La espera de Ury

por - agosto 02, 2020

De diez noches, nueve eran puras pesadillas, una era olvido. En cada uno de sus días, la ansiedad y el terror no le daban paz.

Terror.

Terror.

El fin del mundo estaba cerca. La adivina del palacio jamás se equivocaba. ¿Quién era Ury para decir que iba a salir ilesa de semejante cosa?

Los reyes solo reían. Pero, en el fondo de sus corazones pequeños y secos como pasas de uvas debían temer, igual que ella. Comían como si nada los saciara. Organizaban fiestas secretas sin importar la gravedad de que la muerte se pudiese colar entre los invitados. Jugaban con la suerte, igual o peor de lo que lo estaba haciendo el pueblo ignorante.

¿Para qué educarlos? ¿Para qué decirles que se esfuercen en tratar de evitar el fin?

No era el caos lo que provocaba el miedo más profundo en Ury. Ella podía abrazar el desorden, la anarquía. Había nacido en ese mundo, igual que los demás. Lo escalofriante, que la perseguía hasta la cama, en la oscuridad que evitaba obsesivamente hasta cerrar los ojos del cansancio, era no saber cuándo. El péndulo oscilaba sobre aquel reino podrido. La hoz que recogería a todas aquellas almas perdidas que todavía se aferraban a sus cuerpos, esperaba en alguna parte. ¿Cómo no saber en dónde, qué momento, así se echaba a beber con los demás?

Ya habían pasado dos décadas desde la sentencia de la adivina. La cabeza de la mujer había permanecido clavada sobre una pica, en la entrada norte de la ciudad, durante más de un año antes de que algún loco se la llevara. Nada más había ocurrido. Ningún reino enemigo se había presentado. Ningún ejército había venido por sus tierras.

Y allí estaban, suspendidos en una condena sin ejecución.

Ury no escuchaba ninguna queja en voz alta, pero sabía que todos compartían la misma desesperación silenciosa. Las mismas pesadillas oscuras. La inquietud.

¿Dónde estaba la semilla de la destrucción?

Los primeros tiempos, antes de condenar a muerte a la mensajera del fin, el reino había buscado la posible causa de la extinción. Habían querido evitar aquello. Sin embargo, con el pasar de los meses y sin ver la desgracia prometida, algunos se habían relajado. Otros, furiosos y con ganas de ver que todo ardiera, provocaron otra clase de caos. Al final, las revueltas dejaron miles de muertos. Aquella sociedad había perdido todo lo que la había hecho civilizada, educada, avanzada, pacífica. De alguna manera, hasta los más altos funcionarios del rey se habían degradado a salvajes que no respetaban ni las leyes más básicas.

En cierta forma, el mundo que Ury conocía sí se había terminado. El terror lo había reemplazado por otro, mucho más antiguo, primitivo.

Por aquellos días, las cabezas que decoraban los muros de la ciudad capital eran demasiadas como para reconocerlas. La nube de moscas, el hedor, ya eran algo común. Los mercaderes de otras tierras se llevaron la terrible noticia y dejaron de venir. El caos había alejado a los más curiosos. Estaban solos.

Ury no quería verlo, pero en sus pesadillas ya podía entender. No tenía que esperar el fin. Ya había llegado. Se habían destruido a sí mismos. Se habían quitado todo lo que tenían. Y lo único que les quedaba era disfrutar de las sobras, mientras pudiesen. Hasta que algo los despertase de nuevo o los durmiese del todo, para siempre.


***

Chan chan channn… Volvieron los relatos tétricos al blog. (¿Alguna vez se fueron?).

Este lo escribí como parte del desafío de la cuarta semana de Gym para escritores, de Soñando uno de tus sueños. La temática era el miedo.

Me costó mucho pensar en algo digno para traerles con este reto, lo intenté varias veces en los meses pasados, pero siempre me salían cosas aburridas y auto-referenciales. Ahora pude llevarlo a un escenario ficticio, más o menos, sin dejar de expresar en algún que otro renglón lo que veo en este mundo de pandemia. Pero salió algo más entretenido que en versiones anteriores, así que me doy por satisfecha e inauguro de nuevo la ficción en El frasco de historias.

Basta de bitácoras. A escribir para entretenerme.

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13 comentarios

  1. Hola, has hecho bien en inaugurar esta sección la intriga, el terror , el suspense siempre nos tiene alerta ... Gracias guapa .
    Te deseo una tarde genial .

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    1. Gracias, espero que lo hayas disfrutado ♥ Un beso enorme.

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  2. Me gusta. Algo como una profecía autocumplida. La adivina, en cierta, forma desató ese desastre, que la tuvo como víctima.
    Bien por los relatos tétricos.
    Un abrazo.

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    1. Es verdad, qué pena por la adivina. Gracias por pasar por acá y dejar tu comentario. Un abrazo.

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  3. Tétrico!
    Me quedé con esa frase de "Suspendidos en una condena sin ejecución", así debe ser el purgatorio, así deberían ser las películas apocalípticas, casi como nuestro presente. Donde sno se sabe cuándo termina algo y empieza otra cosa. La incertidumbre es tétrica

    Abrazos!

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    1. Totalmente de acuerdo. La incertidumbre y ese purgatorio deben ser la peor imagen del terror. Gracias por pasar a leer y comentar.

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  4. Inquietante, porque parece que, en parte, es la mente quien nos persigue en nuestros temores.

    Un abrazo

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    1. Muy cierto, la mente es la que nos juega malas pasadas muchas veces. Un abrazo y gracias por pasar.

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  5. ¡Holitas, Cyn!

    Que estupendo relato y, en alguna línea se me ha venido a la mente justamente la pandemia, jaja. Realmente es un terror muy interesante el que compartes.

    Me alegra que vuelvas a escribir y a publicar. Yo debería hacer lo mismo pero la procrastinación me puede últimamente a la hora de escribir historias. Me quedo horriblemente en blanco cada vez...

    Espero que estés super bien y tengas una bonita semana.

    Saludos desde Escapando al bosque~

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    1. Sí, creo que me inspiró totalmente esta pandemia, jaja. Ohh, igual veo que publicás reseñas de tus lecturas, yo ni eso, jaja. Gracias por pasar por acá ♥

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  6. Qué inquietante, pero me gusta el terror, un placer ha sido disfrutar de tu relato.

    Beso.

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    1. Muchas gracias, me alegra que lo hayas disfrutado. Un beso grande.

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  7. ¡Hola! Más que la pandemia, he pensado en Argentina con este virus que viene de hace mucho que es la falta de educación y el fanatismo que nos lleva a donde estamos ¡tristísimo! Y sí, da miedo ese panorama.

    Me gustó mucho.

    ¡Gracias por sumarte!

    ¡Un abrazo!

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