search
menu
Especial Refulgens: Musical

Especial Refulgens: Musical

31 julio 2016

segundo especial¡Y regresan al blog los especiales de Refulgens! Esta sección es mi preferida, creo que solamente
yo la espero con ansias y la disfruto, pero algún día habrá algún interesado. No pierdo las esperanzas. Mientras tanto, paso a mostrar el material de esta entrega: bandas de sonido, listas de reproducciones y videos de películas de Bollywood que me dieron la idea de la danza de Aruni, la salamandra. Si hacen clic en los nombres de las canciones, podrán oírlas en youtube.

BSO Sarwan
Psychedelic Soul - Scott Matthew y Yoko Kanno
La letra tiene mucho del personaje, aunque no haya visto la serie de la cual es banda de sonido, le tomé el sentido y lo ajusté a mi hechicero. Es él y lo que siente al pensar en Deval y todo lo que dejó atrás en el desierto de Kydara.

BSO Nirali
In your eyes - BANKS
La original, de Peter Gabriel, es la mejor declaración de amor a mi parecer. Esta versión, en voz femenina y con música más dramática, es la que usé de fondo para escribir la última carta que ella escribe a Sarwan.

BSO Deval
Objects in the Mirror - Mac Miller
Este cantante me transmite una imagen de rudeza y a la vez cierta ternura. Creo que algo de eso me imagino para Deval. La canción tiene una letra que encaja muy bien con él y la forma en que él cree que afecta a Nirali lo que viven en la historia.

BSO Aruni
Main Vari Vari - Kavita Krishnamurti
Es la primera que trajo a mi mente al personaje de Aruni bailando frente a Sarwan. Fue la idea inicial a lo que sería después la historia central. Además, la danza correspondiente en la película Mangal Pandey es preciosa. Se las dejo en el video del enlace.

¡Danza!
Y, hablando de Aruni y sus danzas, les presento los videos que me ayudaron a escribir las escenas del palacio dorado. Se trata de dos películas diferentes.
Una es Devdas, con Mahduri Dixit. La otra es Goliyon Ki Rasleela Ram leela, con Deepika Padukone. También he mirado algunas cosas de Bunty Aur Babli, con Aishwarya Rai y de Kareena Kapoor en Agent Vinod, pero las principales son las dos primeras.




Para escucharte mejor
Finalmente, la lista de reproducción en spotify de esta historia. Cada tanto, voy añadiendo más canciones y quitando las que son meramente instrumentales para pasarlas a otra lista aparte. Si hacen clic en la imagen, podrán verlo en la versión web de spotify. Si buscan en la aplicación con el nombre Refulgens, también van a encontrar la lista, ya que es pública.

refulgensplaylist

Eso sería todo por ahora. Las próximas entregas van a ser fichas de cada personaje y curiosidades de cada uno. Porque fangirlear también es un derecho.
En caso de que tengan algún pedido para otros especiales, ya sean de esta historia o de alguna otra, pueden dejarlo en comentarios.
Y si no han leído todavía Refulgens, pueden hacerlo a través de este link.
Refulgens: Diez - Honor

Refulgens: Diez - Honor

<<<Capítulo anterior
Nirali abrió los ojos con desgano, sacudida por la ansiedad en los brazos de Deval y los gritos de Sarwan. Desde el comienzo de aquel viaje, no dejaba de sentir por las mañanas la rigidez de sus músculos y el dolor de partes de su cuerpo que solía olvidar que existían, por lo que le costó alarmarse en la misma medida que sus compañeros.

—¿Qué te ocurre, idiota? —reaccionó, apenas recuperó la conciencia—. ¡Vas a lastimarme si sigues así!

Se irguió y se soltó del agarre del hechicero extranjero, como si hubiera sido presa de un ataque de mal humor mañanero.

—Ah… Estás bien, flacucha —murmuró él, mientras se ponía de pie y desviaba su mirada hacia el resto del depósito abandonado—. Pensé que habías pasado al otro lado de verdad.

Ella se llevó una mano a la cabeza, confundida frente a los ojos azules que la miraban con mal disimulada preocupación. Más allá, su maestro había caído exhausto luego de descargar toda su frustración sobre los montículos de ropa y libros que habían aparecido junto a ellos.

No estaban al aire libre. El sol iluminaba débilmente desde las ventanas destruidas, el celeste intenso del cielo se colaba entre la suciedad y las telarañas de las aberturas. A la muchacha le costó reconocer el lugar, el suelo áspero, el techo en malas condiciones, sin embargo sabía que habían pasado por allí hacía poco. Entonces vio el biombo improvisado junto a la pared mohosa, y comprendió. Habían vuelto al mismo sitio donde habían pasado la noche, antes de salir hacia Refulgens.

Refulgens…

«…en latín significa resplandor. No es una trampa, es un refugio para los sobrenaturales perseguidos por nosotros.»

«Dime, ¿qué se siente ser atrapado y humillado? ¿Has tenido tiempo de pensar en tus incontables víctimas?»

En un principio fue lento. Tenso. Como si algo de gran magnitud intentara pasar a través del ojo de una aguja. Los datos se escurrieron de a poco, fueron apareciendo en un orden caprichoso, chapucero. Luego, la barrera que los dioses colocaban entre el sueño y la vigilia terminó de derrumbarse, con lo que la marea la inundó. Volvieron a su memoria los recuerdos de la extraña ciudad refugio de los sobrenaturales, gobernada por una salamandra no menos excéntrica. Las calles y sus edificios dorados repletos de gente feliz. La bailarina deslizándose, llevándose la atención de Sarwan. La prisión dorada. La revelación sin preámbulos sobre la historia del mago maldito y sus rituales sangrientos. El final abrasador.

«¡No! ¡Otra vez la nada no!»

¿Qué había querido decir con eso su maestro? ¿Tendría algo que ver el hecho de que habían vuelto al punto de partida? La única razón de que no pensara que todo había sido su imaginación era la presencia del ex compañero de su mentor en esa pocilga. Y la mancha en su palma izquierda, como recordatorio de su unión con la pequeña salamandra que había cuidado en la lámpara. Eso era lo increíble. Lo maravilloso era que todavía estaban con vida. Y lo aterrador era el estado de desesperación en el que parecía atrapado Sarwan.

Sí, tal vez habrían perdido lo que hubieran conseguido desde la mañana en que salieron desde allí pero, ¿cuál era el problema? Podían volver a intentarlo. ¿Cómo podía preferir la muerte —su muerte y la de ella también— a comenzar de cero?

Entonces la voz burlona y suave de aquella bailarina vino a su mente, como la última pieza del rompecabezas.

«Y si llegan a poner un solo dedo sobre cualquier sobrenatural, iré por ustedes.»

Bueno, a lo mejor sí había un problema.

Se levantó y comenzó a juntar sus cosas. La mayor parte, desperdigada por el suelo y maltratada por la furia del hechicero. Por lo pronto, decidió ignorar el acercamiento aparatoso del extranjero y se concentró en su indignación hacia el que debía estar guiándola con más lógica.

—¡Hey, Sarwan! —gritó y contuvo sus ganas de patearlo para que se moviera—. ¡Levántate de ahí! ¡Deja de autocompadecerte y ayúdame a limpiar el desastre que has causado aquí!

Su mentor se veía derrotado, más allá de toda salvación. Era como si hubiera pasado por eso mil veces y estuviera agotado.

—¿Para qué? Ya no tenemos nada —contestó, tan abatido que hizo que la chica se mordiera los labios para no llorar—. ¡Moriremos de hambre, si no es que nos asesina esa loca!

Acto seguido, fue el turno de Deval. Y él no tuvo problemas en patearlo, aunque no usara ni la milésima parte de la fuerza que sí le había aplicado en la pelea sobre el camino.

—Has entrado en pánico, ¿eh? —lo provocó, burlón—. Déjame adivinar qué es lo que sigue. Vas a salir huyendo. La dejarás atrás a ella y te irás lejos a hacerte la víctima.

Sarwan se incorporó y pasó de la tristeza a la ira con rapidez.

—¡Tú no vengas a juzgarme! —estalló el hechicero—. ¡Ya te has enterado de lo que realmente ocurrió, así que no molestes!

Nirali se limpió los ojos con una de sus mangas y, de pronto, se dio cuenta de algo. De inmediato, revolvió entre sus cosas, sin estar muy segura de lo que hacía, pero encontró la respuesta.

«Era cierto. Aquí está. Hemos vuelto a cero».

El asombro la dejó paralizada por un momento, con las voces de los dos que discutían de fondo. Entonces, el sol de la ventana le recordó que aún podía estar a tiempo. Con rapidez, formó un atado pequeño con algunos objetos.

—Bien, sigan peleando como el par de novios amorosos que son —dijo, molesta, mientras iba a la puerta—. Yo ya vuelvo.

Notó que ambos dejaban la pelea suspendida para después.

—¿Adónde vas? —se alarmó Sarwan.

Ella sonrió, él todavía podía mostrar algo de interés en su bienestar. Algo era algo. Y sacó, de entre sus ropas, lo que había hallado: era la carta para sus padres que su maestro había entregado en persona el día anterior. Con solo ver el papel doblado, él lo entendió y empalideció. Deval la miró, desconcertado, aunque no pidió explicaciones.

—Si es cierto que hemos vuelto al lugar de partida, también puede ser que se haya borrado todo lo que vivimos —explicó ella, desde la entrada—. Debíamos recibir un mensajero de mi familia con dinero esa mañana. Voy a ver si anda por aquí, a lo mejor no estamos tan perdidos.

El hechicero más joven se adelantó, con la desconfianza patente en su rostro.

—Te acompaño.

—No, quédate con él —pidió ella—. A ver si no pierde el control y acaba con lo poco que nos queda.


◊ ‡ ◊


Llegó a la plaza central del pueblo con la carta que había escrito la noche anterior para sus padres, apretada contra su cinturón. Era la «noche anterior» a que todo comenzara, por supuesto, no la noche que realmente había vivido encerrada en el palacio dorado de Aruni. Las cosas que había dicho en esa carta ya no tenían el mismo sentido. Además, llevaba el atado al hombro, con una idea que se había ido convirtiendo en decisión con cada paso que había dado fuera del establo en el que había dejado a los dos hechiceros.

«Por favor, que no se haya marchado. Por favor…»

El sol ya estaba alto en el cielo cuando Nirali llegó a la plaza central. El sirviente de su familia, un excelente criador de caballos llamado Lamms, no se veía por ninguna parte. Se suponía que la cita era al alba, pero tenía la esperanza de contar todavía con la lealtad de aquel hombre que había cruzado todo el sudeste del país para mantener a su familia al día sobre su situación.

«No puede haberse marchado así nomás. Si es verdad que el tiempo ha retrocedido para nosotros, él debería estar por aquí» se lamentó ella, luego de dar vueltas por la plaza sin resultados.

Entonces amplió el rango de búsqueda y se encaminó a las calles laterales.

La mezcla de aromas que la invadió al recorrer los diversos puestos de la Calle de los Comerciantes le devolvió la vida que pensó que perdería en manos de la salamandra. Hubiera querido detenerse en alguno, por un guiso o alguna pieza de carne de orígenes dudosos, pero no tenía con qué pagar.

Siguió caminando e ignoró los rugidos de su estómago, que no olvidaba que lo último que lo había llenado había sido la cena de Refulgens. Vagó sin rumbo por un buen rato, hasta que decidió ir a la taberna principal del pueblo, a probar suerte por un plato de comida. Tendría que rogar. Lo estaba anticipando. Pero ya no pensaba en el honor de sus acciones como antes.

«Honor. ¿Qué es el honor, al fin y al cabo?»

No había nada de honorable en ser una muchacha que recorría los caminos de Daranis, a solas, con un hombre que no era su esposo. Aunque sí hubiese sido bien visto aceptar el destino que la unía a un anciano corrupto en su pueblo. Por suerte, el cambio de ambientes le había dado la oportunidad de conocer todo tipo de gente. Ahora sabía que debía solucionar un par de cosas, antes de seguir su viaje. Había llegado a una nueva comprensión del honor que debía a los Sidhu. Se colocó la capucha negra, con la esperanza de volver a ser confundida con un muchacho enclenque por el tabernero que los había echado de allí en la última noche de mala suerte con las cartas de su maestro.

«Solo espero que el hombre no siga enojado con Sarwan.»

Ingresó, probando con un perfil bajo, y cuando estaba por ofrecerse para lavar platos a cambio de una ración de comida suficiente para ella y los dos que habían quedado en el establo, alguien la detuvo.

—¿Señorita Nirali? —la llamó, en un susurro, alguien a su espalda.

—¿Lamms?

Había encontrado a su sirviente, justo en la barra del lugar. Lamms, de cabello entrecano y grandes ojos marrones bajo dos cejas pobladas, se había mostrado feliz de verla. Le habló de las novedades del pueblo en un sinfín de chismes, mientras ella devoraba un plato de estofado que consiguió que le invitara.

—Ahora las mercancías se venden mucho mejor que antes, señorita. Hay buena demanda de los productos de la familia y el dinero es lo único que aquellos malditos del Consejo respetan, por lo que tenemos la esperanza de lograr que la dejen regresar sin tener que cumplir con el compromiso.

—Me alegro —mintió ella, mientras dejaba a un lado el plato vacío y sacaba del atado que había llevado un papel, tintero y pluma—. Si me esperas un momento, tengo que añadir otra carta a la que acabo de darte.

El hombre accedió y continuó hablando sin parar, mientras ella garabateaba con velocidad algunas palabras de trazo nervioso. Para cuando la tinta secó, el sirviente notó que algo no estaba del todo bien con ella.

Salieron y se detuvieron junto a una arboleda, donde no había gran posibilidad de ser vistos, para hacer el intercambio.

—Señorita, recuerde que aún puede venir conmigo. Llevo mucho tiempo en los caminos, podría acompañarme en la carreta y yo diría que usted es mi sobrino. Le juro que haría todo para que nadie sospeche de usted. Si viajar con aquel hechicero es demasiado, dígamelo y…

—Te lo agradezco, Lamms, pero no será necesario —se negó ella—. Esta será la última carta, no quiero que sigas arriesgándote ni que mi familia continúe perdiendo tanto dinero por mi culpa.

Aquello provocó un visible desconcierto en el anciano, que tartamudeó, confundido.

—Pe… pero…

—Desde ahora, me haré cargo de mi nuevo destino y prometo volver al pueblo apenas esté lista para echar al Consejo a patadas de allí —prometió Nirali, aprovechando la oportunidad para hablar—. Por el honor de los Sidhu. Voy a tomar esa responsabilidad sola.

—¡No diga esas cosas, señorita! —exclamó el sirviente, horrorizado—. ¡El plan era hacer esto entre todos!

Tuvieron que bajar la voz, debido a que un grupo de mujeres pasó por el camino murmurando algo sobre un par de desconocidos que hacía destrozos en un establo de las afueras del pueblo.

—Lo sé —siseó, frustrada, apenas pasó el peligro de ser descubierta—. Ahora ustedes harán su parte cortando todo lazo conmigo. No seguirán arriesgándose a que los tome de rehenes.

—Me niego, en nombre de su familia. ¡Sus padres y su hermana Madhu no van a perdonarme si la dejo sola a mitad de camino!

«Madhu. Ella va a entenderlo. Lo sé.»

Kirpal y Aditya Sidhu eran una pareja de comerciantes de mucho prestigio en toda la región oeste del país. Sus tres hijas mayores ya habían tomado sus caminos, dos de ellas como esposas de otros comerciantes y la tercera, Madhu, como sacerdotisa del templo de Suhri. Nirali era la más pequeña, y planeaba seguir el mismo destino de esta última, cuando uno de los ancianos del Consejo la reclamó como suya. La aparición de Sarwan, en medio de la resistencia de los Sidhu y la violenta insistencia del pretendiente, dieron paso a un plan arriesgado. Y allí estaban, intercambiando dinero por noticias, esperanza por mensajes garabateados en papel.

Ella vio que Lamms arrugaba el ceño, frente a su silencio, y con rapidez dio rienda suelta a una nueva mentira.

Nirali evitó dar explicaciones al anciano, pero había comenzado a temer que las consecuencias de sus actos contra los elementales llegasen a su familia. El recuerdo de aquella salamandra y el poder destructivo que podía cernirse sobre Suhri no le dejaban otra opción.

—Las cosas han resultado así. Por favor, ayúdame con esto. No volveré a informarte de mi ubicación hasta que no esté segura de poder regresar definitivamente —mintió.

No tenía intenciones de volver a comunicarse con él, a menos que algún milagro ocurriese.

—¿Por qué actúa así, de repente? —preguntó él, con desconfianza—. ¿Ha encontrado una posibilidad de vencerlos, no es cierto?

—Algo por el estilo —murmuró ella, rascándose la marca en su mano izquierda.

—¡Eso son buenas noticias, señorita! ¡Debió empezar por ahí! Si es así, voy a colaborar manteniéndome alejado por ahora. Pero prométame que me informará apenas tenga un nuevo avance.

—Lo prometo.

«Lo siento mucho, Lamms. No creo que ese día llegue pronto. Ni siquiera estoy segura de que llegue alguna vez.»

—Y no se preocupe por la información que pueda llegar al Consejo —continuó el hombre, entusiasmado—. No abriré mi boca ante esos malditos, lo juro por mi sangre. Sé que sus padres y sus hermanas harán lo mismo.

—Esa es la idea, Lamms —lo regañó la chica—. Que nadie tenga que derramar tu sangre ni la de ellos. Hagan de cuenta que me han olvidado, como la hija caprichosa que huyó con un desconocido.

«Si es posible, olvídenme de verdad. Será lo más sensato en estas circunstancias.»

—No despertaremos sus sospechas —insistió él—. Voy a darle mi voto de confianza, pero le ruego que también confíe en todos nosotros.

Ella contuvo las ganas de darle un abrazo a aquel viejo amigo, que de niña la ayudaba a esconderse luego de una travesura o le traía las mejores muñecas de los cargamentos que iba a buscar a los puertos del sur de Daranis. Tal vez aquella sería su última conversación con él.

—Claro que confío en ti, Lamms —respondió, emocionada.

Poco después, el carro tirado por caballos del fiel servidor de la familia Sidhu abandonó Darshan. Nirali, con aquella imagen grabada en sus retinas, sintió que la furia y la desesperación la invadían, volviendo el paisaje de un color rojizo. Alarmada, parpadeó varias veces e intentó calmar los latidos desbocados en su pecho. Le había parecido ver, en la palma de su mano izquierda, que la marca que dejó la salamandra se volvía más oscura. Incrédula, la frotó con el índice derecho. Nada parecía haber cambiado.

«Necesito una buena noche de sueño después de todo lo que pasó» se dijo, desechando la idea absurda que había surgido en su mente segundos antes.

Escondió entre sus ropas la bolsa de monedas, la última que recibiría de los Sidhu, y regresó al establo donde su maestro y su nuevo compañero la aguardaban.

Tarta (12 retos - reto 3)

Tarta (12 retos - reto 3)

26 julio 2016

—Estamos llegando, señor —anuncia el operador cerebral, en la sala de controles.

—La puerta de ingreso ha sido cerrada —confirma su compañero, siguiendo los movimientos de rutina—. El bolso y las llaves han sido arrojados sobre los muebles más cercanos. Los abrigos han caído al piso en el intento de seguir el mismo camino.

Entonces, algo se sale de programa y se enciende una luz roja en los controles.

—Alerta, Nahuel acaba de recibirnos con una broma que no está libre de ironía.
—Analiza el contenido.

Con rapidez, se van activando una serie de filtros por los cuales pasan las palabras, para desembocar en un sistema de balanzas que pesan los porcentajes de cada idea, hasta llegar a una conclusión en el marcador, de color verde.

—Los abrigos ya están fuera del paso —explica el encargado del sector, mientras tanto—. Los resultados del análisis de la broma están listos. El nivel de acidez es amigable y estamos de acuerdo con el contenido oculto. Enviando risa en este momento.

Se oye de fondo el estruendo de una carcajada femenina.

—Se te ha pasado la mano, muchacho —opina su superior, al mando de la otra mitad del tablero—. Pero esto se está llevando las cargas de tensión. Falta liberarnos del hambre.

Se inicia, así, una complicada secuencia de pasos y comandos que dan, como resultado, la adecuación del cuerpo de la muchacha al hogar luego de un día laboral. Para no desconcentrarse, cada uno de los operadores cerebrales va enumerando sus tareas cumplidas. Cosa que podría provocar el efecto contrario en el compañero del lado, pero ambos son parte de la misma persona y, por lo tanto, comparten sus vicios y virtudes. Nunca sabremos si costumbres como ésta forman parte de un grupo o del otro.

—Evasión de brotes de queja por minucias, lista. Ducha rápida, lista. Apertura del canal de youtube de comida exótica, mientras se programa un cambio rápido de ropa, listo. Nahuel trae la tarta que ha cocinado en nuestra ausencia.
—Enviando cumplido por el aspecto del plato servido.
—Controlando las ganas de devorar la porción. Damos play al video de cocina japonesa y no olvidamos utilizar los cubiertos.

Por un instante, ambos operadores prestan atención a la imagen en el receptor visual. La invasión sensorial los alcanza y los hace estremecer de gusto.

—Es una tarta de acelga, señor —comenta uno de ellos—. El color verde intenso y el aroma no engañan. Aún está fresca, parece haber sido hervida hace muy poco con un caldo saborizante de verduras.
—Se deshace en la boca —confirma el otro—. Aunque aún está muy caliente. Enviando orden de cortar trozos más pequeños de ahora en más.
—Se detecta un aluvión de risas desde la pantalla de la pc. La broma del tipo con los chocolates picantes ha sido buena. Enviando carcajada.
—¡No, espera, aún estamos masticando!
—Tarde.

El sacudón que sigue, casi al minuto, indica que ha ocurrido un desbarajuste por el intento de llevar a cabo dos acciones a la vez. Comer y reír no parecen ser del todo compatibles.

—¡Envío orden de servir jugo para pasar el atasco en el tracto digestivo! —exclama el que siempre resuelve los problemas—. ¡Tos de emergencia, activada!
—Pero la tos siempre lo empeora todo, señor.

La luz que advierte sobre sensaciones dolorosas se enciende, a un costado, en un leve tono de azul.

—La comida del atasco está caliente aún —reflexiona el primero, sin dejar de teclear con rapidez—. Lagrimeo ocular activado.

Entonces, la luz se apaga y el alivio hace suspirar a ambos, en la cabina.

—Por fin, un torrente de jugo de naranja ha devuelto la normalidad —anuncia el segundo—. Siguiente bocado de tarta, en camino.
—¿Cómo se puede comer tan rápido?
—Usted es quien maneja la ansiedad con su sector de los controles, señor.
—Ah, es cierto. Bueno, da igual. La tarta ha sido buena. Enviando pedido de una nueva porción.
—Pero estamos a punto de entrar en esos pantalones del verano anterior.

El titubeo de ambos se traduce en la duda y la inmovilidad de la joven, que permanece sentada frente a la pantalla con el plato vacío y revuelve el jugo de su vaso.

—¿Sí? Podría ser —reflexiona el que toma la mayoría de las decisiones en el panel—. Pero el aroma desde el plato de Nahuel sigue llegándonos. Es buen cocinero y no todos los días puede hacernos el almuerzo.
—Además, acabo de ver un poco de morrón rojo entre el verde —añade su compañero.

Una chispa de decisión ilumina el panel entero.

—Al demonio el pantalón. Venga otro trozo.
—Y el video. Ya terminó.
—Enviando la orden de poner otro.

Con el entusiasmo, los comandos han sido tecleados sin prestar demasiada atención al entorno por medio del visor ocular. Cuando ven lo que empieza a reproducirse en la pantalla, ya no hay vuelta atrás.

—¡Pero ése es el del documental de gente que hace café con excremento de gato! —se horroriza el más infantil de los dos.
—¡Ha dado inicio! —se lamenta el más nervioso, buscando en el manual de instrucciones del tablero—. ¡Y ya nos ha servido la otra porción! ¿Cómo se detiene esa cosa?

En ese momento, como buen equipo, el más tranquilo hace a un lado su inocencia habitual para tomar las riendas.

—Da igual. Yo desactivo el sensor de asco. Echa mano de la reserva de morbo. Concentrémonos en el relleno de acelga. La masa de hojaldre es espectacular. Con el nivel justo de crocante.
—Buena idea. Listo —contesta el otro, mientras pasa a la siguiente tarea del día—. Voy haciendo los cálculos por si queda lugar para postre. En la heladera había una tableta de chocolate muy interesante.



+++

Relato escrito para el reto de El libro del escritor: Describe algo que has comido esta semana: los colores, texturas, sabores…

Lo sé, lo sé, esto está muy inspirado en Intensamente de Pixar (por no decir que es un descaro de mi parte, pero bueno, es un homenaje, bla bla).

Las descripciones en la escritura son mi talón de Aquiles. Como lectora y como escritora, las evito todo lo que puedo. En este caso, traté de pensar en una justificación para describir una tarta de acelga que cocinó mi novio cuando llegué de trabajar. Son riquísimas y siempre termino quemándome porque no espero a que se enfríen bien. Lo de ver videos de youtubers mientras almorzamos es una costumbre que se nos ha arraigado. Ya casi soy fan de tres o cuatro que hablan de comidas, cine o viajes.

No puedo creer que he vuelto a hacer una nota de autor. No vuelve a pasar.
Sí, claro.
Mini Reviews: Cortitos y románticos

Mini Reviews: Cortitos y románticos

24 julio 2016

mini reseñas¡Noche de sábado y yo publicando en el blog! Es que los festejos por el día del amigo ocuparon mi semana y ahora viene el momento del relax. Sí, pareciera al revés del resto del mundo, pero bueno. Vamos a lo importante, hoy regresan las mini reseñas. Vengo muy bien con el reto de Goodreads este año, aunque para ponerme al día deba reunir las historias por sagas o, como en este caso, por temáticas. Ha llegado el turno de aquellas novelas breves con un toque rosa que me han sacado una sonrisa. Recuerden que no pongo las sinopsis pero si tienen curiosidad, dejo los links de goodreads de cada una. Seguro que alguno de estos títulos les suena. Caso contrario, se los recomiendo:

corazonestrella
El corazón de una estrella - Noelia Amarillo (ficha en Goodreads)

Sirius es una estrella que ha perdido su fama de antaño con los seres humanos. Se ha cansado de observar cómo lo han convertido en objeto de una tradición cursi que no tiene nada que ver con él y se pone como objetivo ir a recuperar su imagen y su dignidad. Para eso, se convierte en un guapo pelirrojo (cuestiones de su composición como estrella que afectan al color de su cabello) y contrata a Deneb, una joven desempleada, para que lo ayude a vaticinar la siguiente catástrofe en la Tierra. La autora demuestra saber de lo que habla en cuanto a estrellas en general, y en cuanto a Sirius en particular. El relato me arrancó carcajadas, me emocionó con el final y me hizo sonreír con la historia real que está detrás de los nombres de ambos. Muy recomendada.
unbrazo
Un brazo - Yasunari Kawabata (ficha en Goodreads)

Sé que esto va a quedar algo raro en medio de las otras historias, que son mucho más fáciles de encasillar en el género rosa, pero puede que sea la más dulce de las cuatro. A su manera. Una muchacha deja a su amante su brazo, para que no pase la noche solo, y el brazo se convierte en el objeto del deseo y el amor del protagonista. Así, como leen. La narración está llena de ternura y de gestos que hacen que el lector quede boquiabierto. Lo irreal y lo dulce van de la mano en este relato y reconozco que el autor tuvo mucha habilidad al escribirlo.

patasalambrePatas de alambre - Isabel Keats (ficha en Goodreads)

Es un relato corto, pero creo que los personajes podrían sostener una versión más larga de esta historia. Alexander conoció a Nina cuando ambos eran niños. Ella llevaba ortodoncia, usaba lentes gruesos y era demasiado flaca, por lo que él la llamaba Patas de alambre-Dientes de lata-Cuatro ojos, pero de adulto se inspiró en ella para crear una serie de dibujos animados que lo llevó al éxito. Ella vuelve a entrar en su vida en un momento algo inoportuno para él, por lo que los roles se invierten. En sí, es una historia simple y sin ningún misterio, pero está muy bien contada y una se enamora de este Alex el Orco. Se lee muy rápido y al llegar al final uno quiere ver más.

detrasmascaraDetrás de la máscara - Adriana Rubens (ficha en Goodreads)
Esta novela no es tan corta como las anteriores, pero ha sido muy liviana y entretenida, así que la pondré en el mismo grupo. Ha sido una sorpresa muy agradable, empecé la lectura con desconfianza debido a la temática (una mujer regenteando un prostíbulo en el Londres de principios del siglo XIX), pero la autora se las arregló para darle credibilidad y hacerlo emocionante. Connor MacDunne fue mi favorito, pero Kathleen/Diana y Nicholas estuvieron a la altura de la historia. Me gustó mucho que el entorno no fuese una simple excusa para el encuentro de los protagonistas, sino que se tejiese una trama acorde, con villanos y problemáticas de tipo social. El final insinúa que habrá una segunda parte, con otros protagonistas, pero aún no he visto que saliera publicada. Voy a estar atenta a esta autora, promete mucho.

Eso es todo por ahora. Estoy pensando en revivir otras secciones del blog, como la de Talentos en la blogósfera, y tengo a un par de futuros entrevistados en la mira. Pero se reciben ideas para nuevas secciones o especiales. Y feliz día del amigo atrasado a todos los que pasan por acá (los habituales, los que hace mucho que no vienen y los que ingresan al blog por primera vez). 
Cuéntenme, ¿les gustan las historias cortas o prefieren las novelas más largas y con tramas más desarrolladas?
Encuentro (Reto Tahisiano de Julio)

Encuentro (Reto Tahisiano de Julio)

17 julio 2016

hopeDe pronto se hizo el silencio y más de doscientas personas se quedaron estupefactas a la vez. En la barricada improvisada, los soldados de la resistencia humana observaron cómo el atacante huía en retirada. Y no era por ellos, sino por un joven desconocido de cabello rubio que blandía una espada. Maira, la líder del grupo de los últimos terrícolas vivos de la región, casi soltó su rifle por la sorpresa.

La tensión los paralizó a todos. Había sido una pelea entre dos seres fuera de lo común. Uno, porque era un dios renegado que había decidido limpiar el planeta de seres humanos, el otro, porque había aparecido de la nada y había podido llevarle el ritmo sin caer fulminado.

No cabía duda. Si el joven había mantenido una pelea de igual a igual con el enemigo, también podría barrer con ellos con un movimiento de sus manos y sin despeinarse. Sin embargo, lo único que hizo el chico fue caer de rodillas, exhausto.

Poco a poco, los demás comenzaron a reaccionar.

—¿Aquel mocoso acaba de espantar al monstruo solamente con la ayuda de una espada?

—Podría jurar que lo rodeaban las llamas hace un rato. ¿Cómo es que está vivo?

—¡Lleva la insignia de la Corporación en la chaqueta! ¿Pero qué…?

Maira los calló, irritada. Sus ojos negros no podían dejar al objetivo en la distancia, por si decidía regresar.

—Olviden eso —dijo por el radio, aún concentrada en el punto negro que se hacía cada vez más pequeño en el cielo—, lo que importa es que lo está enfrentando. Si él es su enemigo, entonces puede ser nuestro aliado.

Cuando ya fue evidente que estaban a salvo, por el momento, la discusión sobre el salvador desconocido volvió a subir de tono. La joven abandonó su posición y se acercó al que estaba tirado en medio de los restos de la batalla, lo que provocó un movimiento sincronizado de sus subordinados para protegerla.

—Últimamente aceptas a cualquiera en el grupo, Maira —la regañó Lee, su segundo al mando.

—Para empezar, te acepté a ti, así que puede que tengas razón —contestó ella, agotada—. Pero hay una realidad y es que necesitamos a todo el que nos sea útil. —Dicho esto, se detuvo junto al guerrero y le habló con cautela—. Hey, ¿te encuentras bien?

El joven pareció volver del límite de la inconsciencia y se irguió con brusquedad. Tuvo que quedarse sentado y levantar sus manos, ante la multitud de armas que apuntaron a su cabeza.

Maira lo observó con cuidado y, tras unos segundos, ordenó que bajaran los rifles.

—Vamos de nuevo —concedió ella—. Somos la Resistencia. Hemos visto lo que hacías con ese maldito, queremos felicitarte y ofrecerte nuestra ayuda.

Él no se movió, pero los miró a todos con el azul de sus ojos convertido en dos témpanos. No pareció temerles. En realidad, les habló como si fuesen un conjunto de niños que jugaban en terreno minado.

—¿Qué ayuda? —preguntó, espantado—. ¡No! ¡Lo que tienen que hacer es correr a los refugios, marcharse de aquí lo más rápido que puedan sin mirar atrás!

Maira elevó una ceja. Los demás se indignaron y soltaron algunos insultos hacia el que seguía en el suelo. Lee dio una palmada en el hombro de la muchacha, con impaciencia.

—Suficiente. Él se negó. Ahora volvamos a lo nuestro.

—Está herido, no vamos a dejarlo así —murmuró ella—. Ayúdame a cargarlo en la furgoneta.

—¿Qué? ¿Cómo se te ocurre que vas a llevarlo a nuestro escondite? ¡Tengo a mis hermanos allí, todavía están recuperándose de la explosión del refugio anterior!

—Es un guerrero y nos será útil. Ahora necesita nuestra ayuda, mira su pierna derecha.

La discusión, en murmullos furiosos, llegó a oídos de todos los que estaban a su lado. Incluyendo al desconocido.

—Tal vez sea lo único que impide que nos asesine. Debe ser uno más de esos dioses de mierda.

—¡Márchense! —gritó él, muerto de vergüenza—. ¡Sé cuidarme solo!

La indecisión en los demás, que no sabían si debían darle la bienvenida al extraño o acabar con él antes de que enviase a su jefa al Otro Mundo, hizo que los cañones de varias armas subieran y bajaran, apuntando al chico por momentos.

—Está shockeado.

—Es idiota.

—Da lo mismo, es fuerte y me sirve —decidió ella, poniendo punto final—. Me lo llevo y ustedes me van a ayudar a cargarlo.

—Los estoy escuchando y no soy un repuesto mecánico —replicó el guerrero, desde el suelo—. No pueden decidir así por mí.

La muchacha dio un par de órdenes y, en pocos minutos, se levantaron las armas y el equipamiento de medición que habían instalado para vigilar al dios asesino. La gente se dividió en grupos, por vehículos, para ir desapareciendo de la escena. Entonces, ella se acercó otra vez al herido y se arrodilló a su lado, sin perder a una de sus escoltas armadas en ningún momento.

—Muy bien, entonces usa tu poder de decisión, chico —le dijo, extendiéndole su mano—. Apóyate en mi hombro y te ayudaré a subir a nuestro transporte.

El orgullo herido en aquella mirada azul era demasiado grande. Había estado cerca del enemigo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos podría estar, y había salido vivo. La frustración podía darle motivos para seguir luchando. O podía hundirlo del todo.

—No pienso ir con ustedes —siseó, como si el ofrecimiento le hubiese dolido.

—Quédate a morir, si es lo que quieres —contestó ella, antes de volver hacia los vehículos de su gente.

No tardó mucho en oír cómo el chico caía al suelo, en el intento por levantar el vuelo otra vez. En silencio, hizo una seña a sus dos colegas más cercanos y siguió hacia la furgoneta, donde se sentó en el lugar del conductor. Estos regresaron y cargaron al herido, de mala gana, en la parte de atrás del vehículo. El chico se dejó llevar, con los dientes apretados y sin poder mirar de frente a sus salvadores.

—Mi nombre es Maira —le dijo ella, una vez que todos estuvieron en marcha—. Ellos son mis mejores soldados sanos en este momento, así que verás que el marcador no está muy bien del lado de nuestro bando.

—Un gusto, Maira —respondió él, apenado—. Mi nombre es Tomás y estoy tratando de acabar con la amenaza sin que ustedes se arriesguen. Tampoco lo estoy logrando muy bien que digamos.

Algunos resoplaron, incrédulos. Otros lo miraron con admiración. A esas alturas, había muchas fuerzas que sobresalían de lo que antes se consideraba normal. Tener a una de ellas en el bando de los humanos podía ser algo bueno.

La joven al volante continuó hablando, sin mostrar ninguno de los dos extremos en su reacción.

—Tendremos que hacer algunos ajustes a nuestros planes. Ahora que te encuentro, creo que puedo hacerlo.

Esta vez, era el turno del tal Tomás para mostrar una sonrisa de incredulidad. Y no lo hizo. Maira notó que el chico observaba con mal disimulada curiosidad a cada miembro de la Resistencia. Entonces, su mirada se cruzó con la de ella sobre el espejo retrovisor y con rapidez se desvió en otra dirección.

—Déjame en la entrada de la Corporación —pidió él, luego de un rato de silencio—. Allí tengo cómo curarme.

—¿La Corporación? —se sorprendió ella—. Supongo que te refieres a la pila de escombros donde alguna vez estuvo.

—No necesitas saber la ubicación de mi refugio, así como yo no necesito saber la del tuyo.

Ahí estaban, los últimos coletazos del orgullo destrozado en el guerrero que podía volar, lanzar ataques de fuego por sus manos y mirar cara a cara al dios caprichoso que había decidido exterminarlos a todos.

El grupo lo miró. Algunos de sus integrantes, realmente enfurecidos.

—Jefa, ¿lo tiro del coche ahora, o va a dejarme darle una paliza antes? —dijo alguien, en el asiento de atrás.

—Alguna vez conocí a los fundadores de la Corporación —contestó Maira, reconociendo que había dicho la primera crueldad al respecto—. Creo que son responsables de buena parte del lío en el que estamos metidos, pero también fueron grandes aliados. Debes ser el último sobreviviente.

Aquellos ojos azules no mentían. Él debía ser descendiente de los antiguos dueños de aquel imperio electrónico.

—El penúltimo —admitió él, relajándose un poco—. Vivo con mi madre, buscando la forma de revertir esta maldición.

La muchacha sonrió. Había dado en el blanco y eso significaba que el mundo no estaba tan perdido si todavía había alguien buscando la solución dentro de aquellos laboratorios.

—Supongo que la mecánica y los asuntos de los dioses no son muy compatibles —bromeó, intentando no delatarse ni decir nada que pudiese volver a molestar al joven.

Lo oyó sofocar una risita. El humor negro estaba muy de moda en medio del fin del mundo, sí señor.

—Parece que no, pero igual lo intentamos.

Justo cuando comenzaban a sentirse más cómodos, llegaron a la intersección de la calle donde alguna vez funcionó la Corporación y la que debían seguir ellos para llegar a su refugio.

—Bien, te dejaré aquí —dijo, dándole el tiempo para apoyarse en un bastón improvisado que Lee le entregó a regañadientes—. Voy a tomar la responsabilidad de confiar en ti, Tomás. Tal vez, si revisas algún archivo de los de tu madre encuentres algo sobre mis orígenes. Si quieres confiar en mí, será mejor que no lo leas. En cambio, te recomiendo que vengas a ver lo que estamos haciendo en nuestro refugio. La humanidad nos necesita ahora.

—Voy a pensarlo —respondió el chico, y fue como si una luz distinta iluminara sus facciones.

—Yo estaré atenta a la próxima batalla para colaborar contigo. En algún momento, podremos trabajar juntos contra el enemigo.

Él carraspeó, con un gesto de tristeza o culpabilidad que ella no alcanzó a descifrar del todo.

—Deberías concentrarte en buscar un escondite más alejado para todos —la aconsejó, como si no hubiese sido él el rescatado, sino ella.

—Y tú deberías dejar de pelear solo —rebatió Maira—. Hasta la próxima, guerrero.

—Adiós.

Se despidieron con un movimiento de cabeza, antes de que ella arrancase el motor y desapareciera por lo que alguna vez fue la calle principal de aquella metrópolis. En otras circunstancias, podrían haber sido más cautelosos con sus alianzas, podrían haberse hecho mil preguntas sobre todos esos espacios vacíos en aquella presentación apresurada. Pero, en ese universo, aquellos Tomás y Maira se dejaron llevar por la primera buena impresión.

Ella aferró el volante con fuerza, para distraerse de la visión del chico que aún la miraba de pie en la calle, desde el espejito. Se dedicó a trazar planes en su cabeza, con el nuevo guerrero en ellos, y sus labios se rindieron a la sonrisa de esperanza que venían resistiendo desde hacía un rato.



+++

Mini relato escrito para el desafío de Edith Tahis Stone con el bloque B, de frases. He tomado la frase de inicio dada por ella: “De pronto se hizo el silencio y más de doscientas personas se quedaron estupefactas a la vez” y la frase inspiradora de fondo “Con todos los problemas que hay en su vida, la chica consigue sonreír y se propone que a partir de ese día, buscará un motivo por el que valga la pena sonreír a diario.”
No se me ocurría nada, entonces apareció un fanfiction salvaje. Me salió friki la musa, así que le hice caso y luego lo modifiqué para que pudiera ser un relato mío en el blog (la versión fanfiction va para la página del fandom correspondiente).
Espero que lo hayan disfrutado, estos dos personajes tienen un lugar muy especial en mi corazoncito fangirl y, como la historia está en emisión todavía, espero que lleguen a tener un buen final juntos. Si reconocen de qué serie se trata, les regalo un caramelo.
Trims (12 retos: reto 2)

Trims (12 retos: reto 2)

16 julio 2016

reescritura retoVolví de mi estado de inconsciencia pensando que solo había despertado de un largo sueño. Una siesta demoledora, de esas que lo dejan a uno sin saber qué día es, si tiene que levantarse de un salto porque va llegando tarde a alguna parte o si puede seguir durmiendo. Me estiré y me di vuelta en la cama hasta quedar boca arriba. Por cierto, las sábanas estaban más suaves y blancas que de costumbre. Tal vez eran nuevas. Y mi cama ya no hacía aquel ruido de resortes tan molesto. Me quedé quieto, en silencio, había algo extraño en todo eso y no lograba darme cuenta de qué era.

A lo mejor estaba confundido por el cansancio del día anterior. Aunque no había ninguna luz sobre mi cara, como todas las mañanas. Y eso podía explicarse porque no era de día.

La oscuridad de la habitación era total, así que me eché a un costado para alcanzar la mesita de noche y la lámpara. No necesité mucho más para darme cuenta de que ésa no era mi cama.

El espacio que tenía para moverme era mucho mayor al que estaba acostumbrado, había perfume de lavandería en la almohada y... mis ojos se acostumbraron a la noche. Vi la luna redonda, asomándose por un ventanal demasiado amplio, demasiado lejos, y reprimí un insulto. Mi habitación apenas alcanzaba para poner algún mueble. No tenía ventanas gigantes, ni catres Doble King Size. Mientras pensaba en eso, me di un susto de muerte. Algo acababa de moverse a mi lado, sobre el colchón. Y se suponía que yo dormía solo.

Decir que «me sobresalté» es ponerme fino, pero intenté no hacer ruido para no despertar a quien fuera que estuviese ahí. Me arrastré con cuidado hacia el lado opuesto de donde había venido la oscilación del colchón, y tuve que aguantarme otra puteada cuando me di cuenta de que estaba desnudo. Por completo.

La confusión me dejó paralizado. ¿Con quién me habría acostado? Hice otro tramo para separarme de la compañía desconocida y esta vez el movimiento fue mayor. No recordaba nada de haber salido con alguien aquella noche, lo único que sabía era que había estado con mis amigos, Jaiden y Marion, haciendo un experimento con manzanas en…

«Oh, no»

Había escuchado sobre los problemas de los primeros viajeros del Eon Tellus, hasta que se había encontrado un tejido capaz de resistir el traslado en el tiempo junto con el cuerpo humano. Los soldados aparecían desnudos en otra época, debían arreglárselas para conseguir vestimenta y refugio. Aquello era objeto de bromas en la actualidad, siempre había un chiste que comenzara con una situación así. Y, ahora, yo era el chiste.

Al menos, no estaba solo. El resplandor del EonTe nos había tragado a los tres juntos, eso sí que lo recordaba bien. Y, si estaba en lo cierto, no debía encender la luz o podía encontrarme con mis amigos en el mismo estado.

No. Miento. Por un segundo me vi tentado de alargar la mano hacia el cuerpo a mi lado, para comprobar si la piel de Marion era tan suave como parecía. Mis dedos temblaron de anticipación, mi boca se puso pastosa y tuve que tragar saliva antes de darme cuenta de que estaba actuando como un pervertido. Además, podía tener la mala suerte de manosear a Jaiden. La vergüenza y el asco no me dejarían en paz. Retraje el antebrazo, antes de arrepentirme.

Iba a decir algo para despertarlos, cuando el movimiento de la cama se hizo más violento. Quien fuera que estuviese a mi lado, acababa de levantarse de un salto. Ya debían estar despiertos, imaginé que el susto de verse en un lugar desconocido los habría puesto así. Solo que esperé a sentir el segundo deslizamiento sobre la cama, y este no apareció. Entonces la luz se encendió y las cosas terminaron de torcerse. No tuve tiempo de reaccionar. Tampoco encontré ninguna buena manera de hacerlo.

Yo estaba desnudo en una especie de suite de lujo, sobre una cama con la que no hubiera soñado siquiera. Y frente a mí, con la misma expresión de horror, había una réplica de mí mismo. Un Rowan Trim había caído por accidente al EonTe, dos acabábamos de despertar pasada la medianoche.


+++


Relato para el desafío de los 52 retos de El libro del escritor: Reescribe algo que escribiste hace tiempo, pero usa un narrador distinto.

Esto era parte de un capítulo de Paradoja, una historia de hace un par de años. Pensé que sería solamente cambiar el narrador omnisciente por la voz de Rowan, pero agregué alguna que otra cosita como para que no sea tan confuso.
Para saber más de la iniciativa, clic aquí
Ritual, R. Crespo

Ritual, R. Crespo

08 julio 2016

ritualTítulo: Ritual (Saga Tentaciones #1)
Autora: R. Crespo
Editorial: Amazon, Kindle.
Año publicación: 2016
Género: Romántica adulta
Sinopsis: 
«Primero, nada de enamorarse».
Olivia nunca se ha enamorado de cualquiera, es más, a pesar de lo enamoradiza que siempre ha sido aún no ha encontrado a nadie que la hiciera experimentar lo que siente hacia Víctor. Hasta que aparece en su vida Renato, quien hará que se olvide del chico que conoció en internet, a menos que éste aparezca definitivamente para cumplir su promesa.
«Segundo, mientras estemos juntos nos perteneceremos».
Cuando Víctor propone seguir dos condiciones, Olivia ve la oportunidad perfecta para intentar conquistarle mientras el juego dure; aunque él no esté dispuesto a dejar que traspase las barreras de su corazón. Sin embargo, las cosas no serán tan fáciles como ellos creen.

Opinión personal: Empiezo esta reseña felicitando a la autora por el lanzamiento y agradeciéndole la confianza para que su obra esté entre mis lecturas para el blog. Voy a tratar de ser objetiva, pero nunca se sabe. Yo por las dudas aviso que hay peligro de fangirleo.

ritualfraseunoLa historia comienza como un tira y afloje, con una Olivia que no sabe sobre el género masculino lo suficiente como para relajarse y dejar que las cosas simplemente ocurran. Ella forma un triángulo amoroso con Victor, su gran amor de una comunidad online, y Renato, su compañero de la universidad. Hay mucha inocencia en ella, lo que la hace muy dulce y permite que las lectoras nos identifiquemos en ciertos párrafos con sus dudas o sus ansiedades. Como personaje es muy interesante y realista.  

Victor, con sus apariciones y desapariciones al teléfono, me provocó algo de desconfianza desde el principio. A todo el que haya tenido algún amor a distancia seguro que esta parte le va a provocar sensaciones encontradas. Creo que, o lo amas o lo odias. Es bueno que no nos deje indiferentes. 

Al comienzo, el personaje es bastante desconsiderado con Olivia. Él es quien decide, quien dice el cómo y el cuándo en todo (si hasta se da el lujo de avisarle con muy poca anticipación que está por llegar a la ciudad y, cuando ella va a buscarlo a la estación de trenes, él llega tardísimo. Me surgió una nueva frase mientras leía: «Trollear nivel Victor»). Para coronar el pastel, se instala en su casa y le impone condiciones al vínculo entre ellos: exclusividad sexual, pero sin compromiso. Eso no es malo, en sí es algo muy actual y como historia funciona ya que le da picante al tema. Pero luego el chico tiene ataques de celos por cualquiera que sea amable con ella. Cuesta encariñarse así, voy a ser sincera. Luego, de a poco, él se va abriendo y se ven las razones por las que actúa tan extraño con Olivia. 


ritualfrasedos
La narración y la ortografía son muy correctas. Es un gusto leer algo así en wattpad o incluso en kindle. Una siente que ha encontrado un tesoro y que le encantaría ver que muchos tomaran el ejemplo. Se nota el esfuerzo puesto en la obra, en los personajes, en buscar lo políticamente correcto en sus acciones. No olvidemos que la primera es una plataforma dedicada principalmente a adolescentes y se valora mucho que las relaciones de pareja tóxicas no sean ejemplo de normalidad. Hay momentos en que Víctor sufre de brotes estilo Christian Grey y me desconcierta un poco, pero luego saca de la manga gestos muy tiernos y así es como nos va llevando a lo largo de la historia.

Hay algo de resumen narrativo, cuando los diálogos hubieran sido más interesantes de manera directa. Algunos momentos, que hubieran tenido un buen impacto dramático o sensual, se desdibujan por la distancia que pone la narradora al contar las cosas, por más que lo haga en primera persona. Sin embargo, mientras avanzan los capítulos, se ve una evolución en ese aspecto también.

La historia avanza de a poco, con escenas muy cotidianas que nos hacen sentir en casa. Las clases, los exámenes, las amistades más cercanas y las personas que nos cruzamos en la universidad cada vez más seguido. Diría que hay abundancia de Olivias entre las chicas de esta edad y eso es un factor positivo para la autora. Las preguntas retorcidas en la cabeza de la protagonista, las vueltas excesivas a asuntos que podrían ser más simples, son cosas que a muchas nos parecerán familiares. Con paciencia, mientras la novela se desarrolla, Victor se hace más agradable y la situación se redondea del todo. 

ritualfrasetresSoy de las que creen que un hombre no es un ser de otra dimensión, tiene sentimientos y sale herido de la misma forma que cualquier mujer. En algunos libros pintan al hombre como un órgano sexual que habla, y eso es molesto. No hay que tener miedo de retratar a un protagonista masculino vulnerable o sintiendo culpa por actuar en contra de lo que es políticamente correcto. De la misma forma, ha pasado hace mucho la época en que las mujeres nos dividíamos en dos categorías (madre o p) según nuestra forma de relacionarnos con los hombres. Por eso no voy a comentar el tema de la virginidad de las protagonistas de novelas románticas o de dónde dibujar la línea en que es creíble o no que la chica pierda la virginidad con el chico. Creo que hay muchos artículos sobre el tema escritos por gente más experimentada en la escritura (de artículos) que yo. Pero en el caso de Olivia, que ella fuera o no virgen creo que no sumaba ni restaba demasiado en la ecuación. El problema de importancia en la trama, lo que llama al lector, es el asunto de la confianza entre ellos.

Lo mejor, para mi gusto, ha sido el especial con las cartas de cada uno, en un anexo al final. Allí se complementan las reacciones de los personajes en momentos importantes, o se dan explicaciones a cosas que la autora probablemente consideró necesarias frente a la primera versión que salió en wattpad.

En conclusión, Ritual es la primera obra publicada por una escritora con mucho para mostrarnos. Lo recomiendo mucho a todas las amantes del género romántico. Es una lectura rápida, que engancha y enamora

Calificación: 


Apto para: Fans del género. Nostálgicas de un amor a distancia. 
No apto para: Feministas. Lectores ansiosos. 
Dulzura: Olivia y sus dudas.
Acción: Víctor vs Renato. 
Sangre: Nop. No es el género.
Sexo: Narrado de forma suave y cuidada.

(Aviso: No pongo más puntaje en números. Si lo terminé de leer es porque lo disfruté. Los que no termine irán en otra sección.)
Iyuba (Reto Cinco líneas - Julio)

Iyuba (Reto Cinco líneas - Julio)

IyubaDerribó la puerta de una patada y apartó el barullo del camino, mientras avanzaba con urgencia. No fue fácil acarrear con tanto peso al salir. Así y todo, lo logró a tiempo. Volvió a su tamaño natural, puso lo que había sacado del corazón de su cliente en el contenedor de desechos emocionales y esperó, aburrido, a que los de la mudanza cerebral terminaran su parte del trabajo. No vio que, del basurero, algo goteaba, fluía y se pegaba a sus zapatos.



Las palabras del mes de julio son: barullo, mudanza y acarrear.


Si quieren saber más sobre el reto Cinco líneas de Adella Brac, pueden hacer clic en este link.


Booktag: Los siete enanitos

Booktag: Los siete enanitos

06 julio 2016

tagsieteenanitos¡Buen miércoles! Comienzo la semana y el mes poniéndome al día con las visitas a otros blogs, las lecturas y, de paso, los booktags. Ya llegará el turno de las reseñas. O de las mini reseñas por sagas. Tengo para elegir, por ahora. 
Les traigo un tag que no es nuevo, pero en particular lo he sacado de Letras plutónicas así que la menciono a ella como la que me dio la idea. Se llama el Book tag de los siete enanitos de la lectura:


SABIO: Un libro con el que hayas aprendido muchas cosas.

insoportablelevedaddelser

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. No lo he reseñado aún, pero leerlo me ha enseñado mucho sobre la naturaleza humana. Es decir, me ha dado espacio para reflexionar sobre cosas en los personajes con las que me identificaba.

TÍMIDO: Un libro que te avergüences de haber leído.
Me gusta leer de todo y he tenido épocas de gustos muy diversos. Creo que ni de mi época de fanática de las revistas Cosmopolitan puedo renegar.

GRUÑÓN: Un libro que te haya hecho enojar mucho.

venganzadeangeles

En Venganza de ángeles, de Sidney Sheldon, se ve mucha injusticia contra la protagonista por el simple hecho de ser mujer. Incluso el autor, es como si la castigara por animarse a hacer ciertas cosas. Si fue hecho a propósito, en nombre de la ironía, entonces fue genial. En caso contrario, sería muy triste.

MOCOSO: Qué libro te ha puesto más enferma.


Lolita, de Vladimir Nabokov. No sé cómo explicar hasta qué punto el protagonista, Humbert Humbert, me llenó de asco y a la vez me envolvió con la belleza de sus palabras y su sufrimiento. Es el retrato perfecto de un pervertido. 

MUDITO: Un libro que te haya dejado sin habla.

matrizdelinfierno

La matriz del infierno, de Marcos Aguinis. El triángulo amoroso que se plantea va mucho más allá del simple romance. Cada uno de los protagonistas representa algo, en medio del caos de la Segunda Guerra Mundial. 

FELIZ: Un libro que te haya hecho feliz terminar.

persuasion

Por lo general no me alegra terminar las novelas que me gustan. Es como llegar al fondo del pote de helado, o algo así. Pero con Persuasión, de Jane Austen, el final fue tan precioso que lloré de emoción y todo. Fui feliz por ellos, como la lectora cursi que soy.


DORMILÓN: Un libro que te haya dado muchísima flojera.
rayuela

Esta es mi gran vergüenza. La verdad es que adoro los cuentos de Cortázar, su forma de escribir me encanta, pero no he podido encontrar las fuerzas para seguir adelante con la lectura de Rayuela. Lo he intentado, abandonado, vuelto a intentar y así. En este caso, como en muchos otros que he tenido estancados en la biblioteca y luego me han gustado mucho, creo que no es mi momento. Para los libros también hay momentos específicos, será que aún no llega el mío con éste. 

Y eso es todo, amigos. 

Cuéntenme, ¿han hecho el tag? ¿Han leído alguno de los que mencioné y les pasó lo mismo? Si no lo han hecho, pueden llevarlo, mencionarme y dejar por acá el link, así los paso a ver.
Diez segundos de magia

Diez segundos de magia

02 julio 2016

gerardSe dice que, para obtener un buen resultado al seguir una receta en la cocina, dos cosas son importantes: las proporciones y los tiempos. No tiene sentido de otra manera. Y ciertos rituales son, en esencia, una lista de pasos para preparar un buen bocadillo. Lo saben las brujas, grandes cocineras en su mayoría, y lo saben los seres sobrehumanos que pueblan las calles apenas se pone el sol. Para Gerard, vampiro de las épocas de la Revolución, no es ningún secreto. Su más reciente objetivo es simple. La proporción: una sola presa, a cambio de poder ilimitado e inmunidad al sol. El tiempo: la medianoche en el esplendor de la llena nueva de un mes de verano. Y su estómago debe estar limpio, preparado para recibir la sangre fresca.

Su meta es la décima hija de la décima generación de una familia que haya incluido a una bruja en su linaje, al menos. Uno pensaría que eso es algo muy simple de conseguir, que los vampiros a estas alturas deberían ir tranquilos paseándose por los parques en pleno mediodía aterrorizando a los niños, pero no es así. La naturaleza es muy sabia. Los descendientes de una bruja tampoco son tontos. Aunque siempre hay alguna excepción. Y lo mismo ocurre con los amigos de la sangre ajena.

Gerard tiene todo listo. La presa ha sido localizada. Jean, un licántropo de la zona, le vendió el dato. No es la fuente más confiable, sin embargo la posibilidad más remota vale la pena el intento. Ahora, mientras camina en la oscuridad absoluta del monte y los arbustos espinosos arruinan sus pantalones de diseño, entiende que para esta receta hay más factores de los que suponía. El lugar, por ejemplo. No hay nada más urbano que un vampiro. Las épocas de Vlad en su castillo solitario lleno de picas han quedado muy atrás. Ahora los caminos de tierra, el viento incesante, la humedad y el lodo de los pantanos son cosas de chupacabras. Ya ni a los hombres lobo les gusta meterse por esos senderos abandonados en las montañas.

Otro factor, el hambre. Según la leyenda, el vampiro debe mantenerse puro de mente y cuerpo para recibir la sangre de la descendiente de la bruja. Es decir, Gerard no ha tocado a un humano en días. Ni para comer, ni para nada que pudiese contaminarlo en alguna forma. Cuando Gerard siempre ha sido el más vicioso de la región, desde tiempos anteriores a su conversión. La abstinencia y la sed están comenzando a hacer mella en él. Por suerte, es noche de luna llena y ya falta poco para encontrarla. Puede sentirla. La energía que ella emana es única, inconfundible.

Gerard no ha tenido manera de saberlo antes, la certeza está en que jamás ha encontrado a alguien así en toda su vida. O en su no-muerte. Ni siquiera la ha visto, pero puede sentirla vibrar en cada célula de su cuerpo. Su boca está reseca, la caminata lo está desgastando, pero no planea tardar más de diez segundos en beberla entera cuando la tenga enfrente.

«No puedo soportarlo más. Necesito saborearla. A la mierda los rituales. A la mierda con el sol, con la tradición y con todos. Esto va a ser una buena cena».

Cuando se da cuenta, está corriendo con desesperación cuesta arriba. Los zapatos de cuero de cocodrilo se le han arruinado hace rato, es que los vampiros no son los no-muertos más prácticos de este mundo. Ésas son las momias de lana del Valle de Ruk, que hacen gala de gran movilidad y no se ven muy afectadas por los inviernos de la región.

Gerard ha resbalado varias veces, el lodo le ha arruinado el peinado con el que planeaba ascender de la inmortalidad a la inmunidad. Si hubiera tenido pectorales trabajados o bíceps imponentes, la imagen de la seda empapada pegándose a ellos hubiera sido el deleite de más de una lectora pervertida en este párrafo. Así y todo, el vampiro está por llegar a su presa. Lo que antes era vibración en sus células no-muertas, palpitaciones desesperadas en un corazón que ya no bombea combustible propio, ahora es puro ardor. Quemazón insoportable en sus entrañas y fuego de anticipación en sus venas vacías.

«Está allí. Es el lugar».

En un sector del terreno, limpio de malezas, se levanta una casa modesta de madera y techo de zinc a dos aguas. Por una de sus ventanas se puede notar el resplandor parpadeante de una televisión encendida. El resto está a oscuras, incluyendo el exterior, que se ve bastante anodino. Al lado del pozo de agua, hay algunos cacharros y un par de árboles de tronco torcido hacen guardia al frente del perímetro.

Gerard decide hacer lo de siempre: dejarse guiar por su apetito. Tampoco es que se le hubiera dado tan mal en el pasado. Por eso es que, sin detenerse, ingresa en el terreno de la vivienda y al mundo se le da por girar hasta dejar al vampiro de cara al cielo. Confundido y con un dolor espantoso en su cabeza.

«Mierda, no lo pensé».

Algún hechizo de protección mal hecho se le ha enredado en los tobillos y lo ha hecho caer. Y, cuando ya está recuperándose, un zumbido surge de la tierra y crece hasta meterse en el cerebro apolillado de Gerard. Apenas le queda tiempo para eludir la alarma de otro conjuro y correr de vuelta, fuera del perímetro mágico.

«Era de esperarse. Me enceguecí en el camino. Es seguro que muchos han sido atrapados y eliminados así antes» se dice, mientras jadea apoyado en la primera piedra que no le ha parecido sospechosa en el paisaje.

Recuerda entonces el detalle que su hambre voraz pasó antes por alto. Dos símbolos sagrados, atados a las ramas bajas de los árboles de tronco torcido, junto a dos ristras de ajo. Ahora es la indignación la que se levanta en su interior y lo llena, más que el deseo y el hambre que acosan otras porciones de su anatomía.

«Magia mediocre, puesta con descuido. ¡No pueden subestimarme tanto!» piensa, herido en su orgullo.

Ha despertado el Gerard de los viejos tiempos, el joven Gerard por dentro y por fuera. El que, si se esfuerza, puede ser tan afilado como una pestaña de arpía ciega. Y está hambriento. Necesita su dosis de locura diaria. Por sobre todas las cosas, está furioso. En resumen, desde un punto de vista práctico, está listo para volverlo a intentar.

Arremete otra vez contra el perímetro que defiende a la casita, que sigue oscura en su interior, con la excepción de la luz difusa en la ventana. Una serie de hechizos de bajo poder se activan a su paso, él los evita con la experiencia de siglos y generaciones de ir a prueba y error contra las brujas.

«Esta será la última. El bocadillo final. La mejor venganza».

Así, por un buen rato, Gerard corre, se esconde entre los árboles, elude un par de flamas y algunos rociadores de agua bendita que surgen de las piedras.

Entonces, la luz del televisor del interior se apaga. La lámpara que cuelga de un cable solitario, encima de la puerta de la casa, se enciende. El vampiro no puede pasar del límite invisible que lo pone a un metro de la puerta abierta. La joven descendiente, décima en su linaje, plato principal de las criaturas de la noche, sale al rellano y lo mira como si lo hubiera estado esperando todo ese tiempo.

Él muestra los dientes, en un gesto que está muy lejos de ser una sonrisa de presentación. Ella se rasca la cabeza.

«Aquí está, por fin. Es ella».

Gerard se prepara para lo que sus ojos van a mostrarle luego de acostumbrarse a la nueva luz que da directo sobre él. Y lo que ve le hace maldecir el hambre de días y días que lleva encima.

Su presa no solo es fea como mil diablos, la presentación no influye a menos que uno sea un vampiro gourmet; es que la muchacha huele horrible, puede sentirlo a la distancia que está. Y tiene una mirada perdida, del estilo de las que ven amigos imaginarios en las sombras de las llamas del fogón.

«Esto me atrofiará el paladar por un tiempo, carajo. Y dicen que las presas con tanto acné son indigestas» se lamenta el vampiro, que no puede renunciar al orgullo de haber logrado llegar hasta ahí.

Ella continúa rascándose la cabeza, con insistencia. De pronto, se mira las uñas de los dedos que acaba de sacar entre la mata de pelo enredado de su coronilla y se las mete en la boca.

«Mi…er…da».

La realidad de la leyenda cae sobre la mente de Gerard como una loza. Uno pensaría que tomar la sangre que te volvería inmune a cualquier método de destrucción sería algo más refinado. Una aventura más sofisticada. Algo digno de contar, por lo menos.

La mirada de la bruja del monte se concentra al fin en él. El vampiro se prepara para el salto final, el que requiere todas sus fuerzas para vencer los conjuros mediocres que vienen atándolo al suelo desde hace algunos segundos. Mas la joven no se inmuta. Parece susurrar algo, ha estado haciéndolo desde que salió a su encuentro. Gerard acaba de notarlo, horrorizado.

«¿Está contando?»

Algo está mal allí.

—Soy Gerard Levallois —comienza—, pesadilla de los últimos tres siglos. Ríndete y te daré un final tranquilo.

—Siete…

—Mocosa, escucha. Se terminó.

—Ocho…

—¿Tienes cerebro debajo de esa maraña, niña?

—Nueve…

Es increíble lo que el cuerpo puede lograr en el transcurso de un segundo. Incluso las desgastadas neuronas del cerebro de un no-muerto pueden llegar a conclusiones importantes, tomar la decisión y dar las órdenes pertinentes a todos los rincones que necesite para huir.

En ese preciso momento, Gerard se da cuenta de que la bruja ha estado contando los segundos que les ha llevado el encuentro. Y es obvio que ella va a hacerle algo al llegar al diez.

«No por nada es el maldito número de los cojones en toda esta leyenda. ¡El idiota de Jean me va a oír!» lloriquea, mientras atraviesa el monte cuesta abajo a toda velocidad, sin pensar en que las ataduras que lo mantenían cautivo se han aflojado sin esfuerzo.

La prioridad es poner distancia de aquel lugar embrujado y la niña loca. Aunque tiene que hacerle un reconocimiento a la Madre Tierra que tanto adoran sus rivales. Es cierto al final, la naturaleza es muy sabia.

+++

En el círculo que rodea la casita, los árboles se desperezan, ofendidos por haber perdido con sus trampas contra el invasor. Los conjuros vibrantes regresan a sus escondites entre las piedras del camino. La joven bruja alisa su cabello, que vuelve a ser brillante, y hace una mueca a su ropa arruinada pensando que deberá hacerle un par de jirones extras. Este chupasangre ha durado demasiado. La próxima podría ser fatal. Deberá buscar ayuda, porque hasta la más inexperta del aquelarre puede mantener esos diez segundos de magia.

Desde mi playlist #15: PRIMARY

Desde mi playlist #15: PRIMARY

Buenas, feliz inicio del segundo semestre (en este saludo hay un chiste interno para los que sean de mi país, Argentina, es que los medios ya me tienen cansada con eso). Como decía, feliz viernes, feliz julio y feliz sea el día que sea en el que estén leyendo esta entrada. Vengo después de un mes muy pobre en publicaciones para resucitar esta sección. Ando en una etapa de fangirlismo bipolar por el kpop que me hace amar lo que veo, al mismo tiempo que odiar las coreografías o sentir vergüenza ajena por el vestuario de los artistas. Creo que los únicos que hacen la excepción son CNBLUE (a ellos los amo de cualquier forma y sus videos a veces son bastante presentables en mi muro de face), Zion T. y el que voy a mostrarles en el post de hoy. Doy la bienvenida a mi playlist a:

PRIMARY

Su nombre real es Choi Dong-hoon y nació en el 83, o sea que es mayor que yo (wiii...al fin, uno que no me hace sentir como pervertida). Es productor y músico del género Hip Hop, aunque algunos de sus temas son bastante pop (como Mannequin, con Beenzino y Suran) o incluso hay alguna influencia de Jazz (Bawling, con Oh Hyuk es el perfecto ejemplo) proveniente de sus inicios en la Academia de Jazz de Seúl. Está bajo la misma agencia de músicos como Gaeko, Zion T. o Crush y ha realizado varias colaboraciones con ellos y con artistas de otras agencias, como Oh Hyuk (a quien le debo otra entrada en esta sección). Con este último realizó todo un mini álbum, Lucky You!, de donde vienen mis temas favoritos y por el que lo conocí en youtube. 

Una de sus particularidades es el hecho de que usa una máscara muy graciosa, al estilo Daft Punk, pero hay videos en los que sí ha mostrado su cara por lo que no es comparable a ellos en ese sentido. 

Si bien cada tema puede diferenciarse muchísimo de los demás, es notable la calidad y la originalidad de cada uno. Por eso, creo que excede la categoría de artista kpop, no se lo puede encuadrar muy bien junto al resto. 

Igual, están surgiendo otros como él, por suerte no todo son boybands.

Los dejo con Gondry, uno de los temas de Lucky You!, en colaboración con Oh Hyuk y Lim Kim.


Posts siguientes Posts anteriores Volver al inicio