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Club Literario Vidas de Tinta y Papel
Club Literario Vidas de Tinta y Papel
Segundo puesto en el Concurso de relato corto, del Club Literario Vidas de Tinta y Papel

Segundo puesto en el Concurso de relato corto, del Club Literario Vidas de Tinta y Papel

29 mayo 2014

¿Quieren ver el nombramiento de los ganadores? Hagan clic aquí.
¡Estoy muy contenta! 

Me presenté hace un tiempo al Concurso de Poesía y Relato Corto del club literario Vidas de Tinta y Papel, y lo hice con un pequeño relato con las características que ellos daban en la consigna. 

Debían ser cuentos inspirados en el sentimiento de pérdida de una estación preferida. ¿Lo mejor? Debíamos meternos en la piel de una planta, un árbol, una flor... o una criatura fantástica. Yo elegí un abeto, y su estación favorita era el invierno. 
 

Luego de la espera, han llegado los resultados del jurado. Y estoy orgullosa de decir que he quedado en el segundo puesto, junto a Daniela (en el primero) y Blue Butterfly (en el tercero). 

Pronto vendrán los premios, así que espero con ansias ver cuando quede mi relato publicado en el blog del club ♥
Adiós y hasta pronto (Relato para el concurso del Club Vidas de tinta y papel)

Adiós y hasta pronto (Relato para el concurso del Club Vidas de tinta y papel)

10 abril 2014


Si pudiera dar un largo suspiro, lo haría. Los abetos no tenemos esa capacidad. Pero sí podemos extrañar, amar y tenemos nuestras preferencias, nuestros gustos. A mí, por ejemplo, me encanta el aire fresco, el frío que todo lo cura con su manto de sopor, el momento en que la vida se da un tiempo de descanso para retomar fuerzas cuando llegue la primavera. Todos adoran a la ruidosa y colorida estación de las flores, pero yo no. Yo amo al invierno. Y el invierno acaba de irse, me abandona como lo ha hecho cada año.

¿Y saben qué es lo más difícil de esta ausencia? Que mis ramas perderán la preciosa cobertura blanca de la nieve. Oh, preciosa y helada blancura que me acunó en su abrazo, durante los cortos días y las larguísimas noches en el bosque oscuro y denso. Esto es el amor, por más que algunos crean que los abetos no tenemos sentimientos, que no podemos opinar.

Las manadas de lobos que vagan por la espesura de estas tierras me comprenden, aunque

no haya posibilidad de comunicarnos. Tenemos la misma pasión por el frío y sus ventajas. A ellos les gusta el adormecimiento que domina a sus presas, la dulce sensación de hundir sus patas en la mullida nieve mientras caminan, conozco esa sensación a pesar de que no me mueva. Sé lo que es que la base de mi ser se hunda en la preciosa blancura. ¿Cómo no amarla con toda mi alma de árbol?
Ahora alguien va a decir que los árboles no tenemos alma. Sí que la tenemos, y más si se trata de un ser tan antiguo y sabio como yo. No necesito la humildad si puedo contener entre mis fibras el secreto de siglos en la silenciosa naturaleza de los bosques del norte. Vuelvo a decirlo, esto es amor, del más puro y sincero.

Pero ahora mi adorada nieve se derrite, se convierte en líquido y se me escurre entre las raíces, vuelve a formar parte de mí y me da su vida para que cuando volvamos a encontrarnos, en un próximo invierno, yo pueda amarla todavía más. Los rayos de ese sol impertinente comienzan a colarse entre las ramas de mis compañeros, y yo no quiero que llegue hasta las mías. Me gustaría conservar a tan preciosa compañera un poco más.

Pero llega el momento, al final, y sé que cuando el hielo del lago cercano se convierta en agua otra vez, llegarán los visitantes oportunistas, en sus canoas, con sus cañas de pescar y sus risas, sus ropas coloridas, a pisotear los restos de mi adorada nieve. Si pudiera soltar un sonoro suspiro lo haría.

Pero como soy un alma antigua, sé que esta primavera que llega, como todas, pasará. El ciclo se renueva una y otra vez, no debo preocuparme por eso. Porque sé lo que es el amor, y éste siempre espera. Mi paciencia es inagotable, y lo será hasta el fin de los días.

Por eso te saludo, mi amado invierno.

Adiós y hasta pronto.
Consigna Vidas de Tinta y Papel: ¡Buenos días Nueva York!

Consigna Vidas de Tinta y Papel: ¡Buenos días Nueva York!

18 febrero 2014

Vengo a traer mi primera participación en la consigna mensual del Club Literario Vidas de Tinta y Papel. Esta vez el desafío consistía en escribir sobre un viaje imaginario y podíamos elegir entre tres lugares. Había que incluir las fotos que se nos entregaban con el reto, y dar los datos que quisiéramos. Yo espero haberlo hecho bien, nunca he viajado fuera de mi país, por lo que hice una pequeña investigación sobre los lugares que podía nombrar. Qué bueno que hoy en día hasta los aeropuertos tienen página web, jeje. Bueno, los dejo con el relato, espero no sea demasiado largo.

¡Que lo disfruten!



¡Buenos días Nueva York!

Hoy abrí los ojos, estiré mis brazos y ya faltaba poco para el aterrizaje del avión en tu aeropuerto, así que sí, te saludé con alegría. Pisé tu suelo al descender, tomé la primera bocanada de tu aire y debo decir que no me pareció nada distinto a lo que ya conocía. Digamos que imaginaba que la nube de smog sería más grande.

Insistí en tomar mi primer café estadounidense con rapidez y casi me metí en el Blockbuster del aeropuerto, por suerte Nahuel me detuvo. ¿Que quién es él? Bueno, para ser una ciudad cosmopolita y ultramoderna eres muy curiosa, pero te diré que él es mi novio y mi acompañante en este viaje. Desde los preparativos él fue quien me ayudó con la parte práctica de todo y evitó que mi frenesí por saber que me dirigía hacia ti me hiciera olvidar algo importante.

En fin, ¿dónde estábamos? ¡Ah, en la puerta del Blockbuster del aeropuerto! Sí, él me detuvo de cometer el error típico de ingresar a una cadena que ya conocemos para probar algo que yo esperaba que fuera distinto. Éramos turistas, debíamos arriesgarnos con alguna cosa más local. Pero recorrimos las enormes instalaciones y encontramos restaurantes italianos, orientales, hasta un lugar llamado Eat & Go Istanbul. Irónico, ¿no?

Estábamos por rendirnos con el horrible café de un Mac Donalds, hasta que nos topamos con un puesto llamado New York Hotdog & Coffee. Mi necesidad de cafeína se acrecentó sólo con ver ese nombre, y me bebí mi taza humeante mientras mi amado se desayunaba un hot dog gigantesco que traté de no mirar para no sentirme mareada. Eran las ocho de la mañana.

Luego llegamos a lo de mi tía, que tiene su estudio de fotografía en un edificio antiguo
pero muy bonito de Brooklyn, sobre una calle muy transitada de la que ya olvidé el nombre. Lo siento, Nueva York, pero eres demasiado grande y no fue fácil acostumbrarme a ti.

Al instalarnos en el apartamento de ella, noté que había un cuadro en versión collage con algunos de tus lugares interesantes. Aunque no era una combinación de fotos, sino de los nombres en distintas tipografías. Me gustó, así que decidí utilizarlo como guía para las que serían nuestras visitas durante los días que nos quedaríamos a conocerte. En ese momento, Nahuel tomó su celular y fotografió la pared con cuadro y todo. Lo miré y casi me reí. Debo aclarar que su teléfono está bastante maltratado y que ni siquiera resistió el cambio de país. Al notar mis esfuerzos por no criticar su gesto, él se encogió de hombros.

—Para algo tiene que servir el aparato, ¿no?

Esa misma tarde, comenzamos por el barrio de Chelsea. Sólo Nahuel y yo, mi tía tenía mucho trabajo que hacer y nosotros podíamos manejarnos con algunas indicaciones suyas. Como se sentía culpable de no poder venir con nosotros en todas las excursiones, nos prestó una de sus cámaras más pequeñas y manejables, lo que me puso feliz. Esta sería una aventura. Por lo tanto, nos adentramos en el distrito cultural con muchas expectativas. Las galerías de arte, el toque romántico de los edificios renovados para convertirse en almacenes de antigüedades, el Distrito de las Flores con sus fragancias y colores… Fue espléndido. Ojalá me hubiera quedado allí.

Al día siguiente fuimos a caminar por Broadway. Los carteles enormes, la inmensa cantidad de gente que llenaba las calles y los nombres de clásicos como el Rey León en las carteleras fueron un cúmulo de sensaciones contradictorias. Y cuando mi tía insistió en llevarnos de nuevo una noche de esa semana, quedé más impresionada aún. Jamás vi tantas luces juntas.

Pero no todo es tan bonito, Nueva York. Para alguien como yo, habitante de una ciudad que no posee sistema de subterráneos, tus trasportes son temibles. De no haber ido acompañada, no hubiese vuelto a poner un pie en esos vagones.

El relato sobre nuestro paseo por la 5ta Avenida lo guardaré para otro momento, porque estoy algo apurada, acaban de anunciar mi vuelo de regreso y soy algo bruta para los trámites del aeropuerto. Pero no pienses que me iré sin hacerte una queja. Como ciudad eres imponente, no lo niego, eres preciosa, pero también eres peligrosa. Te diré por qué, a pesar de que ya debes haber escuchado miles de cosas como ésta.

El último día libre lo terminamos con una caminata por el Puente de Brooklyn. Todo comenzó allí. Tenía muchas ganas de sacar una foto en medio del trayecto, y esa idea me costó muy caro. Al sacar la cámara, un ciclista sin modales ni respeto por los demás me llevó por delante y se llevó el aparato con él. Sí, la costosa cámara de mi tía fue robada en nuestras narices. Quisimos perseguir al ladrón, gritamos para que no lo dejaran huir, pero al final sólo pudimos verlo desaparecer con todos los recuerdos del viaje en sus manos…

Hoy te saludo de nuevo, Nueva York, te doy los buenos días desde el avión. Pero esta vez es para alejarme de ti, es una despedida. Me acomodo en mi asiento, bostezo, estiro mis brazos y al cerrar los ojos no puedo evitar consolarme con el hecho de que me llevaré parte de ti en mis retinas y que de allí nadie te va a borrar. Porque en el plano de lo físico, de lo concreto, lo único que me llevo son un par de fotos tomadas con el teléfono móvil de Nahuel. Una imagen del cuadro con los lugares que recorrimos y una toma del Puente de Brooklyn. Eres una ciudad algo difícil, pero ya debes saberlo. Te lo han dicho antes, ¿verdad? 


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