gato Ciro comenzó a maullar cuando entré y pensé en dejarlo salir por ahí.

La dirección estaba correcta, con el piso y número de apartamento. El nombre, no.

Me fijé en el remitente, parecía una compañía china. Aunque eso no me decía nada. No se daba una dirección a la cual devolverlo, ni había sellos del correo que lo había traído. La euforia de tener un regalo así me hizo rasgar el envoltorio y abrir la caja.

Casi me voy de espaldas. No debí caer en semejante broma. Adentro había una caja igual, en negro y con el mismo nombre desconocido. Me fui a tocarle la puerta a los demás inquilinos del tercero, como para ver si ellos sabían algo.

No hubo caso. Ni siquiera tenían idea de quién era la tal Susana Oria. Alguno sugirió la posibilidad de que el nombre fuese inexistente, pero incluso yo tuve un profesor en secundaria que se llamaba Esteban Quito. Todo era posible.

Al día siguiente, hablé con la portera. Ella me dijo que el paquete ya estaba en el buzón del edificio la mañana anterior y que nunca vio quién lo había dejado. Pregunté en otros departamentos y un anciano del primero dijo haber conocido a la tal Susana.

Como la señora Oria se había mudado, no se sabía hacia dónde, me fui a la guía telefónica a buscarla. Encontré unas cinco familias Oria, de las cuales solo un par me atendieron cuando las llamé. Una de ellas negó la existencia de ninguna Susana en su casa. La otra amenazó con ir a buscarme al fin del mundo y meterme el teléfono por un agujero muy incómodo, si volvía a molestarlos con esas bromas.

Identifiqué ambas en mis apuntes y las taché de la lista. Entonces, para liberarme del asunto, me fui hasta la dirección más cercana de las tres que quedaban y dejé el paquete en su puerta, en silencio. La caja era un poco más chica que la original en la que yo la había recibido, por cuestiones obvias, pero llevaba la misma etiqueta con los datos, así que nadie notaría lo que había pasado antes. Con la emoción de ir por ahí a escondidas, tocando timbre y corriendo para que no me descubran, volví a casa. Esa noche me fui a dormir con una buena historia para contar y la satisfacción del deber cumplido.

¿A quién le importaba la razón de que hubieran envuelto y etiquetado una caja dentro de la otra? Que se las arreglase la tal Susana con los chinos.

El miércoles desperté, desayuné a las corridas y salí a trabajar. Cuando abrí la puerta para ir por el ascensor, ahí estaba. La caja, aún más pequeña. Con la etiqueta intacta y el papel negro que la cubría. Lancé una puteada al aire y metí el envío indeseado al departamento con un pie, antes de marcharme.

La habían abierto y me la habían devuelto. ¿Cómo me habían visto? ¿De dónde sacaron mi dirección? Y, lo más importante, ¿cómo hicieron para pasar antes del horario de llegada de la encargada de mi edificio?

Me pasé el día conversando del tema con mis compañeros. Uno sugirió que la tirase, otro que la quemara y un tercero que se la diera al viejo del primero.

Esa noche, abrí la caja y me encontré con otra, más chica todavía. Igual etiqueta, igual cobertura negra.

Para el jueves, llegué al trabajo y le ordené al cadete que fuera a las dos direcciones Oria que faltaban. Debía tocar, preguntar por Susana y entregar el paquete a toda costa. Volvió al mediodía. La primera familia lo rechazó. La segunda tampoco tenía ninguna Susana, pero se habían quedado el paquete. Problema solucionado para mí.

Excepto que, la mañana siguiente, Ciro maulló en la puerta y supe que la caja estaría ahí. Ojalá los gatos hablaran nuestro idioma, así me facilitaba alguna pista. No esperé un segundo. La tomé, así pequeñita, etiquetada y negra como estaba, me fui a la calle y la puse en el contenedor de la basura.

—¡Listo! —grité a todo el que pasara—. ¿Lo ven? ¡No voy a perder más el tiempo con esto!

Comencé mi día con una sonrisa de maniática, lo confieso, pero ya no dejaría que esto volviera a molestarme.

O sí, porque terminé ese sábado aplastando la nueva cajita negra con una piedra, mientras lloraba porque no podía hacer nada bien.

Ese domingo, cuando salí a hacer las compras a la feria, me la encontré en mi puerta. Estaba intacta. Me resigné y la llevé adentro.

Lo bueno era que ya no quedaba mucho para abrir. Había iniciado ese desastre con una caja del ancho de mi laptop y ahora apenas alcanzaba el tamaño de mi puño.

Cuando volví de la feria, mi Ciro había atacado el paquete con todo su entusiasmo felino. Le di ración extra de pescado, como premio por haber hecho justicia. Él pareció satisfecho de tener algo para romper, así que se lo dejé hasta la noche en el comedor. Con todo el ruido que hizo, aquello parecía la fiesta de las uñas, un festival gatuno de algún país lejano donde sí les dieran esas cosas a sus mascotas. Y, hablando de cosas lejanas, tuve un sueño de lo más loco: con una caja que llegaba a mi nombre, a gente que no tenía idea de quién era yo pero que vivía en este mismo apartamento.

Un nuevo lunes, una nueva semana. Salté de la cama al ver que había ignorado la alarma, como de costumbre, y me vestí como pude para no llegar muy tarde a la oficina. Entonces recordé que aquél día era feriado y me volví a dejar el pijama. Mientras me arrastraba en pantuflas a la cocina, escuché a mi gato angustiarse de nuevo. Pobre, igualito a mí salió. Me demoré haciendo el café y unas tostadas, pensando en cómo terminar con todo aquello. Porque ya sabía lo que iba a encontrar en el comedor.

Poco después, me arrodillé junto a la caja intacta, envuelta en negro y sin un rasguño. La abrí. Otro paquete negro, etiquetado. También lo abrí. Ya no me importaba nada.

Más cajas negras de tamaño pequeñito, más etiquetas, las fui abriendo para encontrar a sus clones en el interior. Llegué a una muy chiquita, cuadrada, del tamaño de un caldo para sopa. Saqué un cuchillo y la abrí, imaginando un anillo, un llavero, una nota de chiste...

Escuché el maullido desesperado de Ciro y la habitación comenzó a dar vueltas. Solté el último paquete abierto y quise correr. Creo que ya era tarde. Ahora quisiera dejarle alguna advertencia al siguiente. Igual, no importa. No tengo un nombre interesante para el que reciba el próximo envío. Aunque Dolores "Lola" Mento no está tan mal.

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Cantidad de palabras según Word: 1187.

Esta historia surgió a partir de un sobre con una deuda que ha estado llegando a un desconocido desde hace años a la casa de mi madre. Intentamos averiguar de quién se trataba, nadie sabía. Dejamos el sobre en lo de unos vecinos, al día siguiente regresó como si nada. Preguntamos y alguien dijo que era un inquilino de hace mucho tiempo. Lo dejamos estar, luego lo tiramos.

Volvieron a aparecer sobres nuevos para esta persona, mi vieja incluso dejó un cartel escrito para los del correo, pero siguen apareciendo al día de hoy. Ya no son deudas, sino facturas regulares. Sospecho que nunca hizo el cambio de domicilio y lo paga por internet o con el número de referencia. Una vez llegó una revista de suscripción y la abrimos. Qué le vamos a hacer xD
27 lunas

27 lunas

22 abril 2017

te reto con un titulo uno—Comandante Red reportándose —dijo, algo nervioso por el radio de la nave.

Era la primera vez que tenía contacto con Urano. Se contaban miles de historias escabrosas sobre los que habitaban el pequeño territorio, preparado por el ejército de ocupación y protección del sistema solar.

—Bienvenido, Comandante —respondieron desde la base.

Red suspiró, la voz parecía joven. Era femenina y no parecía hostil.

Dejó de lado los prejuicios y fue al grano, mientras el tablero emitía luces alarmantes y llenaba de sonidos la cabina.

—Solicito permiso para uranizaje de emergencia. He dado con la estela electromagnética de la cola de un cometa en mi trayecto —explicó, sintiendo el sudor frío correr por su espalda—. No llegaré a mi destino en Saturno, a menos que haga unos ajustes en la nave.

Hubo un tenso silencio del otro lado. Red maldijo su suerte, en aquel rincón tan extraño del sistema solar. La voz uraniana regresó.

—Nuestro superior está encargándose de unos asuntos, Comandante —anunció—. Él es el único que puede autorizar la entrada de cohetes a nuestra región. Tendrá que aguardar a su regreso.

—¿Cómo? ¿Pero no hay un reemplazo? ¿No hay nadie que pueda tomar decisiones en su ausencia?

—No, Comandante —dijo, luego su tono adquirió una alegría insana mientras proponía una alternativa—. Lo que sí podemos hacer por usted es ofrecerle nuestro espectáculo más reciente de las veintisiete lunas, mientras espera.

El viajero sintió un escalofrío al imaginarse muriendo mientras ellos ni se enteraban, o lo tomaban como algo de lo más interesante en su cielo lleno de rocas congeladas. Él sería una más. Tal vez lo adoptarían por un tiempo como la luna número veintiocho.

«Manga de tarados. El hielo de Urano les ha congelado el cerebro».

—¡No me importan sus lunas! Quiero hablar con alguien que me permita entrar, o juro que lo haré de todas formas.

—Le aconsejamos no hacerlo, señor Red —sugirió la voz de la joven, con frialdad profesional, desde la salida de audio de la cabina—. Aún si llegara a pasar las capas de hielo, nuestros misiles pueden ser disparados por cualquiera de nosotros si hay intrusos.

Red se indignó y golpeó el tablero con el puño. Lo único que logró fue la aparición de más luces rojas y alarmas molestas.

—¿Los dejan usar armas y no permitir un uranizaje de emergencia? ¡Son idiotas! ¡No se los pediría si no lo necesitara!

Otra pausa en la comunicación.

—Hemos avisado a nuestro comandante —anunció la muchacha, al regresar poco después—. Dijo que nadie que no pueda apreciar a las veintisiete lunas es digno de pisar nuestro suelo. Solo serán unas horas. De paso, le dará tiempo a usted de esperarlo y recibir sus instrucciones para pasar por la parte segura de nuestra atmósfera. No podrá hacerlo sin él.

Red volvió a su silla, resignado.

—Está bien. Por eso dicen que jamás vayas a pedir ayuda a Urano. No pensé que fuera tan literal. Pongan el espectáculo. Igual moriré si me marcho de aquí.

—Las lunas lo mantendrán a salvo, señor —lo alentó la voz, con una suavidad llena de fé—. Este universo nos da tormentas magnéticas, nubes de asteroides y cometas, pero también nos entrega su belleza para que elijamos salvarnos con ella. Tómese de la belleza, señor Red. Y espere nuestra ayuda, pronto llegará.

Él se reclinó en su asiento y prestó atención al vacío, que dejaba de serlo para llenarse de puntos de colores y hologramas de los satélites uranianos que no estaban disponibles en aquel sector de la órbita.

«Ya sabía que eran unos dementes. La palabra lunáticos les queda corta. Deberían inventar una nueva, como uraniáticos».

Titania y Oberón comenzaron a reproducir imágenes en sus superficies, con la melodía del Lago de los cisnes de Chaikovski de fondo a través de los transmisores. Red podría haber cerrado el sonido, tomarse una siesta, ignorar la propaganda religiosa del culto de los uraniáticos. Pero tenían algo de razón. Había una belleza sobrecogedora en aguardar la salvación o la muerte en medio de ese paisaje.

Se quedó frente a la imagen enorme del espacio y la danza de las lunas. El sistema de calefacción comenzaba a fallar. Él estaba temblando y ni se había dado cuenta. Pero el baile era bonito. Inspiró hondo, apagó los controles y se entregó a su destino. Fuera cual fuera.

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Puse 27 lunas en google y me apareció Urano. Imaginé a un grupo de astronautas locos en medio de la nada, creando su propia religión nueva y haciendo enloquecer a los viajeros que cayeran en sus manos. Debo leer más ciencia ficción.
El amor en tiempos del escarabajo

El amor en tiempos del escarabajo

17 marzo 2017

citaura marzo
—Aburrido —dijo Ian, en un suspiro, y pasó al siguiente canal con un movimiento de su mano frente a la pantalla—. Aburrido, aburrido, aburrido. A-bu-rriiii…

—¿Qué haces ahí, echado como gusano? —preguntó Gia, desde el pasillo.

Él la miró, desde el sillón frente a la pared, y su mano quedó suspendida en el aire. Por un momento, dejó que la proyección de la última temporada de «Los guardianes ultra secretos de la rebeldía del hambre oscuro» siguiera su curso. Un grupo de muchachas, todas con prendas diminutas, luchaba contra jóvenes sudorosos sin camiseta.

—La vida no tiene sentido —respondió, mientras la toma de los pechos de una de las protagonistas se hacía más grande—. He decidido morir en esta habitación y renacer en algún momento más interesante para la humanidad.

Ella dejó la pila de ropa sucia en manos del robot doméstico y entró. Ian había vuelto a cambiar el canal, para poner el discurso diario de uno de los líderes continentales. Los gestos exagerados del hombre naranja eran aplaudidos por una multitud pálida y de ojos opacos.

—¿Cómo cuál? Nuestros antepasados darían cualquier cosa por tener nuestro estilo de vida. Algunos pueblos, en este mismo momento, nos arrancarían la piel y se la pondrían de vestido si eso les garantizara sentarse en este sillón mugriento.

—¿Mugriento? No decías eso anoche, Gia.

—¿Cuándo? Sigue soñando. Tanto WallTube te está atrofiando el cerebro.

«¡Eso desean los que viven en estos tiempos!» exclamó la boca gigante, desde la imagen junto a ellos.

Ian se acomodó mejor en su asiento, para concentrarse en su compañera de piso.

—Lo que ocurre en las fantasías ya está contemplado en la realidad de medio planeta, cariño. No faltará mucho para que llegue a nosotros.

Ella pareció meditarlo unos segundos.

«…pero no nos toca a nosotros decidir qué tiempo vivir» continuaba el hombre naranja, de fondo, mientras su público se levantaba y repetía el lema del partido como un mantra.

—Entonces iré a la cárcel por mis pesadillas —concluyó la chica—. Tendrás que buscarte a alguien más con RH negativo para compartir el alquiler.

Los apartamentos por depósito en banco de sangre eran la mejor opción para obreros como ellos. Lo que seguía eran los ghettos en los antiguos vecindarios, cubiertos por las nubes fabriles del siglo anterior. Y nadie quería terminar allí.

Ian consideró la idea y se puso muy serio antes de contestarle.

—Claro que no, me avisas para que cometamos el crimen juntos y nos condenen a alguna isla contaminada del sur.

—Ya lo tienes todo pensado.

—Por supuesto.

«¡Solo podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado!» coreaban los zombies en la pantalla. A esas alturas ya marchaban con sus carteles hasta las plazas.

Gia se rindió a la carcajada, por fin.

—No tienes arreglo —admitió, enternecida—. Pero el mundo se termina en cualquier momento. Así que, si vas por una cerveza rápido, a lo mejor ni nos hace falta el sacrificio.

Un guiño y él pegó un salto en el sillón. La pared volvió a ser blanca y los cánticos del pueblo desaparecieron para volver a ser ellos dos.

—¿De verdad? No bromees con sexo, por favor.

—Nunca bromeo.

El joven tomó el abrigo, las riendas y salió corriendo hasta la puerta.

—¡Ahora vuelvo! —avisó, entusiasmado—. ¡Pon el reloj y ve encendiendo los excitadores!

—¡Como si los necesitaras, pervertido! —contestó la chica, entre risas.

Llegó al subterráneo del edificio y pasó su dedo índice por el identificador de la entrada. Las hojas metálicas dieron paso a una hilera de escarabajos enormes, cada uno con su alimento y su espacio delimitado por líneas rojas. Ian accionó el botón instalado en la palma de su mano y seleccionó el encendido del vehículo. Uno de los insectos avanzó y levantó sus alas, vibrando de verde tornasol. Ian lo saludó con una palmada amistosa, ajustó el asiento detrás de la cabeza achatada, tomó las riendas y ambos volaron por la abertura lateral del portón. En pocos minutos estarían de vuelta.

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¡Feliz cumpleaños a mí! Me autorregalo, entre otras cosas, un relato sin sentido lleno de referencias a cosas que me agradan/desagradan mucho.

Escrito para la iniciativa Citaura de Inkties y Letras en el aire, con la frase del mes: «Eso desean los que viven en estos tiempos pero no nos toca a nosotros decidir qué tiempo vivir, solo podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado» de J.R.R.Tolkien.

El límite eran 30 líneas y me quedaron 53, me pasé. Para la próxima prometo que sale algo más corto.
Príncipe o rana 2017

Príncipe o rana 2017

07 febrero 2017

principerana¡Buena noche de martes! Vengo con mi recomendación de lectura romántica para la iniciativa Príncipe o rana de No solo leo en su blog. El año pasado también participé y este año me sirvió para quitarme la pereza con mis lecturas pendientes. He vuelto a mi amado kindle, que había quedado olvidado entre las actualizaciones de los retos, las vacaciones de verano y el final de mi historia Tres estrellas en fanfiction.net.

Les tengo dos, una llena de príncipes y la otra repleta de ranas que los harán reír:

winter
Winter - Marissa Meyer 

La cuarta parte de las Crónicas lunares, la versión futurista de cuentos de hadas como Cenicienta, Caperucita roja, Rapunzel y Blancanieves. Como es la resolución del conflicto contra la dictadora Reina Levana, todas las tramas se encuentran y las cosas que habían quedado pendientes de libros anteriores deben resolverse. Por momentos es mucho drama para mi gusto, pero los momentos entre Thorne y Cress valen la pena. Kai y Cinder también. En fin, voy a darme un descanso de las sagas por un tiempo.


colgandodeunhiloColgando de un hilo - Dorothy Parker
Los mini relatos que esta autora escribió hace casi un siglo tienen demasiada actualidad. Cada historia se concentra en algún aspecto distinto del lado oscuro de las mujeres en su relación con los hombres. Ansiedad, egoísmo, celos, dependencia, entre otros, pero tratados con mucho humor y autocrítica. Recomiendo "Hombres con los que no me he casado" o "Una llamada telefónica". Incluso hay uno que se llama "El banquete de sapos". Es perfecto para esta recomendación.

¿Y ustedes? ¿Se han puesto alguna lectura de romance para este San Valentín? Pueden recomendarme algún buen título también.
Un día más (Cinco líneas: Febrero)

Un día más (Cinco líneas: Febrero)

04 febrero 2017

un dia mas«Buenas noches, se ha comunicado al servicio de información de la ciudad. ¿Cuál es el motivo de su consulta?». Del otro lado, alguien se ahogó en sollozos. «¿Cómo pudiste abandonarme y seguir viviendo como si nada, Ofelia? ¡Hoy moriré por ti!». Ella no entendió. Él exigió que respondiese. «Es el día de descanso de Ofelia, señor Gómez», aclaró la operadora. «Entiendo», se disculpó él. «Volveré a llamar mañana, entonces».

Las palabras de este mes: Consulta, como, nada.

Microrrelato para el reto de cinco líneas de Adella Brac 2017.

Bienvenido 2017 (ideas que quieren volverse proyectos serios)

Bienvenido 2017 (ideas que quieren volverse proyectos serios)

02 enero 2017

desafio lecturaAterrizamos por fin en el tan ansiado año nuevo. La costumbre de ponernos metas a cumplir ya es un clásico. Depende de cada uno si es algo al alcance de la mano o absolutamente delirante. Mientras veo por cuál de estos dos extremos me decido, les dejo mis metas de lectura y escritura para este nuevo período:


25 libros en Goodreads. Pero buenos libros.
El año pasado me propuse leer cincuenta. Y llegué a cincuenta y dos, un promedio de un libro por semana. Lo bueno fue que no imaginé que podía lograrlo y me sorprendí. Lo malo fue que, cuando veía que me atrasaba mucho en el conteo que va dando Goodreads, tomaba cualquier libro cortito y simple para poder ponerme al día. El resultado: un montón de títulos que no sumaron demasiado en mi biblioteca (virtual, a estas alturas mi kindle es mi arma).
Así que, este año, quiero leer buenas historias de fantasía (terminar con mi amado Geralt de Rivia y el Mundodisco de Pratchett). Además, adentrarme en el género policial y el de ciencia ficción que tengo pendientes. Mi versión de bolsillo de la Trilogía Fundación de Asimov todavía me espera. Y en el género del terror, leer las obras completas de E. A. Poe y volver a animarme con Lovecraft. Que Cthulhu me llama y yo quiero ir con él.

Terminar mis historias empezadas y los 52 retos de El libro del escritor
En el 2016 me ejercité mucho con los mini relatos de las Cinco líneas de Adella Brac, o los disparadores creativos del Reto Tahisiano. En cambio, dejé afuera las Variaciones de Primera naturaleza y no pude estar al día con el Reto con canciones de Mia Lozano. Estos dos últimos siguen pendientes en mi lista, voy a terminarlos. Además, voy a intentarlo de nuevo con los 52 retos de El libro del escritor. Y apenas pueda, voy a retomar la corrección de Refulgens, mi novelita de fantasía.

¿Y ustedes? ¿Se han propuesto metas de lectura y escritura para este año? Les deseo suerte y que la mayor parte de esas ideas se conviertan en metas sólidas.
Objetivo (Te reto con canciones #2)

Objetivo (Te reto con canciones #2)

29 diciembre 2016

objetivoA veces la observo, sin que se dé cuenta, y me quedo asombrado. Todo lo que hace por mí parece demasiado, pero nada es suficiente para ella. Sé que mi cara es lo primero que espera ver a la mañana y lo último en lo que piensa antes de dormir. La he visto ir por mí a lugares que creí solo míos, relacionarse con gente que no debería, esperarme por noches enteras con la única compañía de un termo de café y un atado de cigarrillos. Me ha confundido con algún pobre infeliz, en más de una ocasión, y me he sentido celoso. ¿No dijo alguna vez que podía contar hasta el último lunar de mi cuerpo con los ojos cerrados? Una afirmación un poco extrema, diría yo. Igual, no me arriesgo a ponerla a prueba. Podría acertar.

No la merezco. Podría tener objetivos mucho mejores. Por momentos, me da pena.

Luego la veo en televisión, subiendo la recompensa por mi captura. Recuerdo que estoy escondido por su culpa en un motel lleno de cucarachas. Entonces, la admiración y la lástima se esfuman y vuelvo a odiarla.


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Microcuento para la iniciativa de Mia Lozano: Te reto con canciones.
La canción es Don´t Deserve You, de Plumb.


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