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Ciencia Ficción
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Apolo Bunny

Apolo Bunny

12 julio 2017

reto quinceLos pies de Amstrong hicieron el descenso por la escalera del Águila con mucha lentitud. Quería saborear el momento. Sentir el peso de la Historia —con mayúsculas— posarse sobre sus hombros en un ambiente tan irreal como ése. Tomar cada pedacito de experiencia, grabarlo en su memoria y llenarlo de significado, para poder transmitirlo a su familia y amigos en el futuro.

—Estoy en el pie de la escalera —dijo, en voz bien alta, sin dejar de aferrarse a la baranda—. Las patas de la nave están enterradas en la superficie unas dos pulgadas. Aunque la superficie parece muy granulada, cuando te acercas es casi como polvo. La masa del suelo es muy fina.

No podía dejar de imaginar su voz convertida en ondas que viajaban a través del espacio, llegaban a la Tierra y atravesaban la atmósfera, hasta el cuartel general. No podía dejar de pensar en la pequeña frase que diría luego, para inmortalizarla.

—Ahora voy a pisar fuera del módulo —anunció, con una tranquilidad ensayada millones de veces.

Una ligera vacilación. Un movimiento ínfimo. Todavía aferrado con la mano derecha a la nave, enterró su bota blanca en el suelo polvoriento. Su corazón iba a dar un vuelco. Entonces creyó ver, de reojo, que algo se movía a su izquierda. Desechó la alarma que saltó en su mente. Sabía que su cabeza estaba llena de estímulos nuevos y los recibía todos a la vez.

—Un pequeño paso para el hombre —recitó—, un gran paso para la… ¡Mierda! ¡Houston, tenemos un conejo!

Por unos instantes, el silencio y la sorpresa habían cortado toda conexión del astronauta con el resto de la humanidad. Igual, aquella soledad estelar no duró mucho. El horror inicial dio paso a una serie de gritos y de preguntas desordenadas del otro tripulante de la nave, Buzz Aldrin, y de una histeria de fondo a la comunicación desde la Tierra.

«Base Houston. Este no es momento de hacer bromas, comandante. No olvide que estará en televisión nacional. Le pedimos que nos confirme su estado. Ahora».

—¡No es ninguna broma! —gritó Amstrong, desesperado al intentar correr y enredarse con el cable que lo ataba a la nave—. ¡Es un conejo gigante, en dos patas! ¡Y la cámara que traigo no enciende!

—¡Aldrin reportándose, voy a comenzar ahora el descenso del Águila!

«¿Han enloquecido, los dos? ¡Hay un protocolo, no pueden hacer lo que se les dé la gana! Piloto Aldrin, ¡se le prohíbe moverse de su lugar ahora!».

Acto seguido, las cámaras y micrófonos del módulo lunar entraron en una ruidosa interferencia. No hubo más comunicación con los dos astronautas.

El Columbia quedó en órbita por un día más. El ocupante del módulo de mando, Collins, esperó alguna señal de sus compañeros. Las grabaciones del llanto y los rezos temblorosos del hombre durante esas horas quedarían para siempre, archivadas, en algún rincón oscuro de los cuarteles de la NASA. Pero el Águila no abandonó la superficie lunar y no hubo ni una sombra más sobre el lugar.

La semana siguiente, un grupo armado del ejército norteamericano llegó a la Base Tranquilidad. Mal entrenados, asustados y con los ojos de un planeta entero sobre ellos, abordaron al módulo lunar vacío. No hallaron sangre, ni rastros de que nadie hubiera regresado.

Nixon ordenó declarar a la Luna como territorio enemigo y hubo protestas en las calles por los rumores de bombardeo al satélite. Nada más ocurrió. Poco después, el regreso de Elvis Presley a los escenarios, en un hotel de Las Vegas, ocupó todas las portadas de los diarios. La Luna y su misterio pasaron al olvido.

Al año siguiente, se estrenó la película «Houston, tenemos un conejo». Fue un verdadero éxito.

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Relato para el reto número quince de El libro del escritor. Me encanta la leyenda del conejo en la luna. No puedo creer que volví a escribir un relato, luego de casi quince días de que no saliera nada de mi cabeza. (En el título, la idea era poner Apollo Bunny, con el nombre en inglés de la nave y la misión, pero me sonaba muy feo. Lo dejé en Apolo y lo de Bunny en inglés, como imaginé que lo llamaría la prensa acá, en homenaje a Bugs Bunny). 
27 lunas

27 lunas

22 abril 2017

te reto con un titulo uno—Comandante Red reportándose —dijo, algo nervioso por el radio de la nave.

Era la primera vez que tenía contacto con Urano. Se contaban miles de historias escabrosas sobre los que habitaban el pequeño territorio, preparado por el ejército de ocupación y protección del sistema solar.

—Bienvenido, Comandante —respondieron desde la base.

Red suspiró, la voz parecía joven. Era femenina y no parecía hostil.

Dejó de lado los prejuicios y fue al grano, mientras el tablero emitía luces alarmantes y llenaba de sonidos la cabina.

—Solicito permiso para uranizaje de emergencia. He dado con la estela electromagnética de la cola de un cometa en mi trayecto —explicó, sintiendo el sudor frío correr por su espalda—. No llegaré a mi destino en Saturno, a menos que haga unos ajustes en la nave.

Hubo un tenso silencio del otro lado. Red maldijo su suerte, en aquel rincón tan extraño del sistema solar. La voz uraniana regresó.

—Nuestro superior está encargándose de unos asuntos, Comandante —anunció—. Él es el único que puede autorizar la entrada de cohetes a nuestra región. Tendrá que aguardar a su regreso.

—¿Cómo? ¿Pero no hay un reemplazo? ¿No hay nadie que pueda tomar decisiones en su ausencia?

—No, Comandante —dijo, luego su tono adquirió una alegría insana mientras proponía una alternativa—. Lo que sí podemos hacer por usted es ofrecerle nuestro espectáculo más reciente de las veintisiete lunas, mientras espera.

El viajero sintió un escalofrío al imaginarse muriendo mientras ellos ni se enteraban, o lo tomaban como algo de lo más interesante en su cielo lleno de rocas congeladas. Él sería una más. Tal vez lo adoptarían por un tiempo como la luna número veintiocho.

«Manga de tarados. El hielo de Urano les ha congelado el cerebro».

—¡No me importan sus lunas! Quiero hablar con alguien que me permita entrar, o juro que lo haré de todas formas.

—Le aconsejamos no hacerlo, señor Red —sugirió la voz de la joven, con frialdad profesional, desde la salida de audio de la cabina—. Aún si llegara a pasar las capas de hielo, nuestros misiles pueden ser disparados por cualquiera de nosotros si hay intrusos.

Red se indignó y golpeó el tablero con el puño. Lo único que logró fue la aparición de más luces rojas y alarmas molestas.

—¿Los dejan usar armas y no permitir un uranizaje de emergencia? ¡Son idiotas! ¡No se los pediría si no lo necesitara!

Otra pausa en la comunicación.

—Hemos avisado a nuestro comandante —anunció la muchacha, al regresar poco después—. Dijo que nadie que no pueda apreciar a las veintisiete lunas es digno de pisar nuestro suelo. Solo serán unas horas. De paso, le dará tiempo a usted de esperarlo y recibir sus instrucciones para pasar por la parte segura de nuestra atmósfera. No podrá hacerlo sin él.

Red volvió a su silla, resignado.

—Está bien. Por eso dicen que jamás vayas a pedir ayuda a Urano. No pensé que fuera tan literal. Pongan el espectáculo. Igual moriré si me marcho de aquí.

—Las lunas lo mantendrán a salvo, señor —lo alentó la voz, con una suavidad llena de fé—. Este universo nos da tormentas magnéticas, nubes de asteroides y cometas, pero también nos entrega su belleza para que elijamos salvarnos con ella. Tómese de la belleza, señor Red. Y espere nuestra ayuda, pronto llegará.

Él se reclinó en su asiento y prestó atención al vacío, que dejaba de serlo para llenarse de puntos de colores y hologramas de los satélites uranianos que no estaban disponibles en aquel sector de la órbita.

«Ya sabía que eran unos dementes. La palabra lunáticos les queda corta. Deberían inventar una nueva, como uraniáticos».

Titania y Oberón comenzaron a reproducir imágenes en sus superficies, con la melodía del Lago de los cisnes de Chaikovski de fondo a través de los transmisores. Red podría haber cerrado el sonido, tomarse una siesta, ignorar la propaganda religiosa del culto de los uraniáticos. Pero tenían algo de razón. Había una belleza sobrecogedora en aguardar la salvación o la muerte en medio de ese paisaje.

Se quedó frente a la imagen enorme del espacio y la danza de las lunas. El sistema de calefacción comenzaba a fallar. Él estaba temblando y ni se había dado cuenta. Pero el baile era bonito. Inspiró hondo, apagó los controles y se entregó a su destino. Fuera cual fuera.

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Puse 27 lunas en google y me apareció Urano. Imaginé a un grupo de astronautas locos en medio de la nada, creando su propia religión nueva y haciendo enloquecer a los viajeros que cayeran en sus manos. Debo leer más ciencia ficción.
Emoción (Reto Tahisiano Septiembre)

Emoción (Reto Tahisiano Septiembre)

25 septiembre 2016

emoción
Las buenas noticias no vuelan. Flotan con suavidad. Se mecen por el aire, al estilo de las pompas de jabón que tanto me gustaron cuando llegué aquí. En cambio, las novedades más desagradables, las que no queremos escuchar, se comportan como el agua. Fluyen por la grieta más pequeña de la puerta mejor cerrada y van venciendo esa resistencia. En especial, cuando a las personas de tu entorno les hace gracia abrir una rendija y ver qué ocurre. Si total, no son ellos los que están al interior de la fortaleza, en peligro de ahogarse de recuerdos.

Eso debe explicar que me olvidase de respirar por un buen rato, cuando mi compañera corrió a poner el canal de las noticias, gesticulando y diciendo algo entre grititos de emoción. Acababa de mencionar a Dante. Estaba segura. Sentí las pulsaciones en mi cabeza, mi piel se puso algo pálida, mis uñas se volvieron azules por un instante, pero a Lila no le alcanzaban los ojos para fijarse en tantos detalles. Con la pantalla minúscula de la tv empotrada en nuestra habitación de la universidad ya tenía desafío suficiente.

La foto del joven moreno de rizos oscuros y mirada seria que mostraba el comunicado me trajo a aquel adolescente con el que viví los meses más intensos en este lugar. Y no había cambiado demasiado, por lo que se veía en las filmaciones de la conferencia de prensa de la NASA.

«Quiero saber más de ti».

Sonreí y me acerqué a verlo mejor. El anuncio incluía las palabras «viaje sin retorno» y «estación espacial». Sabía que él lograría todo lo que se propusiera. Tenía la inteligencia y la disciplina para vencer cualquier obstáculo. Incluyéndome a mí.

«Esto es importante. Juntos podríamos lograr tantas cosas».

No podía evitar decir que era una pena. Si, al menos, me hubiese visto como la chica enamorada que era, y no como a uno de sus problemas matemáticos a resolver. Esto era casi una traición. Una declaración de problemas.

—Fedra, ¡tienes los labios azules! —exclamó Lila, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Te sientes mal? ¿Ha sido mucha la impresión? ¡Lo siento, de verdad! ¡Lo siento tanto!

Entonces, recordé lo más importante.

«¡Voy a resolver este misterio! ¡Sea contigo o sin ti, Fedra! ¡Iré a Marte, sea como sea!»

No. Eso no. Me refiero al bendito oxígeno de este planeta de bobos. Mi cuerpo se había acostumbrado tanto a este gas, que no podía pasar sin él más de unos minutos.

—No te preocupes, lo superaré —respondí, tomando una bocanada de aire.

—De verdad, no te ves bien. Voy a llamar al servicio de emergencias.

La detuve y la convencí, más con mi pensamiento que con mis palabras, de que mi apariencia era normal y que lo mejor era seguir con lo que venía diciendo. Creo que se me fue un poco la mano, porque la pobre Lila blanqueó los ojos, parpadeó sin cesar, y solo volvió a la normalidad cuando la solté. Temí haberme pasado.

—¿Qué haces? —preguntó, desorientada.

Entonces retrocedí, nerviosa. Algo podía haber fallado.

—Ehh, yo…

—¿Desde cuándo miras el canal de la NASA? —agregó, como si no hubiese sido ella la que lo había sintonizado en primer lugar, antes de ver la repetición del anuncio de mi ex en la imagen—. ¡Oh, Dios mío! ¡Ése es Dante!

Volví a sentarme en mi cama, aliviada. Mi amiga había regresado, con las palabras sin sentido entre grititos de emoción. Porque, sí, conocer al primer tripulante de un viaje a otro planeta debe ser emocionante. Lo vi en los ojos del mismo Dante, hace algunos años, y en los de mis amigas de la infancia, en mi casa.

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Relato escrito para el Reto Tahisiano de septiembre
Hice mezcla de elementos, así que el bloque elegido es el G (con la Trama nº 2 del bloque F y el personaje del bloque E). Para saber más sobre este reto y cómo participar, pueden ir a este enlace.

Encuentro (Reto Tahisiano de Julio)

Encuentro (Reto Tahisiano de Julio)

17 julio 2016

hopeDe pronto se hizo el silencio y más de doscientas personas se quedaron estupefactas a la vez. En la barricada improvisada, los soldados de la resistencia humana observaron cómo el atacante huía en retirada. Y no era por ellos, sino por un joven desconocido de cabello rubio que blandía una espada. Maira, la líder del grupo de los últimos terrícolas vivos de la región, casi soltó su rifle por la sorpresa.

La tensión los paralizó a todos. Había sido una pelea entre dos seres fuera de lo común. Uno, porque era un dios renegado que había decidido limpiar el planeta de seres humanos, el otro, porque había aparecido de la nada y había podido llevarle el ritmo sin caer fulminado.

No cabía duda. Si el joven había mantenido una pelea de igual a igual con el enemigo, también podría barrer con ellos con un movimiento de sus manos y sin despeinarse. Sin embargo, lo único que hizo el chico fue caer de rodillas, exhausto.

Poco a poco, los demás comenzaron a reaccionar.

—¿Aquel mocoso acaba de espantar al monstruo solamente con la ayuda de una espada?

—Podría jurar que lo rodeaban las llamas hace un rato. ¿Cómo es que está vivo?

—¡Lleva la insignia de la Corporación en la chaqueta! ¿Pero qué…?

Maira los calló, irritada. Sus ojos negros no podían dejar al objetivo en la distancia, por si decidía regresar.

—Olviden eso —dijo por el radio, aún concentrada en el punto negro que se hacía cada vez más pequeño en el cielo—, lo que importa es que lo está enfrentando. Si él es su enemigo, entonces puede ser nuestro aliado.

Cuando ya fue evidente que estaban a salvo, por el momento, la discusión sobre el salvador desconocido volvió a subir de tono. La joven abandonó su posición y se acercó al que estaba tirado en medio de los restos de la batalla, lo que provocó un movimiento sincronizado de sus subordinados para protegerla.

—Últimamente aceptas a cualquiera en el grupo, Maira —la regañó Lee, su segundo al mando.

—Para empezar, te acepté a ti, así que puede que tengas razón —contestó ella, agotada—. Pero hay una realidad y es que necesitamos a todo el que nos sea útil. —Dicho esto, se detuvo junto al guerrero y le habló con cautela—. Hey, ¿te encuentras bien?

El joven pareció volver del límite de la inconsciencia y se irguió con brusquedad. Tuvo que quedarse sentado y levantar sus manos, ante la multitud de armas que apuntaron a su cabeza.

Maira lo observó con cuidado y, tras unos segundos, ordenó que bajaran los rifles.

—Vamos de nuevo —concedió ella—. Somos la Resistencia. Hemos visto lo que hacías con ese maldito, queremos felicitarte y ofrecerte nuestra ayuda.

Él no se movió, pero los miró a todos con el azul de sus ojos convertido en dos témpanos. No pareció temerles. En realidad, les habló como si fuesen un conjunto de niños que jugaban en terreno minado.

—¿Qué ayuda? —preguntó, espantado—. ¡No! ¡Lo que tienen que hacer es correr a los refugios, marcharse de aquí lo más rápido que puedan sin mirar atrás!

Maira elevó una ceja. Los demás se indignaron y soltaron algunos insultos hacia el que seguía en el suelo. Lee dio una palmada en el hombro de la muchacha, con impaciencia.

—Suficiente. Él se negó. Ahora volvamos a lo nuestro.

—Está herido, no vamos a dejarlo así —murmuró ella—. Ayúdame a cargarlo en la furgoneta.

—¿Qué? ¿Cómo se te ocurre que vas a llevarlo a nuestro escondite? ¡Tengo a mis hermanos allí, todavía están recuperándose de la explosión del refugio anterior!

—Es un guerrero y nos será útil. Ahora necesita nuestra ayuda, mira su pierna derecha.

La discusión, en murmullos furiosos, llegó a oídos de todos los que estaban a su lado. Incluyendo al desconocido.

—Tal vez sea lo único que impide que nos asesine. Debe ser uno más de esos dioses de mierda.

—¡Márchense! —gritó él, muerto de vergüenza—. ¡Sé cuidarme solo!

La indecisión en los demás, que no sabían si debían darle la bienvenida al extraño o acabar con él antes de que enviase a su jefa al Otro Mundo, hizo que los cañones de varias armas subieran y bajaran, apuntando al chico por momentos.

—Está shockeado.

—Es idiota.

—Da lo mismo, es fuerte y me sirve —decidió ella, poniendo punto final—. Me lo llevo y ustedes me van a ayudar a cargarlo.

—Los estoy escuchando y no soy un repuesto mecánico —replicó el guerrero, desde el suelo—. No pueden decidir así por mí.

La muchacha dio un par de órdenes y, en pocos minutos, se levantaron las armas y el equipamiento de medición que habían instalado para vigilar al dios asesino. La gente se dividió en grupos, por vehículos, para ir desapareciendo de la escena. Entonces, ella se acercó otra vez al herido y se arrodilló a su lado, sin perder a una de sus escoltas armadas en ningún momento.

—Muy bien, entonces usa tu poder de decisión, chico —le dijo, extendiéndole su mano—. Apóyate en mi hombro y te ayudaré a subir a nuestro transporte.

El orgullo herido en aquella mirada azul era demasiado grande. Había estado cerca del enemigo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos podría estar, y había salido vivo. La frustración podía darle motivos para seguir luchando. O podía hundirlo del todo.

—No pienso ir con ustedes —siseó, como si el ofrecimiento le hubiese dolido.

—Quédate a morir, si es lo que quieres —contestó ella, antes de volver hacia los vehículos de su gente.

No tardó mucho en oír cómo el chico caía al suelo, en el intento por levantar el vuelo otra vez. En silencio, hizo una seña a sus dos colegas más cercanos y siguió hacia la furgoneta, donde se sentó en el lugar del conductor. Estos regresaron y cargaron al herido, de mala gana, en la parte de atrás del vehículo. El chico se dejó llevar, con los dientes apretados y sin poder mirar de frente a sus salvadores.

—Mi nombre es Maira —le dijo ella, una vez que todos estuvieron en marcha—. Ellos son mis mejores soldados sanos en este momento, así que verás que el marcador no está muy bien del lado de nuestro bando.

—Un gusto, Maira —respondió él, apenado—. Mi nombre es Tomás y estoy tratando de acabar con la amenaza sin que ustedes se arriesguen. Tampoco lo estoy logrando muy bien que digamos.

Algunos resoplaron, incrédulos. Otros lo miraron con admiración. A esas alturas, había muchas fuerzas que sobresalían de lo que antes se consideraba normal. Tener a una de ellas en el bando de los humanos podía ser algo bueno.

La joven al volante continuó hablando, sin mostrar ninguno de los dos extremos en su reacción.

—Tendremos que hacer algunos ajustes a nuestros planes. Ahora que te encuentro, creo que puedo hacerlo.

Esta vez, era el turno del tal Tomás para mostrar una sonrisa de incredulidad. Y no lo hizo. Maira notó que el chico observaba con mal disimulada curiosidad a cada miembro de la Resistencia. Entonces, su mirada se cruzó con la de ella sobre el espejo retrovisor y con rapidez se desvió en otra dirección.

—Déjame en la entrada de la Corporación —pidió él, luego de un rato de silencio—. Allí tengo cómo curarme.

—¿La Corporación? —se sorprendió ella—. Supongo que te refieres a la pila de escombros donde alguna vez estuvo.

—No necesitas saber la ubicación de mi refugio, así como yo no necesito saber la del tuyo.

Ahí estaban, los últimos coletazos del orgullo destrozado en el guerrero que podía volar, lanzar ataques de fuego por sus manos y mirar cara a cara al dios caprichoso que había decidido exterminarlos a todos.

El grupo lo miró. Algunos de sus integrantes, realmente enfurecidos.

—Jefa, ¿lo tiro del coche ahora, o va a dejarme darle una paliza antes? —dijo alguien, en el asiento de atrás.

—Alguna vez conocí a los fundadores de la Corporación —contestó Maira, reconociendo que había dicho la primera crueldad al respecto—. Creo que son responsables de buena parte del lío en el que estamos metidos, pero también fueron grandes aliados. Debes ser el último sobreviviente.

Aquellos ojos azules no mentían. Él debía ser descendiente de los antiguos dueños de aquel imperio electrónico.

—El penúltimo —admitió él, relajándose un poco—. Vivo con mi madre, buscando la forma de revertir esta maldición.

La muchacha sonrió. Había dado en el blanco y eso significaba que el mundo no estaba tan perdido si todavía había alguien buscando la solución dentro de aquellos laboratorios.

—Supongo que la mecánica y los asuntos de los dioses no son muy compatibles —bromeó, intentando no delatarse ni decir nada que pudiese volver a molestar al joven.

Lo oyó sofocar una risita. El humor negro estaba muy de moda en medio del fin del mundo, sí señor.

—Parece que no, pero igual lo intentamos.

Justo cuando comenzaban a sentirse más cómodos, llegaron a la intersección de la calle donde alguna vez funcionó la Corporación y la que debían seguir ellos para llegar a su refugio.

—Bien, te dejaré aquí —dijo, dándole el tiempo para apoyarse en un bastón improvisado que Lee le entregó a regañadientes—. Voy a tomar la responsabilidad de confiar en ti, Tomás. Tal vez, si revisas algún archivo de los de tu madre encuentres algo sobre mis orígenes. Si quieres confiar en mí, será mejor que no lo leas. En cambio, te recomiendo que vengas a ver lo que estamos haciendo en nuestro refugio. La humanidad nos necesita ahora.

—Voy a pensarlo —respondió el chico, y fue como si una luz distinta iluminara sus facciones.

—Yo estaré atenta a la próxima batalla para colaborar contigo. En algún momento, podremos trabajar juntos contra el enemigo.

Él carraspeó, con un gesto de tristeza o culpabilidad que ella no alcanzó a descifrar del todo.

—Deberías concentrarte en buscar un escondite más alejado para todos —la aconsejó, como si no hubiese sido él el rescatado, sino ella.

—Y tú deberías dejar de pelear solo —rebatió Maira—. Hasta la próxima, guerrero.

—Adiós.

Se despidieron con un movimiento de cabeza, antes de que ella arrancase el motor y desapareciera por lo que alguna vez fue la calle principal de aquella metrópolis. En otras circunstancias, podrían haber sido más cautelosos con sus alianzas, podrían haberse hecho mil preguntas sobre todos esos espacios vacíos en aquella presentación apresurada. Pero, en ese universo, aquellos Tomás y Maira se dejaron llevar por la primera buena impresión.

Ella aferró el volante con fuerza, para distraerse de la visión del chico que aún la miraba de pie en la calle, desde el espejito. Se dedicó a trazar planes en su cabeza, con el nuevo guerrero en ellos, y sus labios se rindieron a la sonrisa de esperanza que venían resistiendo desde hacía un rato.



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Mini relato escrito para el desafío de Edith Tahis Stone con el bloque B, de frases. He tomado la frase de inicio dada por ella: “De pronto se hizo el silencio y más de doscientas personas se quedaron estupefactas a la vez” y la frase inspiradora de fondo “Con todos los problemas que hay en su vida, la chica consigue sonreír y se propone que a partir de ese día, buscará un motivo por el que valga la pena sonreír a diario.”
No se me ocurría nada, entonces apareció un fanfiction salvaje. Me salió friki la musa, así que le hice caso y luego lo modifiqué para que pudiera ser un relato mío en el blog (la versión fanfiction va para la página del fandom correspondiente).
Espero que lo hayan disfrutado, estos dos personajes tienen un lugar muy especial en mi corazoncito fangirl y, como la historia está en emisión todavía, espero que lleguen a tener un buen final juntos. Si reconocen de qué serie se trata, les regalo un caramelo.
Trims (12 retos: reto 2)

Trims (12 retos: reto 2)

16 julio 2016

reescritura retoVolví de mi estado de inconsciencia pensando que solo había despertado de un largo sueño. Una siesta demoledora, de esas que lo dejan a uno sin saber qué día es, si tiene que levantarse de un salto porque va llegando tarde a alguna parte o si puede seguir durmiendo. Me estiré y me di vuelta en la cama hasta quedar boca arriba. Por cierto, las sábanas estaban más suaves y blancas que de costumbre. Tal vez eran nuevas. Y mi cama ya no hacía aquel ruido de resortes tan molesto. Me quedé quieto, en silencio, había algo extraño en todo eso y no lograba darme cuenta de qué era.

A lo mejor estaba confundido por el cansancio del día anterior. Aunque no había ninguna luz sobre mi cara, como todas las mañanas. Y eso podía explicarse porque no era de día.

La oscuridad de la habitación era total, así que me eché a un costado para alcanzar la mesita de noche y la lámpara. No necesité mucho más para darme cuenta de que ésa no era mi cama.

El espacio que tenía para moverme era mucho mayor al que estaba acostumbrado, había perfume de lavandería en la almohada y... mis ojos se acostumbraron a la noche. Vi la luna redonda, asomándose por un ventanal demasiado amplio, demasiado lejos, y reprimí un insulto. Mi habitación apenas alcanzaba para poner algún mueble. No tenía ventanas gigantes, ni catres Doble King Size. Mientras pensaba en eso, me di un susto de muerte. Algo acababa de moverse a mi lado, sobre el colchón. Y se suponía que yo dormía solo.

Decir que «me sobresalté» es ponerme fino, pero intenté no hacer ruido para no despertar a quien fuera que estuviese ahí. Me arrastré con cuidado hacia el lado opuesto de donde había venido la oscilación del colchón, y tuve que aguantarme otra puteada cuando me di cuenta de que estaba desnudo. Por completo.

La confusión me dejó paralizado. ¿Con quién me habría acostado? Hice otro tramo para separarme de la compañía desconocida y esta vez el movimiento fue mayor. No recordaba nada de haber salido con alguien aquella noche, lo único que sabía era que había estado con mis amigos, Jaiden y Marion, haciendo un experimento con manzanas en…

«Oh, no»

Había escuchado sobre los problemas de los primeros viajeros del Eon Tellus, hasta que se había encontrado un tejido capaz de resistir el traslado en el tiempo junto con el cuerpo humano. Los soldados aparecían desnudos en otra época, debían arreglárselas para conseguir vestimenta y refugio. Aquello era objeto de bromas en la actualidad, siempre había un chiste que comenzara con una situación así. Y, ahora, yo era el chiste.

Al menos, no estaba solo. El resplandor del EonTe nos había tragado a los tres juntos, eso sí que lo recordaba bien. Y, si estaba en lo cierto, no debía encender la luz o podía encontrarme con mis amigos en el mismo estado.

No. Miento. Por un segundo me vi tentado de alargar la mano hacia el cuerpo a mi lado, para comprobar si la piel de Marion era tan suave como parecía. Mis dedos temblaron de anticipación, mi boca se puso pastosa y tuve que tragar saliva antes de darme cuenta de que estaba actuando como un pervertido. Además, podía tener la mala suerte de manosear a Jaiden. La vergüenza y el asco no me dejarían en paz. Retraje el antebrazo, antes de arrepentirme.

Iba a decir algo para despertarlos, cuando el movimiento de la cama se hizo más violento. Quien fuera que estuviese a mi lado, acababa de levantarse de un salto. Ya debían estar despiertos, imaginé que el susto de verse en un lugar desconocido los habría puesto así. Solo que esperé a sentir el segundo deslizamiento sobre la cama, y este no apareció. Entonces la luz se encendió y las cosas terminaron de torcerse. No tuve tiempo de reaccionar. Tampoco encontré ninguna buena manera de hacerlo.

Yo estaba desnudo en una especie de suite de lujo, sobre una cama con la que no hubiera soñado siquiera. Y frente a mí, con la misma expresión de horror, había una réplica de mí mismo. Un Rowan Trim había caído por accidente al EonTe, dos acabábamos de despertar pasada la medianoche.


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Relato para el desafío de los 52 retos de El libro del escritor: Reescribe algo que escribiste hace tiempo, pero usa un narrador distinto.

Esto era parte de un capítulo de Paradoja, una historia de hace un par de años. Pensé que sería solamente cambiar el narrador omnisciente por la voz de Rowan, pero agregué alguna que otra cosita como para que no sea tan confuso.
Para saber más de la iniciativa, clic aquí
Iyuba (Reto Cinco líneas - Julio)

Iyuba (Reto Cinco líneas - Julio)

08 julio 2016

IyubaDerribó la puerta de una patada y apartó el barullo del camino, mientras avanzaba con urgencia. No fue fácil acarrear con tanto peso al salir. Así y todo, lo logró a tiempo. Volvió a su tamaño natural, puso lo que había sacado del corazón de su cliente en el contenedor de desechos emocionales y esperó, aburrido, a que los de la mudanza cerebral terminaran su parte del trabajo. No vio que, del basurero, algo goteaba, fluía y se pegaba a sus zapatos.



Las palabras del mes de julio son: barullo, mudanza y acarrear.


Si quieren saber más sobre el reto Cinco líneas de Adella Brac, pueden hacer clic en este link.


Silver - Capítulo final

Silver - Capítulo final

26 septiembre 2015

Silver
<<< Capítulo anterior

-¿Gray? ¿En dónde está Gray? preguntó Alba, la madre de la niña, en el palco que la familia había ocupado durante el comienzo del festejo y luego se había convertido en el refugio de los que no estaban afuera peleando.
¿No está con Bleich? respondió alguien. Vi que él iba hacia ella cuando ocurrió la explosión...
No, allí está Bleich corrigió un anciano de la familia señalando hacia un extremo del estadio, con el ceño fruncido, se encuentra luchando con esos sujetos desde hace rato.
Tranquilízate, hija dijo el padre de la mujer, recién llegado al refugio. Seguro alguno de los muchachos está con ella...
No, ustedes no lo entienden exclamó ella, comenzando a desesperarse. ¡No la veo por ningún lado!
Mira la cantidad de soldados que hay por aquí y la gente que está amontonada en el puerto para huir de la isla agregó el hombre, conciliador. ¿No hay manera de que estés pasando por alto su presencia?
Ella debería haber vuelto hacia nosotros, pero conociendo su forma de ser, podría decir que tal vez... comenzó ella pero se interrumpió, horrorizada. No se atrevió a terminar la frase. La idea de que su hija estuviera allí afuera peleando contra esos monstruos era demasiado escalofriante. Si alguno de los demás la hubiera encontrado, ya la habría traído...

Ante eso, sólo hubo una conclusión a la cual llegar. A Alba se le aflojaron las rodillas por la impresión y alguien tuvo que alcanzarle una silla. Todos se quedaron en silencio, tratando de encontrar la mejor alternativa. Había soldados recién graduados en la entrada del palco, estaban allí para proteger a los más débiles en caso de que alguien quisiera atacarlos. Ellos no eran los más fuertes del Grupo Iridis, no les convenía salir a hacerse los valientes, pero ahora la situación había cambiado.
La niña, humana modificada o no, corría peligro allí afuera. ¿Debían salir a buscarla? ¿Y si no la encontraban, y en cambio el refugio era atacado mientras ellos no estaban? Era una decisión demasiado difícil.

¡No! ¡No me detengan! ¡No se metan en esto si no lo desean, pero déjenme ir! gritó Alba, a un paso de saltar por el ventanal que antes había servido para observar el torneo y ahora era el portal del horror. Los demás la sostenían con dificultad, impidiéndole salir. Cuando se los sacudió de encima, uno de los custodios apareció frente a ella y la empujó hacia adentro. Al caer al suelo, la esposa de Bleich lo miró suplicante. ¡Tengo que ir a buscarla, es mi hija! ¿Qué harías tú en mi lugar?
No es lo mismo contestó el soldado, con gesto inmutable. Tu hija es más resistente que los míos. Es más resistente que tú, incluso. Si tú salieras, yo debería dejar a todos desprotegidos aquí para salir a buscarte. No te conviertas, ni nos conviertas a nosotros en estorbos para los demás.
Por favor, Alba intervino el anciano, con la indignación hirviendo en su sangre por no poder hacer nada más. No hagamos las cosas aún más problemáticas para los muchachos que están afuera, ¿sí? Vamos a confiar en ellos. La pequeña Gray es fuerte, seguro está a salvo en otro escondite.

Pero algo le dijo a Alba que su hija no estaba a salvo. No del todo. A pesar de eso, el temor por empeorar la situación la hizo desistir de salir por su cuenta. Era horrible la posición de los que observaban sin poder participar, de los que estaban del lado de la luz, pero no podían salir a combatir la oscuridad.

○○○

En la cueva, Gray había logrado entretenerse con las ramas de un arbusto que rozaban la entrada. En ese momento se encontraba arrancando los frutos que tenía a su alcance, provocando que el preciado silencio impuesto por su ancestro se arruinara con los movimientos bruscos de las hojas.

¿Qué se supone que estás haciendo? preguntó Silver, masajeándose la sien derecha. No se sentía nada bien.

Ella, con una alegría que casi le había hecho olvidar el problema en que se encontraba, señaló las ramas que ingresaban a la cueva.

Conozco esta planta, mi papá me enseñó que puedo comer de estos frutos, siempre y cuando no estén verdes.

El hombre la miró en silencio y pensó que eso no era comida de verdad. Pero no estaba en condiciones de salir a cazar, menos con los soldados del Nuevo Dominio merodeando por allí. Desvió la vista hacia el interior de la caverna. El malestar que lo agobiaba no le permitía soportar demasiado tiempo la luz del día. La pequeña percibió que él no se encontraba bien y sintió algo de pena por él. Al fin y al cabo, se veía muy parecido a su amado abuelo.

¿Quieres? ofreció, con un puñado de frutas de color morado entre las manos. Hay muchas aquí.
Ni sueñes que voy a comer eso contestó él, luego de darle un vistazo desconfiado. No pretendo ser envenenado por mi propia tátara-tátaranieta. Y ni siquiera eres eso, debes tener un par de tátaras más, si contamos que han pasado tres siglos.
¿Tata... qué? preguntó la niña, sin entender del todo.
Olvídalo.

Aquello era una verdadera molestia, él debería estar muy lejos de allí a esas alturas. Aunque pensó en que, si solo pudiera darle una mínima molestia a su captor, valdría la pena. Se quedaría allí y apenas se sintiera mejor volvería a buscar la nave.
¿Y luego qué?
¿Se llevaría a la mocosa de allí? ¿Iría de una línea temporal a otra con esa carga? Lo mejor era dejarla allí pero, otra vez, si ella era atrapada, el esfuerzo habría sido en vano. Tenía que quedarse hasta que los soldados se fueran. No podían destruir la colonia, necesitaban a la niña por alguna extraña razón.
De pronto, la realidad vino a él como un baldazo de agua fría. No tenía todo el tiempo del mundo. Mientras el portal del tiempo estuviese abierto, él podría escapar de allí. Sino, debería quedarse en aquél universo a morir en la mediocridad de su nueva existencia. ¡Era algo totalmente injusto!
Él no debía estar vivo, no sin sus compañeros de escuadrón, sin los que habían vivido junto a él. No en esa época en la que el glorioso Grupo Iridis se había reducido a un par de sujetos que olvidaron su sed infinita de sangre y se pusieron al nivel de artistas de circo, entreteniendo a las masas. No cuando sus descendientes eran humanos con los genes modificados.
Sacudió la cabeza, tratando de espantar el desánimo que se había apoderado de él tan fácilmente. Lo que fuera que le estaban haciendo para controlarlo, le quitaba la capacidad de razonar con frialdad. Él no era un llorón, era un soldado, su punto fuerte eran sus puños. Saldría de aquél problema y se vengaría de quien fuera que le había quitado el derecho de morir con dignidad junto a los suyos.
En ese momento, detrás de él apareció alguien a increíble velocidad y lo pateó enviándolo contra unas rocas. Era el general encargado de aquella misión para el Nuevo Dominio. Silver apenas pudo detenerse antes de golpear su espalda contra la pared de la caverna, y se colocó en pose defensiva.
Observó al sujeto que lo había atacado, no recordaba su nombre. En realidad no tenía por qué saberlo, si él había llegado a ese planeta bajo su control y no por voluntad propia, no recordaba nada. Toda la información que poseía era gracias a sus visiones y éstas ni siquiera se le presentaban de forma ordenada o completa.
El sujeto, alto y fornido, tenía un aspecto feroz. Totalmente calvo, de nariz aguileña y mandíbula cuadrada. Su mirada era gélida y toda su piel era de un color violáceo, lo cual contrastaba con el intenso negro de sus ojos. Por la diferencia en su armadura con respecto al resto de los luchadores alienígenas, era evidente que él era el jefe de todos ellos.

¡Parece que hoy es mi día de suerte! dijo entre risas el recién llegado. Encontré a mi objetivo junto con mi soldado desertor. Luego dio un paso hacia Gray, sin quitarle al otro los ojos de encima. ¿Estás deseando congraciarte conmigo al entregármela, Silver? ¿Intentarás convencerme de que no necesitas el neuroaparato para obedecer nuestras órdenes?

Él se levantó y arremetió contra el sujeto, que había logrado acorralar a la pequeña y se disponía a atraparla. Lo arrojó contra un árbol del exterior y la niña retrocedió aún más, sin saber qué acción tomar hacia esos dos gigantes de fuerza claramente superior a la de ella. El soldado se puso en pose defensiva delante de Grey y el invasor se levantó del rincón adonde había ido a parar por el golpe, para acomodar su uniforme. Al volver hacia la cueva les dedicó a ambos una sonrisa sarcástica.

¡Vaya! Veo que no era el caso exclamó con aparente tranquilidad, mientras seguía sacudiéndose la armadura. El neuroaparato debe estar afectándote el cerebro, idiota. ¿Aún en ese estado tan débil vas a intentar resistirte?
No me lo preguntes espetó Silver, con una temible sonrisa que mostraba todos sus dientes. Ven y compruébalo.

La provocación no hizo ningún efecto sobre el sujeto violeta, que se cruzó de brazos con gesto de cansancio.

Oh, vamos. Es obvio que no recuerdas nada de cuando estabas bajo mi control. ¿Realmente crees que eres rival para mí? Y se irguió con orgullo al comenzar a hablar de sí mismo. Soy uno de los generales más importantes del ejército del Nuevo Dominio. Mis superiores te entregaron a mi custodia para disciplinarte y darte instrucciones en cada una de las misiones. Pero esta cosa falló dijo al tiempo que sacaba de su cinturón un pequeño objeto, apretaba un botón y éste se convertía en una especie de vincha con ramificaciones de terminaciones redondeadas de color gris, y despertaste justo en una de las misiones más importantes de nuestro escuadrón.

Gray observó asombrada al hombre. Había demasiadas cosas que desconocía de aquellos enemigos. Por otro lado, Silver reconoció al neuroaparato como el objeto que sus visiones le habían mostrado. Con eso lo habían mantenido bajo control todo ese tiempo. Rechinó los dientes, nervioso. El general del Nuevo Dominio prosiguió, confiado.

Has llegado lo más lejos que has podido, ¿verdad? A pesar de haberte quitado el neuroaparato, aún estás bajo algunos de sus efectos. No podrás recuperarte tan pronto, ¿sabes? Y no voy a sentarme a esperar tampoco. Así que resígnate. De todos modos, ya estás más allá del bien y del mal, no tienes ninguna obligación con la gente de esta época.

Eso era cierto, pensó Silver. Su situación era bastante gris, lo cual era denigrante. A él, que siempre le había gustado medirlo todo en blanco y negro, de repente la situación se le ponía en contra. Ninguna solución podía ser del todo beneficiosa. Entonces tomó una decisión con rapidez, alzó a Gray en sus brazos y le apuntó con el arma que traía en su propio traje.

Si avanzas un paso más, volaré a tu objetivo en pedazos anunció con frialdad el que alguna vez había sido un héroe.

Esto solo provocó un ataque de risa demente en su interlocutor.

¿Vas a dispararte a ti mismo también? preguntó, encantado con la idea a pesar de todo. ¿Es que eres imbécil?
No contestó él con cautela. Simplemente, prefiero morir antes que volver a arrodillarme ante ustedes. Y no tendrás lo que viniste a buscar tampoco. De eso voy a encargarme, como sea.

Gray, en los brazos de su ancestro y con la boca tapada, difícilmente podía respirar. Tampoco podía moverse, la fuerza de aquél sujeto tan parecido a su bondadoso abuelo era descomunal. ¿Iba a morir? ¿No volvería a ver a su familia ni a sus amigos? ¡Ni siquiera había tenido la oportunidad de finalizar su entrenamiento! ¡Nunca sabría lo que se sentía tener un combate de verdad con un enemigo que no la viera como una niña pequeña!

Bien, tranquilicémonos habló por fin el General, luego de tragarse repentinamente sus carcajadas. Parecía haber vuelto a su lado razonable-. No vamos a arruinarlo todo por una tontería como ésta, ¿verdad? Y dio un paso más hacia ellos.
¿De qué carajo estás hablando? gritó Silver, la paciencia completamente perdida. ¡No te muevas!
¡Calma, calma! Lo tranquilizó dando un paso hacia atrás y levantando ambas manos en señal de tregua-. Si bien lo que dije antes era cierto, que no eres rival para mí y que podría dejarte inconsciente antes de que llegues a matar a esa niña, no tomaré el riesgo. El otro lo miró sin entender. Te ofrezco un trato. Si me entregas a la mocosa, me iré y olvidaré que estás aquí. Incluso te dejaré una nave para que huyas de esta línea temporal antes de que el portal se cierre.

El guerrero, sin soltar a la pequeña, analizó la propuesta por un par de segundos. Lo miró con los ojos entornados, como si pretendiera atravesarlo y adivinar sus verdaderas intenciones.

¿Por qué tomarte tantas molestias? susurró por fin, sopesando las distintas posibilidades.

Porque esa niña ocupará tu lugar en los experimentos de control respondió el otro, restándole importancia al asunto. Tú ya has alcanzado el máximo de utilidad para mis superiores, les causas más problemas de los que realmente vale la pena soportar, en cambio, una humana modificada entrenada desde la niñez bajo nuestras órdenes, será mucho más adecuada.

Silver miró a la pequeña, que lloraba con desesperación por lo que acababa de oír. Ella no había entendido lo que aquél monstruo había querido decir con "experimentos de control", pero no podía ser nada bueno. ¡Iban a alejarla de sus padres y de sus abuelos!
El sujeto siguió explicando su idea, sin prestar atención a la reacción de ambos.

Claro que esto no le agradará a mis jefes, por lo que yo solo te daré el pase de salida y probablemente pierda el derecho de tener a mis órdenes a la nueva mascota, pero créeme, obtendré una buena recompensa por entregarla.

El primer libertador observó a quien tenía enfrente y sintió náuseas. En todos lados había soldados corruptos, que ponían sus propios intereses retorcidos por encima del honor de la causa a la que servían.
Ni siquiera tenía la garantía de que, al entregarle a la niña, aquél sujeto fuera a cumplir su palabra y a dejarlo escapar tan fácilmente. Otra posibilidad era la de la existencia de disputas internas en el seno de la Organización del Nuevo Dominio, y que él sólo fuera la excusa para perjudicar a alguien más. Sabía reconocer situaciones como ésa, él había sido jefe de un escuadrón por mucho tiempo. Pero lo peor era que, en su estado, no podía darle la paliza que merecían seres inmundos y sin honor como ése. Sólo le quedaba considerar su propuesta.

Y bien, ¿qué me dices? lo urgió el General. Luego de esto, ninguno de nosotros hablará de esto con nadie más. Y la niña tendrá un proceso de conversión a nuestras tropas tan duro y estricto, que pronto olvidará hasta su nombre. No habrá manera de que nos delate.

No era nada nuevo lo que le decían. Silver recordaba las torturas que había sufrido mientras experimentaban con él en el laboratorio, hasta que habían podido dominarlo con el neuroaparato. Si aún no había perdido la cordura era por milagro. Y si ahora volvía, debido a la falla del método de control le esperaba una nueva sesión de lo mismo, hasta que nuevamente perdiera la conciencia de lo que hacía.

Pero si tanto deseas ser el héroe, sólo regresa conmigo a la nave. La niña no me interesa, de todas maneras no será mi esclava, tú sí lo eres. No tengo todo el tiempo del mundo, Silver, así que decídete de una vez. Ella o tú.

La niña se removió con todas sus fuerzas, y el soldado casi sintió ganas de reír. ¿De verdad estaba preguntándoselo?

○○○

¡Miren! señaló uno de los ancianos en el único palco que quedaba ocupado en el estadio. ¡La balanza está inclinándose a favor de nuestros muchachos!

Todos se asomaron, a tiempo de ser testigos de cómo la nave enorme despegaba. Al parecer estaba huyendo. White no quiso dejarlos ir y les disparó con su arma un rayo de energía bastante poderoso que los alcanzó a un costado. Aunque el vehículo quedó dañado, igualmente logró salir por el portal del cielo seguido del resto de las naves individuales. Los que quedaron en tierra festejaron a los gritos, los que observaban desde el refugio se debatían entre el júbilo y la emoción de saberse a salvo.

Nos quedan muchas preguntas sobre lo que ha ocurrido el día de hoy pensó en voz alta White. Por lo menos, tenemos a quién hacérselas -completó con una media sonrisa, mirando el campo de batalla donde quedaban los muertos y los heridos abandonados, a los cuales pensaba interrogar.

Entonces Alba corrió hacia Bleich, que se había sentado en los restos de las gradas del estadio, exhausto.

¡Cariño! ¿En dónde está Gray?
¿No está contigo? Desapareció de este lugar, debería estar en el refugio con ustedes... Y no pudo terminar el pensamiento al ver a su esposa estallar en llanto.

Inmediatamente White y sus soldados se acercaron a ellos, con curiosidad. Pronto estuvo claro que ninguno de ellos había visto a la pequeña durante la pelea. Padre e hijo se miraron, con una terrible sospecha y con el ceño fruncido observaron el cielo, por donde el portal ya se había desvanecido.

No balbuceó Bleich, sin poder creerlo. ¡No puede ser! ¡Gray, no!

En el momento en que la histeria se apoderaba de todos, y White se disponía a pedir ayuda e información a sus contactos en la Tierra y en otras colonias, la niña se hizo presente, aunque se la veía débil e inestable.

¡Papá, mamá! ¡Abuelo! gritó Gray, mientras se acercaba volando desde afuera del estadio. Parecía aturdida y su vuelo era irregular.

A pesar de eso, todos respiraron aliviados al verla aparecer. Alba fue inmediatamente hacia su hija y la abrazó llorando, obligándola a descender a tierra. El resto las rodeó.

La niña no podía decir nada en medio de las caricias y la conversación de los que estaban a su alrededor, no le salían las palabras. Sólo buscó con la mirada a su abuelo, su verdadero abuelo. Cuando éste apareció, se sintió tan aliviada que comenzó a llorar a moco tendido.
Habría mucho por hacer en esta línea de tiempo, las cosas habían tomado un rumbo completamente distinto. Pero lo importante era que el objetivo del Nuevo Dominio no se había cumplido. Y los soldados del Grupo Iridis estarían alertas por si esto ocurría otra vez. Ninguno de ellos sería el mismo de otras líneas temporales, en especial Gray.
Aquél fantasma de ceño fruncido pero con el rostro de su abuelo se había entregado a cambio de dejarla en libertad. Ni siquiera le había permitido llorar por él, la había amenazado con volver a patearle el trasero si se convertía en una debilucha.

Será mejor que estés lista, porque algún día volveré con esta cosa puesta, y no tendré piedad.

Limpió sus lágrimas y decidió que definitivamente se prepararía. Lo vencería y volvería a quitarle esa horrible vincha que el hombre violeta le había colocado antes de partir.

○○○

Mientras tanto, en la nave de los invasores, Silver descansaba con su neuroaparato puesto. Lo habían dejado en suspensión para que el artefacto pudiera tomar el control de su sistema nervioso. El primer libertador no se veía realmente como un ser vivo, aparentaba ser un cadáver gris al que aún no le habían avisado que su alma lo había abandonado. Aun así, en el lugar más recóndito de su mente sobrevivía una chispa de voluntad propia.
Lo que en realidad había ocurrido, era que mientras el soldado aguardaba en el bosque junto a la pequeña Gray, se le había presentado otra visión. En ésta, el general corrupto le daba la opción de entregarse a cambio de la libertad de su descendiente. Luego, se había visto a sí mismo cometiendo las más variadas atrocidades bajo el control del neuroaparato, se le había presentado su imagen de rodillas, infinitas veces, frente a los amos del Nuevo Dominio. Luego la visión concluía con su victoria, con él retomando el control de su vida, esta vez definitivamente.
La respuesta a aquella propuesta había sido demasiado fácil. Con todo aquello comenzaba el camino hacia la verdadera libertad. No la de su pueblo, ésa ya la había logrado, esta vez era la suya propia. Algún día volvería a ser él mismo y se vengaría de aquellos que estaban en lo más alto de aquella pirámide de tiranos.
Y realmente terminaría lográndolo. No solo eso, sino que también cumpliría con la promesa hecha hacia la pequeña Gray. Pero ésa, mis estimados, ya es otra historia.


○○○ FIN ○○○
Silver - Capítulo 2

Silver - Capítulo 2

Silver
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El primer libertador salió de la nave, segundos antes del momento en que el disparo sobre la plataforma estremeciera los cimientos del lugar y dejara a todos sumidos en una nube de tierra y peligrosas esquirlas. Alcanzó a cubrirse los ojos, pero los gritos histéricos que se alzaron a su alrededor fueron una tortura para agregarle a la migraña. Trató de aclarar su mente, era obvio que estaba en medio de una batalla y, si no recuperaba algo del sentido de orientación, era hombre muerto.

En un instante volvieron a su memoria las imágenes del momento en que había creado el Grupo Iridis para llevar a sus compañeros a organizar la Operación Libertad, la muerte de sus compañeros de escuadrón durante la lucha, la destrucción de parte de sus tropas, la visión de su pueblo volviéndose libre del dominio terrícola, su extraña aparición en otro punto del tiempo y el espacio... Por último, la llegada de un oponente al que no había podido vencer.

Era un hombre de color azul oscuro, alto, de cabello azabache, brillantes ojos negros y movimientos endemoniadamente rápidos. No había tenido oportunidad contra él, pero aún seguía vivo. No se explicaba el por qué. Entonces su mente, sin darle un descanso, le trajo los recuerdos de la tortura en el laboratorio y el símbolo de la Organización del Dominio Terrícola. Ese mismo símbolo, por todas partes...

No había sido un sueño, claro que no. Se había convertido en el títere de alguien.

¿Qué época era aquella? ¿Por qué había despertado justo allí? Definitivamente ése no era el momento de ponerse a reflexionar.

En medio de todo ese desastre, su presencia había pasado desapercibida, pero él podía ver a varios soldados luchando contra los que parecían los lugareños. ¿Acaso ellos también habían sido capturados por ese sujeto? Pudo ver a lo lejos, en el cielo, a un hombre muy parecido a él luchando contra un soldado. Solo que aquél era albino y tenía habilidades fuera de lo común en un simple ser humano. Seguro debía ser el efecto de la modificación de genes que habían realizado en ellos cuando solo eran una colonia dependiente. Ése debía ser el futuro.

No sabía que estaba observando luchar a White, uno de sus descendientes y el nuevo líder del Grupo Iridis.

Tenía una apariencia saludable, pero se veía de mayor edad que él. Y los monstruosos humanos modificados, fuertes y blancuzcos a los cuales había visto en premoniciones alguna vez, también estaban allí. Se masajeó las sienes adoloridas y se le escapó una risita socarrona al pensarlo. Sus descendientes eran engendros modificados en laboratorio, sí, pero al menos no eran tan fáciles de esclavizar como sus ancestros. Como él.

Eso no importaba. Por alguna razón, estaba despierto y había vuelto a ser dueño de sus acciones. El control que tenían sobre él aún debía ser inestable. Era la oportunidad, debía escapar y buscar a los verdaderos jefes de todos aquellos soldados, al hombre oscuro que lo había capturado. Nadie se burlaba de él dos veces. Nadie lo convertiría en su esclavo otra vez, nunca más.

Iba a tomar una nave, pero en el camino otra explosión gigantesca cayó del cielo, sobre él. Cuando pudo abrir los ojos, a su lado vio una niña, no demasiado poderosa. ¿No era uno de los engendros de laboratorio? En fin, ¿a quién le interesaba? Su vehículo, su pase al escape definitivo aún estaba allí, solo debía alcanzarlo porque había quedado más lejos. Cuando hizo el movimiento de levantarse, lo sintió venir y se tomó la frente.

¡No! ¡No otra visión! ¡No podía soportarlo más!

Pero las visiones derivadas de las deformaciones en sus conexiones neuronales e inducidas por tantos experimentos en su cerebro, no habían venido con un manual de instrucciones. No había forma de controlarlas. Así que llegó a él una serie de imágenes de lo que estaba por suceder.

Aquella niña sería raptada por los soldados del Nuevo Dominio, para ser controlada de la misma forma que él. Sería utilizada en vaya a saber qué experimentos por el Hombre Oscuro y su ejército terrícola.

De repente, sabía sus nombres. Sabía los nombres de sus descendientes. Podía ver a White intentar detenerlos y a la niña gritar "abuelo". Esa mocosa sí era descendiente suya. Era su sangre.

Cuando la visión terminó, mientras se recuperaba del horrible dolor de cabeza, se dio cuenta de que todo aquél despliegue era para eso. El blanco esta vez era aquella niña, de la misma manera en que lo habían tomado a él y a tantos otros soldados en otras líneas de tiempo. Esa niña era de su familia. Si bien eso no habría hecho ninguna diferencia antes de rebelarse, cuando él era uno más de los que entregaban a sus hijos para convertirse en engranajes de la maquinaria de la Organización de Dominio Terrestre, ahora él era menos que un soldado. Era un esclavo, un títere manejado por alguien. Y odiaba serlo.

El dolor se fue y él observó a la niña inconsciente. De pronto surgió en el primer libertador la irrefrenable necesidad de hacer fracasar a su titiritero. Miró de nuevo la nave, su oportunidad de escape, tal vez la última que tendría. Entonces, con un gruñido levantó a la pequeña por la parte de atrás de su ropa y se la llevó de allí, ignorando al vehículo, pero a tiempo de que los soldados pasaran por allí buscándolos.

Corrió con la mayor velocidad de la que fue capaz hacia las afueras, lo más lejos posible de aquél estadio. Una vez que pudo atravesar los puestos de venta del exterior, se encontró con que aquél lugar en realidad era una isla. El ecosistema creado artificialmente en la colonia era demasiado efectivo para recrear la vida terrestre. Aquella porción de terreno estaba rodeada de una cantidad espeluznante de agua, y en su estado no podría atravesar una gran distancia volando. El sistema propulsor de su traje parecía bastante dañado para eso.

Se desvió del camino que había tomado originalmente, el escape por aire o por agua no eran una opción. Ingresó a una pequeña zona montañosa dentro de la isla, atravesó la vegetación silvestre sin detenerse y sin cuidar a la pequeña de posibles rasguños. Al llegar a una especie de cueva, consideró que se había alejado lo suficiente y arrojó a la niña al suelo con torpeza. Esta despertó por el golpe y antes de que pudiera gritar, él le tapó la boca.

Levanta la voz y te enviaré al otro mundo, mocosa.

Tal vez era lo mejor, pensó, le estaría haciendo un favor. La liberaría de ese espantoso destino que él había tenido que soportar. La soltó y ella lo miró aterrorizada, con lágrimas en los ojos.

Tú no eres mi abuelo, aunque te le parezcas.
Te felicito por tu inteligencia expresó, irónico. ¿Cómo lo supiste?

La niña intentó salir volando pero él inmediatamente la detuvo por la pierna.

¡Van a atraparnos a los dos, estúpida! recriminó él en voz baja, mientras espiaba a través de unos arbustos por si alguien los había seguido.
¡Quiero volver con mis papás! demandó ella, al ver que la actitud de ese sujeto era completamente opuesta a la de White.

La niña no sabía en dónde estaba, no había nadie conocido a su alrededor y estaba comenzando a asustarse. Pero llegó a la conclusión de que no podía mostrárselo a ese señor malo, porque pensaría que ella era débil y le haría daño.

Silver, más tranquilo al comprobar que efectivamente estaban solos, se sentó de frente a Gray. Cuando lo hizo, se encontró con que la pequeña apretaba los puños y lo observaba en estado de alerta. Lo que vio en los ojos de la niña era la determinación de un soldado. Y eso no era todo, esa mirada azul claro le trajo recuerdos... ¡Esos ojos! ¡Los conocía! Los había visto en su esposa más de una vez.

Llévame con mi abuelo ahora ofreció, tratando de ocultar el terror que se había apoderado de ella, y prometo que le diré que no te lastime.

El ex jefe de la Operación Libertad la miró y levantó una ceja. Abuelo, abuelo... ¿Qué ocurría con esa niña? ¿No sabía decir otra cosa? Definitivamente estaba sobreprotegida. A leguas se notaba que la mocosa no era una nativa común de aquél planeta sino una humana genéticamente modificada, no necesitaba que la trataran con tanta delicadeza. Las cosas habían cambiado mucho desde sus tiempos. Antes no se arruinaba a los soldados con sensiblerías.

Irás con él cuando esto haya terminado respondió, con la poca paciencia que le quedaba, para luego volver a la vigilancia del camino por el que habían venido. Mientras tanto, si no te mantienes oculta te convertiré en comida para perros.

Ella le tiró la lengua, aunque cuando él volteó a mirarla se retrajo en un rincón. A pesar de que no tenía forma de escape, no iba a dejar que le hicieran daño. Guardaría sus fuerzas para arremeter con todo cuando él estuviera a corta distancia. Así le había enseñado Bleich a manejarse en los casos en que su oponente era mucho más poderoso. Aunque sabía que en esta ocasión los ataques físicos no serían suficientes, debido a la diferencia de poderes. Sentía ganas de llorar y llamar a los gritos a sus padres. Muchas ganas. Pero no quería ser devorada por ningún animal, y ese señor que parecía haberle copiado el rostro a su abuelito no parecía estar bromeando cuando la amenazó con eso.

Mientras tanto, su ancestro se sentía un imbécil por esconderse, él no era ningún cobarde. Se encontraba demasiado inestable como para volver a presentarse en el campo de batalla y no quería perder el dominio de sus actos otra vez. Lo que fuera que utilizaran para controlarlo, no estaba con él en ese momento y no podía arriesgarse a caer de nuevo. Chasqueó la lengua, molesto. Ojalá hubiera traído la nave individual con él, eso habría hecho las cosas más fáciles.

La pequeña Gray al fin y al cabo era una niña de seis años, por lo que no pudo contener por mucho más tiempo las ganas de llorar. Lo hizo silenciosamente. Temía a ese hombre de rostro familiar y sin nombre. ¿Sería un fantasma? Parecía demasiado real para eso. A lo mejor solo estaba escondiéndose de los guerreros enemigos, de la misma forma en que la había obligado a ella a hacerlo. No se veía como alguien bueno. Tampoco parecía malo. En realidad, a la niña le daba la sensación de que su captor oscilaba en una inestable zona intermedia.

Al menos su abuelo y su padre estaban vivos, podía imaginarlos lejos de allí peleando junto con los demás. Pronto se darían cuenta de que ella faltaba y vendrían a buscarla a tiempo. Seguro que sí.

Silver - Capítulo 1

Silver - Capítulo 1

SilverEra el primer día del año 300 de la Nueva Era, y en la Estación Lunar A73 se realizaban los festejos por el Tricentenario de la Libertad de aquel pueblo. Eran celebraciones que duraban días enteros e incluían exhibiciones del Grupo Iridis, los guerreros elegidos para mantener la paz. Los descendientes de los últimos soldados sometidos a experimentos genéticos en los laboratorios del gobierno de la Tierra. 

Ellos habían sido el resultado de la antigua tiranía y, a la vez, eran la perdición de todo aquel que se atreviera a intentar atacarlos. Aquellos seres albinos de extrema resistencia física, que usaban oscuros trajes especiales para la batalla sobre sus pieles excesivamente pálidas y que mantenían cortos sus cabellos de un rubio casi transparente, eran lo más parecido a dioses para los habitantes de la Luna. Ellos eran los guardianes de la libertad de aquel pueblo.

Cumplían sus funciones en la actualidad bajo el mando del General White. Él era un descendiente de Silver, el soldado que había tenido un papel fundamental en la rebelión llamada Operativo Libertad, tres siglos antes, y había dado inicio a esta nueva época en la que todos habían puesto sus calendarios a cero.

Por eso, ese día se cumplía el tercer siglo de aquella última batalla. Y había que recordarlo. Además del show para los entusiasmados espectadores, se haría la presentación en sociedad de la nieta de White. Se trataba de una niña preciosa, de apenas seis años, pero con todas las características extraordinarias de su estirpe. No había forma de equivocarse al verla, con su piel pálida y sus cabellos casi blancos en rizos, los cuales caían hasta sus hombros cuando no los tenía recogidos en una trenza. Ella tenía los genes de los primeros soldados modificados y había comenzado sus entrenamientos. La pequeña Gray era la descendiente más joven del primer libertador. La futura líder del Grupo Iridis.

Ella debía ser la anfitriona del Torneo exhibición, derrotando de manera abrumadora a oponentes que la superaban en tamaño y edad, para darle al público una muestra del inmenso poder de su familia. Pero nada de eso ocurriría. No en esta línea temporal.

○○○

Durante el enfrentamiento entre la niña y su primer rival, una unidad de inteligencia artificial experimental, apareció una mancha negruzca en el cielo que reproducía las condiciones de una atmósfera apta para la vida de los habitantes de A73. Se abrió y comenzó a crecer, justo encima del estadio donde se estaba llevando a cabo el evento.
Muchos no le prestaron atención, hasta que por ella salieron gran cantidad de naves pequeñas y de forma ovalada, comandadas por seres nunca vistos en aquel lugar. Seguidas por éstas, apareció una considerablemente más enorme.

La reacción general fue de silencioso asombro, todos se quedaron paralizados por algunos segundos observando el increíble fenómeno. Pero la quietud no tardó en desaparecer. Las naves individuales comenzaron a disparar rayos de energía en todas direcciones y se desató el caos. El público corrió para salir del alcance de los invasores, sin hacer caso a los protocolos que ordenaban conservar la tranquilidad y tomar en orden las salidas de emergencia. El vehículo de mayor tamaño aterrizó, abrió una compuerta y de ella salieron centenares de soldados a pie, fuertemente armados.

En un palco especial, los familiares y amigos de los guerreros del Grupo Iridis observaron sin palabras lo que estaba ocurriendo. La situación era de pesadilla, pero la confianza en que serían protegidos era suficiente para mantener la calma entre ellos. El hijo único de White, un soldado albino de mediana edad llamado Bleich, les pidió que no salieran de allí por nada del mundo y fue a enfrentarse con los extraños.

Sobre la plataforma, Gray y la unidad IA fueron las primeras víctimas. Los tomó por sorpresa uno de los primeros ataques, una enorme explosión provocada por uno de los extraños que llenó de polvo el campo de visión de todos. Los dos salieron disparados en direcciones opuestas por la onda expansiva y chocaron contra las gradas del público. El robot gigantesco se desactivó en el acto y la pequeña quedó inconsciente, mientras los demás espectadores seguían huyendo.

¡Gray! gritó su padre desesperado mientras activaba el sistema de propulsión de su traje y volaba a buscarla, pero alguien cayó encima de él y lo golpeó en la columna, enviándolo al suelo.

Bleich se levantó inmediatamente para enfrentar a su agresor y, al verlo, se sintió tan sorprendido que no pudo evitar recibir un segundo golpe que lo arrastró varios metros más allá. El atacante era un sujeto de evidente procedencia alienígena, de piel color azul.
Lo que horrorizó al guerrero fue el hecho de que estuviera vestido con una armadura demasiado parecida a la del antiguo ejército de Dominio de la Tierra. El único detalle que hacía la diferencia, era que portaba una especie de vincha sobre la cabeza, con varias extensiones que se distribuían en todo el cráneo. Los ojos del invasor no tenían pupilas, eran completamente negros, lo cual le daba un aspecto temible. Y era físicamente poderoso, mucho más de lo que podía serlo cualquier humano modificado del antiguo ejército. Pero el soldado dejó para después el momento de las preguntas y se lanzó hacia su enemigo a toda velocidad.

En medio del caos, White y sus mejores hombres salieron al encuentro de los invasores para mantenerlos alejados del público y de sus familias. La lucha fue pareja, los enemigos eran bastante fuertes, aunque las mentes de los mayores estaban ocupadas por un mismo pensamiento.

Todos sentían el mismo asombro por el parecido de los recién llegados con la Organización de Dominio Terrícola que figuraba en todos los libros de historia, cuando se estudiaba el oscuro período que habían pasado antes de la Operación Libertad. Podía tratarse de fanáticos que quisieran imitarlos, o de algo mucho peor. Si había alguien detrás de todo aquello que pretendiera hacerse con el lugar que el anterior "Emperador del Universo Conocido" había dejado vacante y contaba con esos medios, ellos estaban en serios problemas.

Lo peor era que estaban luchando totalmente a ciegas. Nadie venía a presentarse, nadie hacía una declaración de sus intenciones. Eso era muy mala señal. Significaba que ni siquiera se molestarían en dar explicaciones porque los consideraban seres inferiores. Una simple población extraterrestre a la cual conquistar.

○○○

En las gradas superiores, una de las naves pequeñas de los alienígenas había tenido un pésimo aterrizaje y su ocupante había tardado en salir al exterior. Se trataba de la última adquisición de los dueños de aquél ejército, el mayor avance de la tecnología de guerra: el soldado mentalmente controlado.

Lo habían tomado del campo de batalla durante el enfrentamiento final de la Operación Libertad, trescientos años antes. Lo habían abducido justo en el momento en que debía morir a manos del último mando del ejército de Dominio Terrícola, y lo habían llevado al laboratorio, hacia otro tiempo, en el futuro, para completar el proceso de control sobre él.

A través de un dispositivo con forma de vincha y sensores anexos, denominado neuroaparato, habían logrado someterlo. Ahora estaba a las órdenes de uno de los generales de la Organización. Aunque no había sido tarea fácil. La fuerza de voluntad y la rebeldía del sujeto habían sido los principales obstáculos para biotecnólogos de todos los rincones del universo conocido, hasta que por fin habían ideado un sistema que funcionara en él. Pero no existían métodos infalibles, algo había salido mal durante el paso de la nave a través de la brecha hacia esa línea temporal. El individuo había perdido el conocimiento y el controlador había dejado de funcionar. 

Cuando salió del compartimiento ovalado, aturdido y debilitado por un espantoso dolor de cabeza, ya no llevaba el neuroaparato. Ya no era el mejor soldado producido por experimentación de la Organización del Nuevo Dominio, al servicio de sus líderes y en busca del control de las colonias perdidas. Había vuelto a ser Silver.


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