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Arcano 6: Los enamorados

31 diciembre 2021

Cuando era una puberta, creía que no había nada más mágico y bello que el estar enamorada. Absorbía toda novela con un tinte de romance, toda película que insinuara a lo lejos la presencia de una historia de amor. Disfrutaba del desarrollo de una relación y creía que el estar junto a la persona deseada era el mejor premio.


Y, de todos, el tropo que más me atraía era el de esas parejas que se veían obligadas a permanecer juntas por un período de tiempo. El morbo de ver cómo les tocaba adaptarse a las circunstancias, junto con la seguridad de que todo estaría bien al final, eran los que convertían este tipo de historias en una adicción para mí. Así que, pensándolo hoy, qué ironías tiene la vida.


Es como si el destino se riera en mi cara. Bueno, igual podría ser peor.


El virus horrible y contagioso, que me ha dejado en cuarentena junto a mi nuevo crush, no tiene nada de romántico. La fiebre imposible de bajar, la incomodidad del dolor muscular y las cefaleas, no son lo que hubiese querido vivir junto a Marcus en estos primeros días de noviazgo. El haber quedado a solas en mi casa luego del diagnóstico, compartiendo síntomas pero sin querer transmitírselos a otros familiares, y que hasta los médicos eviten el contacto con nosotros más allá de los controles telefónicos, no nos dejó muchas opciones.


Al menos, nos ha tocado la versión menos grave de esta enfermedad. La congestión, la voz nasal, la montaña de papel tissue lleno de mocos, no son nada comparados con lo que deben vivir otros infectados. Las noches en vela no se deben a largas jornadas de sexo sudoroso. Aunque, lo del sudor sí viene incluido con la fiebre. Y las duchas en conjunto son más un modo de asegurar que el otro baje la temperatura, que un juego de a dos.


Los seres queridos preguntan desde afuera, colaboran dejando las compras en la puerta, pero no hay nada que Marcus o yo queramos de verdad. No más que salir de este apartamento pequeño y caluroso.


Igual, hay que ser optimistas y pensar en lo afortunados que somos. Estamos a salvo, en cierta medida. Podría ser peor.


Como el hecho de despertar y poner una mano en su frente, casi por reflejo. El exigir que se coloque el termómetro para comprobar lo que yo ya imagino: otro día más que él ha levantado más temperatura que yo. Discutir con él para que al menos de un mordisco al budín de banana que envió mi madre, así es capaz de tomar el medicamento. Arrastrarlo hacia la ducha y oír sus quejas mientras intento bañarme y que él reciba un poco de agua.


Estar encerrada con él es imposible, insoportable, inadmisible. No le gusta el jugo de limón, ni el de naranja. No hace caso a las recomendaciones de no automedicarse, o al menos averiguar en internet cuál es el efecto real de la droga que compone la pastilla que se está echando con tanta facilidad a la boca. Y me abraza con ese cuerpo febril, me besa con esa boca llena de gérmenes que yo misma implanté ahí primero, pero ahora temo volver a contraer.


Es mi culpa por haberlo contagiado. Ahora debo hacerme cargo de él. Y él no puede salir de aquí, no debe. Estamos encerrados, destinados a convivir por casi un mes, alejados de esta sociedad estúpida. Pero hay una certeza aquí, él no lo ha dicho, yo no lo he dicho. No es necesario, es una verdad que ya flota en el aire, podríamos olerla si nuestros sentidos funcionaran como antes. Apenas obtengamos el alta, nos alejaremos y nunca más volveremos a cruzarnos. No soportaré pasar por la misma vereda siquiera. Lo sé.


Igual, a veces veo en su mirada algo más. Y me ilusiono. Y me da por imaginar que no estamos aquí por obligación, sino que estas son nuestras vacaciones juntos, las primeras de muchas. Y mi apartamento diminuto y sofocante se convierte en una cabaña acogedora en la montaña, o en la habitación de hotel de algún país exótico. Y creo, quiero creer, que los momentos de intimidad que compartimos son tan únicos, que nunca volveremos a vivir nada así con nadie más.


Porque siempre podría ser peor. Como el hecho de haberlo contagiado, saberlo y no poder ayudarlo. Como el tener la certeza de que él está sufriendo lejos de mí, los dos aislados, pasando por lo mismo, en habitaciones estériles y más pequeñas que este lugar. Así es, qué ironía, ¿verdad?


Cuando esto acabe, no volveré a mirar películas románticas.


Ahora, preparo el termómetro, la botella de agua para cada uno y las pastillas, para dejarlo todo a mano antes de ir a dormir. Veo a Marcus ya instalado en la cama. Tiene un aspecto tan inocente, que se me escapa una caricia en su mejilla.


Ha abierto los ojos, mierda. Se me acelera tanto el corazón, que puedo oírlo golpear en mis orejas. Titubeo, pero tomo el termómetro y se lo inserto en la axila con rapidez.


—A ver si puedo descansar esta noche —gruño, aunque sé que me he puesto toda colorada.


Él sonríe y cierra los ojos.


—Sí, claro.


Espero unos minutos, mi propia mentira me impide apagar las luces como deseaba. Él alcanza con sus dedos la piel de mi brazo y siento una especie de caricia. Lo miro, para comprobar que esté quieto y no impida que el termómetro tome bien la medida, pero el pitido del aparato me indica que ya puedo quitárselo. El visor da los treinta y seis grados, con lo que supongo que este ya es el segundo día sin más síntomas. Suspiro, una sensación extraña me asalta. Pronto esto habrá terminado. La puerta podrá abrirse y diremos adiós. Igual, siempre puede ser peor. Como el dejar pasar esto sin haberle dado nunca una oportunidad.


—Hasta mañana —dice, con un beso en mi hombro, mientras apago la luz.

—Hasta mañana.

 

***

Ah, la actualidad. Por sucesos recientes en la vida de esta adivina, he sentido que esta carta ya tenía su cuento relacionado y debía escribirlo. ¿Les gusta el romance? A mí sí y no. Lo adoro y lo detesto. Tiene de las mejores y las peores cosas como género, pero esa es solo mi opinión y ya saben que de dualidades estamos hechos, así como este precioso Arcano del Tarot.


Si lo encuentra en su tirada:


Al derecho: Es tu oportunidad. Si te declaras a esa vecina sexy o ese chico que siempre espera el bus contigo en las mañanas, te van a decir que sí. Ve con mucho cuidado y protección, de todo tipo. Si ya tienes pareja, tocará tomar nuevas decisiones, se acercan nuevos proyectos.


Al revés: Será una horrible primera cita, o te dejará plantado sin dar explicaciones. Si ya tienes pareja, sé congruente, desinstala esas apps para conocer gente nueva o decídete a abrir horizontes para ambos.  

 

***

Nota: La finalidad de los significados de cada carta es entretener al lector y a la loca que escribe estas cosas. Ningún dato de este libro debe ser tomado como referencia seria, ni aplicarse a situaciones de la vida real. Dicho esto, sean libres de enviar sus propias interpretaciones de este arcano.

Hasta la próxima.

Los saluda, Madame Ceyene

Próximamente - Arcano VII: El Carro »

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