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El frasco de historias

Cuentos recetados y de venta libre también

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Restó venusino en París, comentarios de un crítico Plutoniano

Restó venusino en París, comentarios de un crítico Plutoniano

11 enero 2021

La entrada estuvo deliciosa. Aunque la mayoría de las veces no me atrevo a imaginar cuáles son los ingredientes que usan los cocineros venusinos en sus platos, esta vez ellos fueron muy clásicos en su elección. Siento pena por el último humano que habitó libremente esta tierra, pero el sabor de su carne es un gusto de lo más tentador. Igual, no debería apenarme. En las granjas de humanos suelen tenerlos muy bien, con sus teléfonos móviles y todo.

***

Las palabras para el reto de enero: Entrada, ellos, veces.

Microcuento escrito para el Reto Cinco Líneas de Adella Brac de enero. Si desean participar, pueden acceder por el enlace.

Novedad relacionada: ¡Recibí este mes la medalla de Bronce de la propia Adella! Esto me pone muy feliz, ya que en años anteriores no fui tan constante como hubiese querido y el estar presente todos los meses es algo que me propuse nuevamente desde mediados del 2020. Se las muestro por acá y pronto se me va a ocurrir una forma interesante de mostrarla mejor en el blog:



Mi año en libros

Mi año en libros

06 enero 2021

¡Feliz comienzo de año y feliz Noche de Reyes! Aunque hace muuucho tiempo que esos tres no vienen a dejarme nada, yo sigo dando el saludo. Por mi parte, he empezado el 2021 escribiendo desde cero la plantilla de este blog (pensé que sería algo más simple, considerando que me he pasado estudiando estas cosas del desarrollo web hasta que el código me ha salido por las orejas, con Blogger y su bendita forma de hacer las cosas me han salido canas). La cuestión es que ya está lista y funcionando (tengo que hacer algunas mejoras, pero eso después, que ya quiero volver a escribir y a leer a otros blogs). 

Hablando de leer, Goodreads me ha dado su resumen de lo que fue mi actividad lectora este año que ha terminado y, como siempre, no puedo resistirme a utilizar esto para el primer blogueo de enero. Con ustedes: mi 2020 en libros.


17 libros leídos

Fueron 17 libros en total, aunque uno fue un audiolibro

El libro más corto fue también el más horr... el que menos me gustó y el más largo es trampa es un manwha (que aún sigo leyendo en entregas semanales en una app llamada Webtoon).

La cantidad de páginas en promedio de los libros que leí en el año. Dato para rellenar, si prefieren.


El libro más leído de los que estuvieron en mi biblioteca el 2020, La metamorfosis, de Kafka (muy merecido) y el menos leído es el audiolibro de Spotify: Caso 63. Considerando que yo misma lo añadí a Goodreads para poder darle mi puntaje y al día de hoy 6 personas en total lo han agregado a sus listas, está muy bien. Lo recomiendo muchísimo también.


El promedio de los puntajes que puse en el año. En general, no estuvieron nada mal, excepto el primero que leí, Sushi para dos.


El libro con más puntuación general (yo le di 5 estrellas). Te amo Pratchett, te voy a amar por siempre. Dioses menores se burla del fanatismo religioso y de cómo a veces despreciamos la ciencia, politizando y haciendo que ciertos hechos sean cosa de vida o muerte, cuando los hechos sólo son hechos y a veces no queda otra más que asumirlos.


Mi primer libro leído del año. Rhapsodic, de Laura Thalassa. Al final, se cerraba perfectamente la trama en un solo libro. No me gustó lo que vi de la secuela, lo empecé pero no pude llegar ni a la mitad. Prefiero pensar en la historia de este primer libro como algo autoconclusivo. No todas tienen que ser sagas, no hay que arruinar las historias alargándolas más de lo necesario.



Mi última lectura del año. Tony Takitani, de Haruki Murakami. Es lo primero que leí de este autor y, la verdad, me dejó un poco fría. No, miento, el final sí me conmovió. Asumo que la intención del autor fue escribir una historia densa y llena de soledad, creo que lo logró y mis felicitaciones por eso.


Esto fue todo con el resumen de mi año 2020 en libros. Ahora cuéntenme, ¿ustedes conocen alguno de los libros que he mostrado? ¿Los leerían? Siempre estoy abierta a recomendaciones, así que son libres de dejarlas en comentarios.
¡Feliz Año Nuevo!

¡Feliz Año Nuevo!

31 diciembre 2020

 

Brindemos por un 2021 lleno de cosas buenas por contar

Invaluable

Invaluable

27 diciembre 2020

De nuevo había ocurrido.
Otra vez, un viaje astral con una clienta había salido mal. Aun cuando Chamán había utilizado una dosis mucho menor en la sustancia para el brebaje. Las malditas viejas podían resistir cualquier cosa, pagaban lo que fuese, bebían y comían lo que él les dijera, con tal de ver algo que les diese tema de conversación con otras viejas de mierda. Él no era un fraude, solo vendía experiencias. Lo mejor que podían hacer las imbéciles era no morirse en medio de una sesión.

A la primera, la había tirado en su propio auto, sobre la carretera que pasaba cerca de su barrio. Eran casi las tres de la mañana, nunca le había pasado nada semejante. Todavía tenía pesadillas en las que cargaba con el cuerpo flácido y pesado de aquella mujer. Nadie había tomado aquella muerte como algo fuera de lo normal. ¿Quién preguntaría por el paro cardíaco de una anciana que se la pasaba entre el casino y las carreras de caballos?

Apenas se le iba quitando el susto y esto volvía a suceder.

El proveedor de siempre había caído y a Chamán le estaba costando encontrar uno que le trajese otra sustancia con el mismo nivel de pureza. La que se había quedado dura esta vez era una muchacha más joven, que por suerte también había llegado en su propio transporte. Sin embargo, una motocicleta ya sería más difícil de abandonar como si nada. Tenía que parecer que la chica se había accidentado.

«Debo ser un genio» se dijo, con amargura, mientras arrastraba el cuerpo de la chica hasta el garaje donde ella había dejado el vehículo y el casco. «Apenas encuentre a aquel idiota, me va a escuchar».

La sesión había terminado más tarde de lo común y ya habían pasado de las tres y media de la madrugada. No había nadie en el vecindario. Pero tampoco podía confiarse de que no hubiese nadie volviendo de alguna fiesta, ya eran las primeras horas del sábado y mucha gente empezaba a salir desde los jueves.

Los relámpagos al sur, en medio del calor insoportable, daban una idea de la tensión que él también estaba sufriendo por dentro.

De alguna forma, se las había arreglado para acomodar el cuerpo, con el casco en el codo tal como lo había traído, sobre el camino junto al río que pasaba al sur de su barrio. Cubrió la mano del cadáver y aceleró la moto, de forma que al soltarla hizo un leve zigzagueo y fue a dar al barranco y luego al fondo del agua directamente. La muchacha había quedado sobre el lodo de la orilla, en pésima posición, pero de inmediato la gravedad hizo lo suyo y el río se quedó con todo.

En ese instante, el cielo estalló y gruesas gotas empezaron a cubrir la desesperación, el sudor, la nube de tierra que se había levantado.

Chamán contuvo las ganas de gritar y solo respiró hondo, empapándose, hasta que pudo calmarse. Las manos y las piernas le temblaban, por el esfuerzo de haber arrastrado la moto y el cuerpo hasta ahí y por el terror de que detrás de las ventanas oscuras de los vecinos algún par de ojos lo estuviese viendo.

Diluviaba. No se veía más allá de un par de metros, por la densidad de la lluvia. Las calles de tierra del vecindario estaban intransitables. Pero Chamán no quería regresar a casa. Estaba eufórico. Él sí podía con todo. Solo debía querer hacer las cosas y los problemas se solucionaban solos. La vida no era tan difícil.

Deambuló por la zona, riendo por momentos, aterrado al borde de la paranoia por otros. Siempre bajo la lluvia. Caminó hasta la ruta y se compró un pack de cervezas y cigarrillos en la estación de servicio. Comenzaba a amanecer, cuando volvió caminando despacio, echando el humo en aros pequeños, medianos, más grandes.

Se detuvo a buscar las llaves y se fijó en que las huellas de la motocicleta no hubiesen quedado tan marcadas en su ingreso a la casa. La lluvia era su aliada aquella noche.

Entonces, al acercarse a la puerta, encontró un papel blanco, doblado, con la única punta que sobresalía empapada.

Lo quitó, asombrado de que los repartidores de publicidad estuviesen dando vueltas desde tan temprano. Tuvo que abrirlo, al notar que solo era una hoja blanca, de las de cuaderno, con renglones azules y algún garabato en tinta negra por dentro.

Y el garabato decía solo una cosa: «El valor del silencio de un buen amigo es difícil de medir. Por suerte, el mío tiene unos cuantos ceros detrás del uno. ¿Cuándo nos vemos, así hablamos?».
¡Feliz navidad!

¡Feliz navidad!

24 diciembre 2020

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