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Reto Tahisiano
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Una cosa lleva a la otra (Reto Tahisiano Diciembre)

Una cosa lleva a la otra (Reto Tahisiano Diciembre)

31 diciembre 2016

reto diciembreCincuenta monedas. La bolsa no es tan pesada como parece, no sé para qué tanto escándalo con este nuevo metal. Incluso puedo correr por el callejón sin problemas. El único drama es el ruido. No tintinean, pareciera que cantan, las muy perras. Logro desviarme, a tiempo de ver desde una azotea cómo llega una traffic negra, de la que salen diez, veinte uniformados que se desplazan en todas direcciones. Me quedo quieto y los observo, con las pelotas en la garganta por el miedo. Entonces un pensamiento estúpido me da ganas de reír. Es que me hacen acordar a la nave nodriza de una película de extraterrestres con cascos naranjas que se movían igualito, igualito.

Es una suerte que estos tipos no se molesten en mirar hacia arriba mientras salto al edificio del lado. Benditos amaneceres tóxicos, con su niebla amarilla, su perfume a mierda y su vapor eterno. Bendita contaminación del siglo veinte.

Sigo camino, bajo la velocidad y me quito la capucha. Intento confundirme con los estibadores del puerto, voy y vengo mientras cargo la mercancía y la dejo por cualquier parte, con tal de seguir al otro extremo del muelle.

El sol intenso disipa las emanaciones tóxicas de la madrugada, la frescura del aire marino me revuelve el cabello verde. Allí está, esperándome en el bote. Me subo, disimulando mi ansiedad, y me alejo con los remos lo más rápido que me permite mi cuerpo cansado. Adiós a la fragancia de primavera artificial de la metrópolis. Venga la mierda de los suburbios. Bienvenida, Libertad.

—¿Me estás diciendo mierda de los suburbios? —grita ella, ofendida, cuando cruzamos el río pestilente.
—No, cariño. Estaba pensando en voz alta. Decía que es mejor la realidad de la mugre en que vivimos, antes que…

No me doy cuenta del error en la elección de palabras, hasta que veo su rostro desencajado.

—¿Mugre? —murmura—. ¿Acaso te arrepientes de venir conmigo? Todavía estás a tiempo de volver a esa vida cuadriculada que llevabas. Regresa, antes de que te denuncien los del banco.

Me detengo en mi actividad con los remos para mirarla a los ojos rosados y acariciar su cabello plateado. Es preciosa, me digo. Insoportable a veces, pero vale la pena tenerla conmigo.

—Libertad. Por favor. No discutamos esto otra vez. Ya dije que lo hacía por los dos.

A ella se le escapa un sollozo. Es tan sensible.

—Está bien, te entiendo. Lo siento, me puse nerviosa y empecé a divagar.
—No hay problema, cariño —aseguro, mientras sigo haciéndonos avanzar.

El amanecer de nubes irisadas, en colores cambiantes por el efecto de tantos químicos en el aire, nos recibe con promesas de un futuro lleno de nosotros. De nadie más que nosotros.
En eso, la escucho hablar de nuevo, mientras el sonido del líquido se escurre entre los remos.

—Desafío —me llama, enternecida.
—¿Qué pasa?
—Te quiero.


+++

Bueno, me colgué con un par de vasos de fernet y algunos videos de Mac Miller. Miré las palabras que tenía el Reto Tahisiano de diciembre, recordé las conversaciones de locos que tenemos con mi novio y me dije «¿por qué no?».

Relato escrito con el bloque D, de palabras a incluir sin importar el orden: 1. Cincuenta / 2. Frescura / 3. Naranjas / 4. Primavera / 5. Contaminación / 6. Fragancia / 7. Nodriza / 8. Perfume / 9. Monedas / 10. Vapor. Gracias a Tahis por los disparadores creativos, estoy feliz de haber participado todos estos meses.

Feliz año nuevo, que el 2017 les traiga nuevos desafíos y mucha libertad.
Y a nadie le pareció extraño (Reto Tahisiano Octubre)

Y a nadie le pareció extraño (Reto Tahisiano Octubre)

22 octubre 2016

y a nadie le parecio extraño
31/10/2016 – 00:13:46

El ingreso: vacío. Las puertas están cerradas. El piso de cerámicos, de un color grisáceo, brilla por el efecto de las lustradoras. El resplandor de las luces del pasillo, a la izquierda, le da a la estancia una sensación aséptica.

31/10/2016 – 00:20:53

Un hombre joven, con el uniforme en negro y azul de la compañía de vigilancia, camina con lentitud por el pasillo. Se acerca al área del fondo de la imagen. Poco después, vuelve a pasar. Su andar es perezoso. No mira a los costados. Ni siquiera revisa en la habitación, donde el cerámico gris del suelo comienza a revelar algunas sombras.

31/10/2016 – 00:27:00

El piso parece invadido por una serie de manchas oscuras. Cada una va haciéndose más grande, como si se abriera desde las profundidades. Las puertas siguen cerradas. La luz fría del pasillo no delata presencia alguna.

31/10/2016 – 00:34:07

La negrura en la habitación avanza, uniéndose a los diversos puntos de oscuridad que han ido surgiendo para convertirse en una masa uniforme. Aparte de eso, nada ha cambiado en la imagen.

31/10/2016 – 00:41:14

El joven guardia ha vuelto a aparecer por el pasillo, arrastrando los pies, rascándose debajo de la gorra. No repara en la ausencia de suelo fuera del sendero delgado de luz por el que camina. No hasta que sus pies siguen de largo y las sombras se lo tragan, de un bostezo.

31/10/2016 – 00:48:21

La negrura se expande, hasta ocupar toda el área a la que llega el visor de la cámara. No se distingue nada más que un ligero temblor en la imagen, seguido de algunas líneas de estática, por un momento. De inmediato, las luces regresan, el cerámico gris reluciente vuelve a aparecer, impoluto. Desde el otro extremo de la sala, aparece un joven guardia, idéntico al primero. El mismo uniforme, la misma apariencia. Éste camina con energía y observa en todas direcciones, antes de seguir hasta el pasillo y desaparecer del alcance de la filmación.

31/10/2016 – 00:55:28

El ingreso: vacío. Las puertas están cerradas. El piso de cerámicos, de un color grisáceo, brilla por el efecto de las lustradoras. El resplandor de las luces del pasillo, a la izquierda, le da a la estancia una sensación aséptica.



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¿Relato? escrito para el Reto Tahisiano de octubre. Utilicé el bloque E, con el objeto: una cámara espía (utilicé una cámara de seguridad y le di una personalidad mirona, ¿vale como cámara espía?). De paso, para la temática de Halloween le di el giro tétrico. O lo intenté.
¡Feliz fin de semana a todos!
Emoción (Reto Tahisiano Septiembre)

Emoción (Reto Tahisiano Septiembre)

25 septiembre 2016

emoción
Las buenas noticias no vuelan. Flotan con suavidad. Se mecen por el aire, al estilo de las pompas de jabón que tanto me gustaron cuando llegué aquí. En cambio, las novedades más desagradables, las que no queremos escuchar, se comportan como el agua. Fluyen por la grieta más pequeña de la puerta mejor cerrada y van venciendo esa resistencia. En especial, cuando a las personas de tu entorno les hace gracia abrir una rendija y ver qué ocurre. Si total, no son ellos los que están al interior de la fortaleza, en peligro de ahogarse de recuerdos.

Eso debe explicar que me olvidase de respirar por un buen rato, cuando mi compañera corrió a poner el canal de las noticias, gesticulando y diciendo algo entre grititos de emoción. Acababa de mencionar a Dante. Estaba segura. Sentí las pulsaciones en mi cabeza, mi piel se puso algo pálida, mis uñas se volvieron azules por un instante, pero a Lila no le alcanzaban los ojos para fijarse en tantos detalles. Con la pantalla minúscula de la tv empotrada en nuestra habitación de la universidad ya tenía desafío suficiente.

La foto del joven moreno de rizos oscuros y mirada seria que mostraba el comunicado me trajo a aquel adolescente con el que viví los meses más intensos en este lugar. Y no había cambiado demasiado, por lo que se veía en las filmaciones de la conferencia de prensa de la NASA.

«Quiero saber más de ti».

Sonreí y me acerqué a verlo mejor. El anuncio incluía las palabras «viaje sin retorno» y «estación espacial». Sabía que él lograría todo lo que se propusiera. Tenía la inteligencia y la disciplina para vencer cualquier obstáculo. Incluyéndome a mí.

«Esto es importante. Juntos podríamos lograr tantas cosas».

No podía evitar decir que era una pena. Si, al menos, me hubiese visto como la chica enamorada que era, y no como a uno de sus problemas matemáticos a resolver. Esto era casi una traición. Una declaración de problemas.

—Fedra, ¡tienes los labios azules! —exclamó Lila, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Te sientes mal? ¿Ha sido mucha la impresión? ¡Lo siento, de verdad! ¡Lo siento tanto!

Entonces, recordé lo más importante.

«¡Voy a resolver este misterio! ¡Sea contigo o sin ti, Fedra! ¡Iré a Marte, sea como sea!»

No. Eso no. Me refiero al bendito oxígeno de este planeta de bobos. Mi cuerpo se había acostumbrado tanto a este gas, que no podía pasar sin él más de unos minutos.

—No te preocupes, lo superaré —respondí, tomando una bocanada de aire.

—De verdad, no te ves bien. Voy a llamar al servicio de emergencias.

La detuve y la convencí, más con mi pensamiento que con mis palabras, de que mi apariencia era normal y que lo mejor era seguir con lo que venía diciendo. Creo que se me fue un poco la mano, porque la pobre Lila blanqueó los ojos, parpadeó sin cesar, y solo volvió a la normalidad cuando la solté. Temí haberme pasado.

—¿Qué haces? —preguntó, desorientada.

Entonces retrocedí, nerviosa. Algo podía haber fallado.

—Ehh, yo…

—¿Desde cuándo miras el canal de la NASA? —agregó, como si no hubiese sido ella la que lo había sintonizado en primer lugar, antes de ver la repetición del anuncio de mi ex en la imagen—. ¡Oh, Dios mío! ¡Ése es Dante!

Volví a sentarme en mi cama, aliviada. Mi amiga había regresado, con las palabras sin sentido entre grititos de emoción. Porque, sí, conocer al primer tripulante de un viaje a otro planeta debe ser emocionante. Lo vi en los ojos del mismo Dante, hace algunos años, y en los de mis amigas de la infancia, en mi casa.

+++

Relato escrito para el Reto Tahisiano de septiembre
Hice mezcla de elementos, así que el bloque elegido es el G (con la Trama nº 2 del bloque F y el personaje del bloque E). Para saber más sobre este reto y cómo participar, pueden ir a este enlace.

Última danza (Reto Tahisiano - Agosto)

Última danza (Reto Tahisiano - Agosto)

28 agosto 2016

AruniEstaba atrapada, atada por aquellas palabras al círculo trazado con sangre sobre la arena. El frío de la madrugada en pleno desierto la había impresionado, pero no tanto como la sed que brillaba en los ojos del hechicero y sus aprendices cuando la convocaron. La oscuridad del conjuro intentaba cegarla, la densidad del aire era asfixiante y, sin darse cuenta, ella sola ya había levantado un remolino de fuego que se perdía en las alturas. Con todo, seguía presa de quien fuese que la había llamado.

El mayor de todos, un humano rodeado de un aura tan pesada que era imposible de ignorar, le hablaba a gritos, sin cesar. Repetía palabras inconexas, una y otra vez. Y Aruni sacudió la cabeza, desesperada. Chilló en su propia lengua. Lo único que logró fue entusiasmar más a los otros humanos del círculo, que la observaban como si se la fuesen a devorar.

Ella hubiese querido avisarles que ya tenían su atención, que no necesitaban seguir molestándose con demostraciones. ¿Qué favor querían pedirle? ¿De qué falta contra la naturaleza querían hacerla cómplice? Pero no sabía nada sobre el lenguaje de los humanos. Apenas sabía comunicarse con las salamandras de los niveles superiores, que la llenaban de órdenes y de prohibiciones de acercarse a los límites de aquella dimensión. A una elemental tan joven como ella, la curiosidad la había puesto en una situación de la que no podría salir.

Entonces, se le ocurrió apostar por utilizar la energía del lugar. Kidara era un terreno tan castigado que latía con magia propia. Tal vez ni ella misma saliese intacta de aquello, pero comenzaba a sentir que aquel hechicero no estaba interesado en lograr su cooperación por las buenas. Destruir, escapar y luego enfrentar el castigo de no ascender jamás. O morir allí, para que su esencia fuese repartida entre aquellos humanos de ojos aterradores.

Al momento de hacer su elección, un sonido de afuera del círculo la interrumpió. Fue una voz poderosa que se metió en sus pensamientos y hubiera sido la causa de que su resistencia se rompiese, de no ser porque tuvo el mismo efecto sorpresa en su captor.

—¡Basta!

Era el grito de un humano, un joven que acababa de encontrarse con la escena del ritual y no parecía contento. La confusión del hechicero fue palpable, porque empezó a hablar en un tono mucho más calmado, aunque pareció tener problemas para enhebrar lo que decía. Y Aruni sintió que envidiaba aquella capacidad de comprensión entre ellos. Hubiese dado lo que fuese por saber qué acababa de decir aquel chico.

El mayor perdió su concentración, los demás hambrientos parpadearon, sin el brillo extraño en sus miradas, y las amarras invisibles que la mantenían allí se hicieron débiles. Al demonio con las palabras. Eso fue suficiente para ella.

Lo que siguió a aquello fue más que obvio: convertir en una bola de fuego al humano que osaba meterse con una salamandra de nivel ejecutor era lo menos que podía esperarse. Aunque, del resto, se encargó el otro joven. Aruni había caído en la cuenta de que iba a perder todo lo que había logrado con aquella falta. Los elementales no estaban para hacer daño a ningún ser que poblase la tierra. Aunque las reglas no estuviesen hechas para casos excepcionales como aquél.

Igual, podía ser que nadie supiese lo de aquella noche y ella ascendiese para ayudar a cambiar del todo aquellas reglas estúpidas.

Se dio cuenta, en ese instante, de que el chico era el único que quedaba con vida en semejante escenario. Aparte de ella. Y le hablaba, desesperado. Aruni lo observó, fascinada. No entendía uno solo de los sonidos que él emitía, pero sabía que lo había asaltado el mismo arrepentimiento por lo que acababa de ocurrir. Con la diferencia de que ahora venían más. Y podían elegir no seguir metiéndose en líos.

Él perdió la paciencia y dejó de hablarle, para alzar las manos y taparse el rostro, al borde del llanto. Aruni sintió que la invadía la ternura. Y se juró que algún día le agradecería el favor, como era debido. Antes de que una horda de humanos llegase hasta ellos, en medio de aquella noche que volvía a ser oscura y fría, alzó un dedo y los transportó a ambos lejos de allí.

Dejó al muchacho en las cercanías de un huerto familiar, en un pueblo al otro lado de la frontera. Ella volvió a su dimensión, dispuesta a no acercarse a los límites de nuevo.

No pudo ser. Las altas esferas saben todo lo que se necesita saber. Más cuando se trata de asuntos tan delicados que pueden perjudicar o beneficiar a ambos mundos. Y así, Aruni se vio relegada a tratar con los asuntos de los elementales que vivían en la tierra de los humanos, incluso de aquellos que osaban mezclarse con ellos al punto de engendrar híbridos.

Aprendió sobre las palabras, el poder que puede lograrse a través de ellas. Recordó la última que el mago maldito había pronunciado para eliminarla y robarle su energía. La usó para dar nombre a la ciudad refugio que levantó para que fuera su base. Y supo sobre los cazadores. Seres despreciables, que tomaban a todo el que fuese diferente, que tuviese una pizca de sobrenatural en su sangre y la exprimían con el fin de convertir ese mundo en algo plano, apagado, seco.

Se convirtió en la alcaldesa de una ciudad en la que los cazadores entraban, buscando presas para convertir en pesadas bolsas de monedas, y ya no salían. Cada vez que veía llegar a un mago de ojos inquietos, temía ver de nuevo a aquel chico. Esperaba no volver a encontrarlo, no así. Porque las palabras ya no surtían efecto en ella y, si las escuchaba, no eran más que la música bonita del preludio a los gritos y las súplicas, las maldiciones, que luego se derretían junto con la carne. Podían brillar hasta morir. Podían llenarse de gloria por un momento, si querían. Los suyos estarían a salvo mientras ella mandase allí.

Un día, uno de sus sirvientes llegó con una descripción de lo más extraña sobre un grupo de tres forasteros. Lo envió a darles la bienvenida, como siempre hacían con los caminantes desprevenidos, mientras ella se escondía como bailarina en el palacio dorado del centro. La ciudad entera los observó, como un solo ojo. Sintió que era valuada en oro y sus habitantes eran tasados como piezas a ser vendidas. Los que habían cruzado las puertas de Refulgens eran cazadores. Aruni ya había perdido la cuenta de todos los que había eliminado hasta el momento.

Cuando los extraños se sentaron a cenar en el palacio, cansados de andar y con los ojos llenos de admiración por las piedras y metales preciosos que cubrían los objetos, la música comenzó a sonar. El conjuro cubría a los silfos de la orquesta, para convertirlos en humanos ante los invitados. Las hadas que abrieron el baile no llamaron la atención más que por el movimiento de sus caderas. La comida llena de hierbas somníferas no haría efecto hasta entrada la noche. Y Aruni se divertiría, sacando información de distintos objetivos, tomando hasta la última idea sobre los planes del rey para acabar con los suyos, hasta que ya no les fuesen útiles.

O eso pensaba. Porque al ingresar al salón, vestida con su mejor traje y sus joyas, se dio con el mismo chico del desierto. Y se dio cuenta de que sí lo había estado esperando todo ese tiempo. Él estaría allí, tarde o temprano, con esos ojos amarillos como el sol y ese cabello oscuro, tan alto como lo recordaba, —en realidad más, pero manteniendo las proporciones con ella—. Habían pasado los años. Los dos habían crecido, hasta convertirse en la presa que el otro cazaba. ¿Él la habría estado buscando también? ¿Por qué no parecía reconocerla?

La percusión en los tambores le indicó que era el momento de salir a escena. Inspiró hondo, con un cosquilleo en todo el cuerpo por la anticipación. Tenía una deuda con aquel muchacho convertido en hombre. ¿Qué haría con el cazador? ¿Sería parte indivisible de su persona?

Aruni comenzó a moverse, al ritmo ondulante de las flautas, y se dejó llevar por la melodía. Sintió la atención de su nueva presa, que no le quitó la vista de encima en todo lo que duró el primer acto. Podía darse un último gusto, bailar para él una sola vez, luego decidir en qué celda lo encerraría para interrogarlo. Porque podría escucharlo hablar, por fin, y responderle.

¿Qué haría con su papel de ejecutora? ¿Era tan malo haberlo esperado, como ilusa?

Entonces pasaron las canciones, los platos llenos de comida envenenada y los jarrones de bebidas. Los acompañantes del cazador se durmieron, él debió notar que algo no estaba bien, porque se levantó e intentó marcharse con ellos a rastras. Aruni hizo una seña a sus ayudantes, las puertas del palacio se cerraron, las ventanas fueron bloqueadas.

¿Qué haría con la alegría que la había invadido de solo verlo?

Él avanzó hacia las escaleras, nervioso, y fue rodeado en silencio por los demás asistentes de la cena. Entonces, la miró. Por un momento, pareció darse cuenta de que no era la primera vez que se encontraban. Aruni sonrió, dividida entre el deseo de venganza y otro deseo, desconocido, intenso.

—Iba a mantenerlos aquí hasta mañana al mediodía, que es mi hora de mayor poder pero, en fin. Bienvenidos a Refulgens, cazadores.




+++

Relato escrito para el desafío de Edith Tahis Stone con el bloque C, de canciones.

La canción es Dernière danse de Indila. La letra y el video me recordaron a la inocencia y el poder destructivo que viven a la vez en Aruni. Ella es un personaje de Refulgens, la mini novela de fantasía y aventura que estoy re-escribiendo.
Encuentro (Reto Tahisiano de Julio)

Encuentro (Reto Tahisiano de Julio)

17 julio 2016

hopeDe pronto se hizo el silencio y más de doscientas personas se quedaron estupefactas a la vez. En la barricada improvisada, los soldados de la resistencia humana observaron cómo el atacante huía en retirada. Y no era por ellos, sino por un joven desconocido de cabello rubio que blandía una espada. Maira, la líder del grupo de los últimos terrícolas vivos de la región, casi soltó su rifle por la sorpresa.

La tensión los paralizó a todos. Había sido una pelea entre dos seres fuera de lo común. Uno, porque era un dios renegado que había decidido limpiar el planeta de seres humanos, el otro, porque había aparecido de la nada y había podido llevarle el ritmo sin caer fulminado.

No cabía duda. Si el joven había mantenido una pelea de igual a igual con el enemigo, también podría barrer con ellos con un movimiento de sus manos y sin despeinarse. Sin embargo, lo único que hizo el chico fue caer de rodillas, exhausto.

Poco a poco, los demás comenzaron a reaccionar.

—¿Aquel mocoso acaba de espantar al monstruo solamente con la ayuda de una espada?

—Podría jurar que lo rodeaban las llamas hace un rato. ¿Cómo es que está vivo?

—¡Lleva la insignia de la Corporación en la chaqueta! ¿Pero qué…?

Maira los calló, irritada. Sus ojos negros no podían dejar al objetivo en la distancia, por si decidía regresar.

—Olviden eso —dijo por el radio, aún concentrada en el punto negro que se hacía cada vez más pequeño en el cielo—, lo que importa es que lo está enfrentando. Si él es su enemigo, entonces puede ser nuestro aliado.

Cuando ya fue evidente que estaban a salvo, por el momento, la discusión sobre el salvador desconocido volvió a subir de tono. La joven abandonó su posición y se acercó al que estaba tirado en medio de los restos de la batalla, lo que provocó un movimiento sincronizado de sus subordinados para protegerla.

—Últimamente aceptas a cualquiera en el grupo, Maira —la regañó Lee, su segundo al mando.

—Para empezar, te acepté a ti, así que puede que tengas razón —contestó ella, agotada—. Pero hay una realidad y es que necesitamos a todo el que nos sea útil. —Dicho esto, se detuvo junto al guerrero y le habló con cautela—. Hey, ¿te encuentras bien?

El joven pareció volver del límite de la inconsciencia y se irguió con brusquedad. Tuvo que quedarse sentado y levantar sus manos, ante la multitud de armas que apuntaron a su cabeza.

Maira lo observó con cuidado y, tras unos segundos, ordenó que bajaran los rifles.

—Vamos de nuevo —concedió ella—. Somos la Resistencia. Hemos visto lo que hacías con ese maldito, queremos felicitarte y ofrecerte nuestra ayuda.

Él no se movió, pero los miró a todos con el azul de sus ojos convertido en dos témpanos. No pareció temerles. En realidad, les habló como si fuesen un conjunto de niños que jugaban en terreno minado.

—¿Qué ayuda? —preguntó, espantado—. ¡No! ¡Lo que tienen que hacer es correr a los refugios, marcharse de aquí lo más rápido que puedan sin mirar atrás!

Maira elevó una ceja. Los demás se indignaron y soltaron algunos insultos hacia el que seguía en el suelo. Lee dio una palmada en el hombro de la muchacha, con impaciencia.

—Suficiente. Él se negó. Ahora volvamos a lo nuestro.

—Está herido, no vamos a dejarlo así —murmuró ella—. Ayúdame a cargarlo en la furgoneta.

—¿Qué? ¿Cómo se te ocurre que vas a llevarlo a nuestro escondite? ¡Tengo a mis hermanos allí, todavía están recuperándose de la explosión del refugio anterior!

—Es un guerrero y nos será útil. Ahora necesita nuestra ayuda, mira su pierna derecha.

La discusión, en murmullos furiosos, llegó a oídos de todos los que estaban a su lado. Incluyendo al desconocido.

—Tal vez sea lo único que impide que nos asesine. Debe ser uno más de esos dioses de mierda.

—¡Márchense! —gritó él, muerto de vergüenza—. ¡Sé cuidarme solo!

La indecisión en los demás, que no sabían si debían darle la bienvenida al extraño o acabar con él antes de que enviase a su jefa al Otro Mundo, hizo que los cañones de varias armas subieran y bajaran, apuntando al chico por momentos.

—Está shockeado.

—Es idiota.

—Da lo mismo, es fuerte y me sirve —decidió ella, poniendo punto final—. Me lo llevo y ustedes me van a ayudar a cargarlo.

—Los estoy escuchando y no soy un repuesto mecánico —replicó el guerrero, desde el suelo—. No pueden decidir así por mí.

La muchacha dio un par de órdenes y, en pocos minutos, se levantaron las armas y el equipamiento de medición que habían instalado para vigilar al dios asesino. La gente se dividió en grupos, por vehículos, para ir desapareciendo de la escena. Entonces, ella se acercó otra vez al herido y se arrodilló a su lado, sin perder a una de sus escoltas armadas en ningún momento.

—Muy bien, entonces usa tu poder de decisión, chico —le dijo, extendiéndole su mano—. Apóyate en mi hombro y te ayudaré a subir a nuestro transporte.

El orgullo herido en aquella mirada azul era demasiado grande. Había estado cerca del enemigo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos podría estar, y había salido vivo. La frustración podía darle motivos para seguir luchando. O podía hundirlo del todo.

—No pienso ir con ustedes —siseó, como si el ofrecimiento le hubiese dolido.

—Quédate a morir, si es lo que quieres —contestó ella, antes de volver hacia los vehículos de su gente.

No tardó mucho en oír cómo el chico caía al suelo, en el intento por levantar el vuelo otra vez. En silencio, hizo una seña a sus dos colegas más cercanos y siguió hacia la furgoneta, donde se sentó en el lugar del conductor. Estos regresaron y cargaron al herido, de mala gana, en la parte de atrás del vehículo. El chico se dejó llevar, con los dientes apretados y sin poder mirar de frente a sus salvadores.

—Mi nombre es Maira —le dijo ella, una vez que todos estuvieron en marcha—. Ellos son mis mejores soldados sanos en este momento, así que verás que el marcador no está muy bien del lado de nuestro bando.

—Un gusto, Maira —respondió él, apenado—. Mi nombre es Tomás y estoy tratando de acabar con la amenaza sin que ustedes se arriesguen. Tampoco lo estoy logrando muy bien que digamos.

Algunos resoplaron, incrédulos. Otros lo miraron con admiración. A esas alturas, había muchas fuerzas que sobresalían de lo que antes se consideraba normal. Tener a una de ellas en el bando de los humanos podía ser algo bueno.

La joven al volante continuó hablando, sin mostrar ninguno de los dos extremos en su reacción.

—Tendremos que hacer algunos ajustes a nuestros planes. Ahora que te encuentro, creo que puedo hacerlo.

Esta vez, era el turno del tal Tomás para mostrar una sonrisa de incredulidad. Y no lo hizo. Maira notó que el chico observaba con mal disimulada curiosidad a cada miembro de la Resistencia. Entonces, su mirada se cruzó con la de ella sobre el espejo retrovisor y con rapidez se desvió en otra dirección.

—Déjame en la entrada de la Corporación —pidió él, luego de un rato de silencio—. Allí tengo cómo curarme.

—¿La Corporación? —se sorprendió ella—. Supongo que te refieres a la pila de escombros donde alguna vez estuvo.

—No necesitas saber la ubicación de mi refugio, así como yo no necesito saber la del tuyo.

Ahí estaban, los últimos coletazos del orgullo destrozado en el guerrero que podía volar, lanzar ataques de fuego por sus manos y mirar cara a cara al dios caprichoso que había decidido exterminarlos a todos.

El grupo lo miró. Algunos de sus integrantes, realmente enfurecidos.

—Jefa, ¿lo tiro del coche ahora, o va a dejarme darle una paliza antes? —dijo alguien, en el asiento de atrás.

—Alguna vez conocí a los fundadores de la Corporación —contestó Maira, reconociendo que había dicho la primera crueldad al respecto—. Creo que son responsables de buena parte del lío en el que estamos metidos, pero también fueron grandes aliados. Debes ser el último sobreviviente.

Aquellos ojos azules no mentían. Él debía ser descendiente de los antiguos dueños de aquel imperio electrónico.

—El penúltimo —admitió él, relajándose un poco—. Vivo con mi madre, buscando la forma de revertir esta maldición.

La muchacha sonrió. Había dado en el blanco y eso significaba que el mundo no estaba tan perdido si todavía había alguien buscando la solución dentro de aquellos laboratorios.

—Supongo que la mecánica y los asuntos de los dioses no son muy compatibles —bromeó, intentando no delatarse ni decir nada que pudiese volver a molestar al joven.

Lo oyó sofocar una risita. El humor negro estaba muy de moda en medio del fin del mundo, sí señor.

—Parece que no, pero igual lo intentamos.

Justo cuando comenzaban a sentirse más cómodos, llegaron a la intersección de la calle donde alguna vez funcionó la Corporación y la que debían seguir ellos para llegar a su refugio.

—Bien, te dejaré aquí —dijo, dándole el tiempo para apoyarse en un bastón improvisado que Lee le entregó a regañadientes—. Voy a tomar la responsabilidad de confiar en ti, Tomás. Tal vez, si revisas algún archivo de los de tu madre encuentres algo sobre mis orígenes. Si quieres confiar en mí, será mejor que no lo leas. En cambio, te recomiendo que vengas a ver lo que estamos haciendo en nuestro refugio. La humanidad nos necesita ahora.

—Voy a pensarlo —respondió el chico, y fue como si una luz distinta iluminara sus facciones.

—Yo estaré atenta a la próxima batalla para colaborar contigo. En algún momento, podremos trabajar juntos contra el enemigo.

Él carraspeó, con un gesto de tristeza o culpabilidad que ella no alcanzó a descifrar del todo.

—Deberías concentrarte en buscar un escondite más alejado para todos —la aconsejó, como si no hubiese sido él el rescatado, sino ella.

—Y tú deberías dejar de pelear solo —rebatió Maira—. Hasta la próxima, guerrero.

—Adiós.

Se despidieron con un movimiento de cabeza, antes de que ella arrancase el motor y desapareciera por lo que alguna vez fue la calle principal de aquella metrópolis. En otras circunstancias, podrían haber sido más cautelosos con sus alianzas, podrían haberse hecho mil preguntas sobre todos esos espacios vacíos en aquella presentación apresurada. Pero, en ese universo, aquellos Tomás y Maira se dejaron llevar por la primera buena impresión.

Ella aferró el volante con fuerza, para distraerse de la visión del chico que aún la miraba de pie en la calle, desde el espejito. Se dedicó a trazar planes en su cabeza, con el nuevo guerrero en ellos, y sus labios se rindieron a la sonrisa de esperanza que venían resistiendo desde hacía un rato.



+++

Mini relato escrito para el desafío de Edith Tahis Stone con el bloque B, de frases. He tomado la frase de inicio dada por ella: “De pronto se hizo el silencio y más de doscientas personas se quedaron estupefactas a la vez” y la frase inspiradora de fondo “Con todos los problemas que hay en su vida, la chica consigue sonreír y se propone que a partir de ese día, buscará un motivo por el que valga la pena sonreír a diario.”
No se me ocurría nada, entonces apareció un fanfiction salvaje. Me salió friki la musa, así que le hice caso y luego lo modifiqué para que pudiera ser un relato mío en el blog (la versión fanfiction va para la página del fandom correspondiente).
Espero que lo hayan disfrutado, estos dos personajes tienen un lugar muy especial en mi corazoncito fangirl y, como la historia está en emisión todavía, espero que lleguen a tener un buen final juntos. Si reconocen de qué serie se trata, les regalo un caramelo.
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