search
menu
Fantasmagoría
Fantasmagoría
De cuando el sol encontró su clara de huevo

De cuando el sol encontró su clara de huevo

06 abril 2017

reto doce—Es la mejor suma que te puedo ofrecer —murmuró Sun, incómodo en su escondite.

—¿De verdad? —respondió, bajito, la muchacha junto a él—. La justicia paga poco, por lo que veo.

El joven en traje amarillo con una «S» blanca sobre el pecho se sintió insultado. Tanto que, por un momento, olvidó a los monstruos que lo acechaban desde la negrura del teatro. Se arrastró un poco entre las butacas abandonadas, con sigilo, para llegar a la otra refugiada. Sobre el escenario, un dragón multicolor de tamaño mediano lloraba por su amada perdida. A su lado, un hombre de hojalata bailaba abrazado a una muñeca de trapo. Ambos habían sido actores de una obra en estreno. Ambos habían sido poseídos por sus papeles desde las diez en punto. Abajo, un ogro enfurecido golpeaba con su mazo las primeras filas de asientos vacíos. Debía ser el alivio cómico, pero lo había olvidado.

Y todo en la penumbra. En el desastre por la huida del público en plena función, se habían apagado las luces y Sun había quedado a merced de sus temores. Detestaba el teatro. Detestaba la oscuridad aún más. Pero el crimen encabezaba la lista de sus peores molestias. Necesitaba de esa actriz suplente de ascendencia oriental que había quedado atrapada con él.

—¿Te parece poco? —dijo, apenas la tuvo enfrente—. El honor de saber que estás colaborando con el bienestar de los leselianos, el brillo en los ojos de los niños al verte pasar, los suspiros de las… los hombres cuando se cuenten tus hazañas…
—Quiero el doble —insistió Claire Egg—. O se termina aquí la conversación.

Algo se retorció junto al pie de Sun. Él sabía que no debía hacer caso, que nada de lo que veía en la oscuridad podía alcanzarlo realmente. Igual, le temblaron las piernas. La muchacha estaba por salir corriendo. Si es que llegaba a la salida sin un rasguño, él caería bajo las mil visiones de otros mundos por culpa de sus ojos, mientras el teatro se derrumbaba y aquellos tres monstruos arrasaban con Leseli City.

¿Ella quería el doble? Hecho. Luego vería en lo que se estaba metiendo.

—Concedido. Te doy mi palabra —aceptó, extendiendo la mano a modo de cierre del trato—. ¿Sabes que serás la asistente de héroe mejor pagada de la región? Ahora tu primera tarea, Claire.
—¡Ahora voy!

La escuchó entusiasmarse. Sintió sus pasos rápidos hasta el fondo de la sala, cómo abría el tablero eléctrico y el «clic» de los interruptores. Todas las luces se encendieron. Un instante de desconcierto detuvo a los actores transformados de lo que estaban haciendo. Sun surgió desde el suelo y los enfrentó, con su pose más orgullosa.

—Ahí vamos. ¡Contra la oscuridad y el caos, siempre reinará la luz! —exclamó, como si los tuviera a tres cuadras de distancia—. ¡Villanos, ríndanse!
—¿Tienes que anunciarte así? —preguntó Claire desde atrás, preocupada—. ¿No sería mejor caerles de sorpresa?
—Es verdad, pero tengo que darles algo que escribir a los diarios después. Ahora, presta atención, que viene la acción de verdad.

El ogro ya iba hacia ellos, revoleando su maza como si todavía fuera de utilería. El dragón quiso incendiar el telón, pero solo lanzó corazones de papel por la boca y se atragantó. El hombre de hojalata dejó el baile y bajó del escenario. Sun fue hacia ellos, esquivó el primer golpe, devolvió un puñetazo. La maza quedó incrustada a la pared.

Los sonidos del metal golpeado y los gruñidos ahogados llegaron a la muchacha.

—Está bien. Asistente de héroe. Esto va a estar bueno —se dijo Claire, mientras buscaba algo en su bolsillo—. Por fin mi madre dejará de molestarme con que me consiga un trabajo de verdad. ¿Dónde dejé mi móvil? ¿Eh?

Los tres alborotadores habían vuelto a su forma humana y yacían en el suelo, inconscientes, junto al héroe que la saludaba con una mano alzada con la «V» de la victoria.

—¡Una vez más, Super Sun al rescate!
—Pero… yo quería tomarme una selfie contigo detrás, persiguiéndolos —balbuceó ella, con el móvil en la mano—. Para enviarla a mi familia. Y mis amigas no van a creerme si no ven una prueba.

La sonrisa de Sun se esfumó.

—¿Estás hablando en serio?
—Eh… ¡Claro que no! —mintió ella, con una risa forzada—. Olvídalo.

Pero él no se mostró muy convencido.

—Espera, no guardes el teléfono —pidió, más serio—. Podría buscar otras escenas de crimen ahora mismo. Estoy aburrido. Esta noche ha resultado un bodrio.

Ella lo pensó un poco, sorprendida. En ese momento, la policía ingresó al teatro, junto a los bomberos y el personal médico en busca de los heridos. Aquel problema había sido resuelto.

—Si estás aburrido, podríamos ir a tomar algo al bar del frente —ofreció—. Es decir, solo si quieres.
—Me refería a la foto que ibas a tomar —aclaró Sun, todavía junto a los tres caídos.
—¡Oh, sí! ¿De verdad harías eso por…?
—¡Ahhh! ¡La luz! ¡Vuelve a encenderla, por Dios!

Al retroceder para tomar la foto, Claire se había apoyado en el tablero eléctrico abierto. Y ella era la nueva asistente del héroe de la ciudad.

El futuro de los leselianos era incierto. Aunque no hacía gran diferencia con las hazañas de la policía, si lo pensaba bien.

—¡Sun! ¡Lo siento tanto! ¿Estás bien?
—Sí. No te preocupes. No volveré a olvidar mis gafas de visión nocturna. Ahora busca un buen ángulo.
—La verdad es que te ves bien en cualquier perspectiva.
—No tanto como tú. ¡Ahhh! ¡Otra vez! ¡Aléjate de ese interruptor!


+++

La primera misión en conjunto de Sun y Claire. Escrita para el reto número doce de El libro del escritor: Combina estos tres personajes a modo de secundarios: «el hombre de hojalata», «un dragón enamorado» y un «ogro» para hacer con ellos una narración fantástica.
Y para que sea «fantástico» un encantamiento vale, me imagino.
La imagen es Lim Kim, en el video de Awoo.
Cumbia de la manicura asesina

Cumbia de la manicura asesina

23 marzo 2017

reto once—¡Flash! —anunció el televisor—. ¡Noticia de último momento!

La humana sentada frente a él apenas reaccionó. Comía de un tazón de papas fritas con queso, sin detenerse ni cambiar el ritmo en que su mano iba del plato a la boca. Debajo de ella, el sillón roncaba.

El aparato vio que tendría que esforzarse un poco más. Carraspeó, mientras la música del informativo salía de sus parlantes y los colores de la introducción del segmento de noticias bailoteaban en su pantalla. Se irguió un poco en su mesita y volvió a la carga, tomando prestada la voz de la presentadora local.

—Interrumpimos la programación habitual para traerles los detalles de la última cacería de nuestro héroe, Super Sun, en Leseli City —dijo, y añadió por cuenta propia una cuota de ironía en la definición de Sun.

Era un televisor con formación crítica, nunca dejaba ir sin analizar una palabra de los contenidos que transmitía. Además, se consideraba dueño de un humor negro afilado. Le gustaba cambiar intencionalidades en los discursos del alcalde o en los diálogos de las telenovelas de la tarde. Una pena que el único que lo disfrutaba y lo entendía dormía el quinto sueño en ese instante.

—Ha caído el malvado hechicero de objetos, Isaac Carovnik, luego de que intentara huir en un helicóptero. Fue delatado por los gritos del vehículo, que luego declaró una fobia a las alturas. Carovnik será puesto en custodia mágica y el helicóptero recibirá tratamiento psicológico por los traumas sufridos.

La joven sentada siguió masticando. El sillón gimió, entre sueños.

—Recordarán el incidente de la mujer cuya manicura cobró vida y sus uñas la llevaron por la ciudad, cometiendo diversos crímenes —continuó televisor, sofocando una risita—. También se hará la búsqueda de electrodomésticos animados, distribuidos por toda la reg… ¡Bombaaaaa! ¡Despierta, tarado!

El sofá pegó un salto que casi tiró al piso a la que lo ocupaba.

—¡Qué! —gritó el mueble, espantado—. ¿Qué pasa, qué?

Televisor silenció a la presentadora en él, que seguía moviendo la boca y luego mostraba las imágenes de Sun llevándose al hechicero.

—Nada —protestó, desde los parlantes—. Yo aquí, hablando solo. Como siempre.

La muchacha tomó el control remoto y lo sacudió, intentando que volviera el sonido del noticiero. Sillón bostezó y se desperezó, estirando sus patas con esfuerzo por el peso que soportaban.

—Algo escuché, entre sueños. No te preocupes —aclaró, desempolvando los almohadones, y señaló a la que apoyaba sobre él el trasero—. Ésta no nos delata nunca. Ya lo verás. Ahora me aburro, pon algo de música.

Televisor buscó el canal de la radio satelital, ignorando el control que la humana le arrojaba en medio de insultos. Subió el volumen y una cumbia de otra década llenó el pequeño departamento. Las sillas se deslizaron sobre la alfombra, el sillón siguió el ritmo golpeando el suelo. Alguien gritó, desde afuera, que lo dejaran dormir. Las ventanas se cerraron y las cortinas se movieron, de un lado al otro en sus barrales.

La joven se levantó, directo al baño. El queso había vuelto a bailarle en las tripas.


+++

Ahora es el turno de los villanos de Leseli City. Relato escrito para el reto once de El libro del escritor: Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.
La imagen pertenece al video de Primary: Hello. Véanlo. Parte de la idea surgió de ahí, pero de forma muy libre.
Posts anteriores Volver al inicio