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¡Feliz Año Nuevo!

¡Feliz Año Nuevo!

31 diciembre 2020

 

Brindemos por un 2021 lleno de cosas buenas por contar

Invaluable

Invaluable

27 diciembre 2020

De nuevo había ocurrido.
Otra vez, un viaje astral con una clienta había salido mal. Aun cuando Chamán había utilizado una dosis mucho menor en la sustancia para el brebaje. Las malditas viejas podían resistir cualquier cosa, pagaban lo que fuese, bebían y comían lo que él les dijera, con tal de ver algo que les diese tema de conversación con otras viejas de mierda. Él no era un fraude, solo vendía experiencias. Lo mejor que podían hacer las imbéciles era no morirse en medio de una sesión.

A la primera, la había tirado en su propio auto, sobre la carretera que pasaba cerca de su barrio. Eran casi las tres de la mañana, nunca le había pasado nada semejante. Todavía tenía pesadillas en las que cargaba con el cuerpo flácido y pesado de aquella mujer. Nadie había tomado aquella muerte como algo fuera de lo normal. ¿Quién preguntaría por el paro cardíaco de una anciana que se la pasaba entre el casino y las carreras de caballos?

Apenas se le iba quitando el susto y esto volvía a suceder.

El proveedor de siempre había caído y a Chamán le estaba costando encontrar uno que le trajese otra sustancia con el mismo nivel de pureza. La que se había quedado dura esta vez era una muchacha más joven, que por suerte también había llegado en su propio transporte. Sin embargo, una motocicleta ya sería más difícil de abandonar como si nada. Tenía que parecer que la chica se había accidentado.

«Debo ser un genio» se dijo, con amargura, mientras arrastraba el cuerpo de la chica hasta el garaje donde ella había dejado el vehículo y el casco. «Apenas encuentre a aquel idiota, me va a escuchar».

La sesión había terminado más tarde de lo común y ya habían pasado de las tres y media de la madrugada. No había nadie en el vecindario. Pero tampoco podía confiarse de que no hubiese nadie volviendo de alguna fiesta, ya eran las primeras horas del sábado y mucha gente empezaba a salir desde los jueves.

Los relámpagos al sur, en medio del calor insoportable, daban una idea de la tensión que él también estaba sufriendo por dentro.

De alguna forma, se las había arreglado para acomodar el cuerpo, con el casco en el codo tal como lo había traído, sobre el camino junto al río que pasaba al sur de su barrio. Cubrió la mano del cadáver y aceleró la moto, de forma que al soltarla hizo un leve zigzagueo y fue a dar al barranco y luego al fondo del agua directamente. La muchacha había quedado sobre el lodo de la orilla, en pésima posición, pero de inmediato la gravedad hizo lo suyo y el río se quedó con todo.

En ese instante, el cielo estalló y gruesas gotas empezaron a cubrir la desesperación, el sudor, la nube de tierra que se había levantado.

Chamán contuvo las ganas de gritar y solo respiró hondo, empapándose, hasta que pudo calmarse. Las manos y las piernas le temblaban, por el esfuerzo de haber arrastrado la moto y el cuerpo hasta ahí y por el terror de que detrás de las ventanas oscuras de los vecinos algún par de ojos lo estuviese viendo.

Diluviaba. No se veía más allá de un par de metros, por la densidad de la lluvia. Las calles de tierra del vecindario estaban intransitables. Pero Chamán no quería regresar a casa. Estaba eufórico. Él sí podía con todo. Solo debía querer hacer las cosas y los problemas se solucionaban solos. La vida no era tan difícil.

Deambuló por la zona, riendo por momentos, aterrado al borde de la paranoia por otros. Siempre bajo la lluvia. Caminó hasta la ruta y se compró un pack de cervezas y cigarrillos en la estación de servicio. Comenzaba a amanecer, cuando volvió caminando despacio, echando el humo en aros pequeños, medianos, más grandes.

Se detuvo a buscar las llaves y se fijó en que las huellas de la motocicleta no hubiesen quedado tan marcadas en su ingreso a la casa. La lluvia era su aliada aquella noche.

Entonces, al acercarse a la puerta, encontró un papel blanco, doblado, con la única punta que sobresalía empapada.

Lo quitó, asombrado de que los repartidores de publicidad estuviesen dando vueltas desde tan temprano. Tuvo que abrirlo, al notar que solo era una hoja blanca, de las de cuaderno, con renglones azules y algún garabato en tinta negra por dentro.

Y el garabato decía solo una cosa: «El valor del silencio de un buen amigo es difícil de medir. Por suerte, el mío tiene unos cuantos ceros detrás del uno. ¿Cuándo nos vemos, así hablamos?».
¡Feliz navidad!

¡Feliz navidad!

24 diciembre 2020

Ojos que no ven

Ojos que no ven

20 diciembre 2020

Al mediodía siguiente, la cabeza de Nicolás descansaba sobre su almohada. El resto de su cuerpo estaba cubierto por un desastre de sábanas y ropa sucia. No hacía más de cuatro horas que él había vuelto del club, el sol se ocultaba detrás de las persianas bajas y el ruido de los demás habitantes de aquella casa estaba amortiguado, en parte, por la puerta cerrada.

Roncaba por la posición antinatural que había adoptado, como si no le bastara el tamaño del colchón para estar cómodo. Como si hubiera dado mil vueltas antes de que el sueño lo venciera.

De pronto, la puerta comenzó a abrirse con mucha lentitud y algunos de los sonidos del día se colaron, sin provocar en el dj más que el deseo de taparse la cabeza con las sábanas. Al pie de la cama, su madre lo observaba, apenada.

—Lo siento, Nico, pero tú mismo pediste que te despertase apenas estuviese lista la lasagna —aclaró la mujer, en un tono de voz muy suave—. Ven a almorzar, luego sigues durmiendo.

Como nada ocurrió con solo decirlo, ella debió mover a su hijo, zamarrearlo un poco para que lograr que éste respondiese con algún gruñido.

—Mmm... sí... —dijo Nicolás, entre sueños—. Ahora voy.

Morena suspiró y volvió a incorporarse junto a la cama de su hijo.

—Nico, puedo guardarte un poco en la heladera.

Estaba por marcharse, cuando el joven entre quejidos que denotaban gran esfuerzo pudo sentarse, con los ojos entreabiertos.

—No, no. Ya estoy arriba, ma. Ahora voy, sirve un plato para mí.

Ciertos platos cocinados por aquella mujer podían ser motivo de competencia entre los habitantes de esa casa. La lasagna era uno de éstos y Morena sabía que su hijo menor no se perdería aquel almuerzo, por más estilo de vida nocturno que tuviera.

—Te esperamos, hijo —se limitó a responder, con una sonrisa, antes de salir al pasillo.

***

Ya en la mesa, Nicolás escuchó a sus hermanos Thiago y Mirna, ambos hijos predilectos de su padre, hablar de asuntos relacionados al mundo de los espíritus, mezclados con sus respectivas profesiones diurnas. Tomás Luna, sentado a la cabecera, participaba con entusiasmo en la conversación.

Su padre era un reconocido médium que había mantenido a su familia a costa de reuniones donde mesas y sillas flotaban o visitas a lugares donde las personas quisieran librarse de supuestas maldiciones o presencias fantasmales. Su madre había sido la chef de un restaurante donde las sartenes volaban, hasta que contrataron los servicios del estrafalario medium. El resto, era historia.

—¿Estás bien, hermano? —preguntó Oriana, la menor, sentada junto a él—. El guantazo que te pegó esa muchacha todavía se ve en tu mejilla.

Nicolás enrojeció de vergüenza. Sus hermanos mayores no tuvieron mucho éxito en contener las risas y su padre tuvo que acallarlos.

—Hija mía —intervino Tomás—, no es de buena educación que uses a los espíritus para sacar chismes sobre la vida de los demás.

—Pero si yo no pregunté, papá, me lo susurraron al oído —protestó la muchacha.

El dj sintió envidia por un momento. El único poder de aquella mocosa era el de escuchar a los espíritus que la rondaban durante las clases en la facultad de medicina. No tenía que soportar el verlos también, como él. Junto a su madre, Thiago tosió, castigado por las carcajadas durante la comida. Él tenía dones muy parecidos a los suyos y sí los había desarrollado, bajo el cuidado de su progenitor.

Nicolás siguió comiendo, concentrado en su plato favorito y haciendo de cuenta que no escuchaba a nadie. En la silla de enfrente, Mirna hacía un esfuerzo para no atragantarse de la risa. Ella también podía ver fantasmas, don que utilizaba en la estación de policía con mucha habilidad.

—No importa, Oriana —continuó el cabeza de familia, con seriedad—. Haces de cuenta que no escuchaste y esperas a que él te lo cuente.

—Sí, claro —murmuró la menor, volviendo a su tenedor—. Como si alguna vez nos contara.

Finalizada su porción, el dj se levantó de la mesa, sin esperar a que el resto terminase. Morena le dijo que esperase por el postre, pero él se limitó a llevar su plato, su vaso y sus cubiertos a la cocina, para volver a la cama. Todavía estaba enjuagando las cosas en la pileta, cuando su padre pasó junto a él, camino a la heladera.

—Llamó tu amigo, pidiendo un favor —comentó el hombre, mientras sacaba una botella de agua fría.

—Ah, sí —respondió Nicolás, secándose las manos—. Puedes cobrarle bien caro, seguramente va a revender tus servicios a terceros, tal como lo hace conmigo.

Su padre quedó de pie, a su lado. Se veía pensativo.

—No parece el caso, hijo. Hablé con el contacto que me pasó Johnny, es un problema familiar. Nada grave, pero necesita ayuda extrasensorial. Yo tengo otros compromisos y al parecer el tema es urgente, deberías intentarlo tú.

Nicolás se quitó el delantal y lo dejó colgado frente a la puerta del horno. Estaba furioso, nadie en esa casa lo tomaba en serio, ni cuando decidía hacer algo, ni cuando se negaba.

—Ya le dije que no cuente conmigo —contestó—. Que se las arregle. 

Salió de la cocina y se marchó a dormir. Sin embargo, no alcanzó a llegar a su cama y ya sabía que de todas formas iba a meterse en otro de esos problemas.

Secreto en el polo

Secreto en el polo

18 diciembre 2020

El temor de Papá Noel a caer enfermo este año nos hizo atender a nosotros la avalancha de cartas con pedidos. No es una queja, que no se malinterprete pero, ¿qué tiene de especial esa caja negra que tantos niños la piden? He visto al propio Noel, embobado frente a una de éstas a escondidas, gritando y culpando a alguien de ser un impostor, mientras transmitía todo por cámara a vaya a saber quién. A los duendes ya nada nos sorprende.

***

Las palabras del mes de diciembre: Avalancha, especial, enfermo. 
Reto adicional: Escoger entre Reyes Magos o Papá Noel e incluirlos en el relato.
Yo soy #TeamPapaNoel toda la vida ♥ Micro para el reto Cinco líneas de diciembre de Adella Brac.

Por fin he entregado el trabajo final en lo que venía estudiando, así que empiezo mis pequeñas vacaciones de lo que fue este 2020. Tengo mil cosas planeadas para el blog, pero estos primeros días no he podido hacer más que descansar. Me estoy poniendo al día con mi lista de lectura de a poco, además de las actualizaciones de mis historias semanales, una de las cuales está en el blog. Soy muy feliz por todo lo que he podido lograr este año, a pesar de todo, así que ahora voy a visitar a los blogs amigos y a seguir escribiendo, que son las cosas que más disfruto acá en internet.
Sin remedio

Sin remedio

08 diciembre 2020

El viernes siguiente, a Nicolás le ardía la mejilla derecha. La vergüenza lo había llevado, embotado, de regreso hacia la cabina donde ponía la música, encima de la pista de baile.

Sus manos guiaban por sí solas los controles en la consola, casi en automático.

Entonces, alguien dejó a su lado una botella de soda bien fría y un vaso con una rodaja de limón. Era Jonathan, uno de los bartenders.

—Qué guantazo, ¿eh? —comentó el joven con la bandeja, mientras le servía el agua en el vaso—. Mireya ha sido muy dura, amigo. Y yo que pensé que esta vez sí iban a volver ustedes dos.

Nicolás balbuceó algo en respuesta, como para simular que la conversación estaba en marcha y que su compañero no insistiera. Pero sí que le dolía el rostro. La bofetada que su ex le había dado en el camino hacia los baños del club había sido fuerte. Tanto, que la cantidad de presencias luminosas estaban invadiendo el lugar y él seguía con la cabeza en otra parte.

—Es mejor que todo quede así, tienes razón —continuó Johnny, dando vueltas por la cabina con incomodidad—. Nico, en realidad yo venía a… Tengo que pedirte un favor…

El dj despertó de su tragedia amorosa con solo oírlo. La forma en que su amigo evitaba mirarlo, el hecho de que aprovechara su distracción en pleno horario laboral para acercarse, todo indicaba por dónde iban los tiros.

—No soy médium, Jonathan —aclaró, en voz bien alta—. No pienso meterme de nuevo en uno de tus negocios raros. Si necesitas esos servicios, mejor ve con mi padre o mis hermanos. Ellos te darán un descuento y lo harán bien, con todos los recaudos.

—Nico, esto es diferente, por fav…

—Basta. No voy a caer de nuevo —dijo, cerrando el tema, mientras aprovechaba el in crescendo del ritmo para aumentar poco a poco el volumen y eliminar a todos los fantasmas del club.

El barman contestó algo que él no escuchó, le palmeó el hombro y lo dejó a solas de nuevo, como él quería. Al menos, en ese instante. El vacío de esa cabina era el de su alma, sin rumbo ni planes reales. Solo era un niño jugando a esconderse tras una cortina de sonidos. ¿Cuánto duraría en ese juego? ¿Viviría así para siempre? ¿Y si aquel truco dejaba de funcionar?

En eso estaba, cuando en el reloj dieron las dos de la mañana. Giró la perilla al máximo, poniendo los tímpanos de los presentes a prueba, y suspiró aliviado. La oscuridad era sinónimo de tranquilidad. Las luces tenues de colores que pasaban por la pista eran un descanso para sus ojos sensibles. Segundos después, el regreso de la muchacha brillando de blanco, en frente a la cabina, hizo que su corazón diese un vuelco. No había remedio. El refugio estaba agrietándose.
Higos para la luna

Higos para la luna

06 diciembre 2020

En Delos, aquellas mujeres que adoran a la luna no están muy cuerdas. Se los digo yo, que las observo desde mi tienda en el mercado ir y venir, mendigando frutas para sus ofrendas.

Siempre me lo pregunté, en mi cabeza de comerciante. ¿Desde cuándo a la luna le interesaba comer higos jugosos? ¿De verdad la luna se enojaba si le presentaban un higo un poco pasado? ¿Cómo es que estas locas del monte Cynthus hacían para enterarse del sabor que tenían? Para mí, Artemisa estaba allá arriba, muriendo de risa, mientras las Cynthias se daban una panzada con los higos que nos quitaban gratis a nosotros.

De verdad, estas muchachas, siempre somnolientas, siempre apuradas de volver a su templo con los tesoros que lograban juntar y sin siquiera darnos alguna profecía agradable para el futuro, me parecían muy sospechosas.

Hasta que me ocurrió algo muy extraño.

Hace poco, cuando las musas vinieron por mí y pude sentarme en la fiesta del pueblo a tocar mi flauta, una Cynthia se me acercó y logró sonsacarme el compromiso de subir a esa horrible montaña, para honrar a la diosa con mi música.

Así que allí estaba, al pie de ese grupo de rocas al anochecer de la decimonovena noche del mes, cargado de higos y con mi flauta colgada a la espalda. Pensé que, si lograba llegar a la cima, no podrían impedirme que comiera junto a ellas, así debiese bailar como poseso con mi flauta. En mi corazón había pedido que Artemisa me perdonase por esa vez, ya que planeaba quedarme unos cuantos días comiendo y bebiendo.

En realidad, tenía un par de ideas interesantes para darles. Si instalaban un pozo de los deseos y permitían que me disfrazase de anciano venerable, podríamos hacer unas cuantas monedas. Si hasta sobraría para ofrecerle a la diosa.

Por eso, aunque cansado, llegué contento a la cima de Cynthus. El grupo de mocosas me estaba esperando, algunas visiblemente ansiosas, otras bostezando, pero ninguna dejó un solo higo en mi cargamento apenas aparecí. Locas, aunque sin un pelo de tontas.

La luna brillaba sobre nuestras cabezas, redonda y blanca, para el momento en que me dejaron entrar al templo. Apenas vi la mesa repleta de ofrendas me quedé sin aire. Debí contenerme para no lanzarme sobre la cantidad de comida que habían reunido allí. Les gustaba comer a las Cynthias, por supuesto. Y beber también.

Comenzada la ceremonia, dejé lo mejor de mí con la flauta. Las vi bailar a todas, algo desgarbadas, algo seductoras. Las vi divertirse y ofrecer esa diversión a la estatua de aquella mujer severa que las observaba desde su asiento, al centro del templo. Debí empezar a sentir en mi corazón el temor a la diosa o la impresión por el secreto al que estaba accediendo, porque de pronto el templo entero estaba brillando. Mi flauta vibraba con los sonidos, como siempre, pero el eco de mi música era espléndido. En un momento, levanté la mirada y pude notar una sonrisa en la estatua blanca, blanquísima, casi cegadora de la diosa.

El baile de las muchachas no se detenía y mi música seguía sonando, a pesar de que yo ya había dejado la flauta de lado hacía un buen rato para mirarlas. No sentí temor ni sorpresa alguna. Estaba como hipnotizado. Sin embargo, en el fondo, no dejaba de ser yo.

«Los higos, debo probar los higos» pensé, en medio del embotamiento general.

Bailando, me sumé a la ronda de las Cynthias. Me llevó un poco de tiempo el soltarme de sus manos para avanzar al centro de la ronda, hacia la mesa de las ofrendas. La sorpresa era que, a pesar de que no había visto a ninguna de ellas comer nada, ya casi no quedaba ninguno de los alimentos en el lugar.

Vi que ya solo había un higo sobre la piedra pulida de la mesa. Extendí mi mano y, al morder la fruta, supe que era lo más dulce y delicioso que comería por el resto de mi vida.

No recuerdo más.

A la mañana siguiente, con el sol bien alto en el cielo, desperté en medio de la plaza del pueblo y con mi flauta partida en dos. Debí correr a esconderme a casa, porque estaba bañado en vino y la gente se reía de mi desnudez. Lo cierto es que mi único pecado fue comer de esa mesa, pero hay algún fragmento en mis sueños en el que la estatua de la diosa está de pie frente a mí, furiosa. Temo por mi negocio. Mi razón me dice que debo abandonar la isla, lo antes posible. Sin embargo, el recuerdo de aquel sabor increíble me obliga a intentar regresar a esa montaña. Por más que deambulo por Delos, ya no encuentro el camino que tomé aquel anochecer. Han pasado varios días y no puedo pensar en otra cosa.

Ni siquiera puedo acercarme a ninguna de las chicas del templo. Apenas veo una Cynthia, ella corre para alejarse de mí. Creo que estoy maldito. Voy a enloquecer.

Así que ahora ya lo sé. Los higos son el fruto preferido, la razón por la que aquellas chicas deambulan buscando la mejor ofrenda para su diosa. Quiero sumarme a ellas. No sé por qué sigo en este mundo luego de semejante afrenta, pero voy a aprovechar mi tiempo. No voy a descansar hasta poder volver a entrar a aquella ceremonia.

Esas chicas que adoran a la luna en Delos están locas, claro que sí. Pero yo lo estoy mucho más y planeo ser el primer hombre en unirme a la causa.

***
Relato escrito a partir del disparador creativo tomado de la web escribir.me: "Escribir acerca de tu nombre". 
Hasta que no apareció internet, no supe que mi nombre significaba "mujer de Kynthos", monte en Delos donde al parecer había un templo dedicado a la diosa Artemisa. Lo busqué en google y me apareció como Monte Cynthus o Monte Cinto. Me dio mucha risa y ahora quiero visitarlo. 
Pido disculpas desde ya a todos los que sepan sobre dioses griegos y/o sobre la historia de estos pueblos en sí. Quise quitarle un poco de solemnidad a la idea y, al final, me divertí escribiéndolo. 
Los invito a pasar por allá y ver los retos que proponen los distintos disparadores creativos. Seguro les salgan cosas interesantes.
Y luego, la nada

Y luego, la nada

29 noviembre 2020

Un viernes más en la cabina del dj. Otra noche con el volumen al máximo y los nervios de Nicolás comenzaban a alterarse.

No había podido barrer a la muchacha del vestido fosforescente como a los demás espíritus corrientes, girando un par de perillas en la consola. Pero tampoco la extraña de ojos blancos se había acercado a él. Ni siquiera lo había seguido fuera de allí, como hacían los otros de su clase.

Cada vez que un espíritu parecía resistente a su música, resultaba ser una enorme molestia que no conseguiría sacarse de encima por semanas, hasta que el fallecido se diese cuenta de que no obtendría nada de él y desapareciera. Esta chica se había ido el viernes pasado en cierto momento de la noche, por su cuenta. Y había regresado ese viernes, entre las dos y las tres de la mañana.

Una hora de insistencia y, luego, la nada.

Esta vez, el joven empezó a hacerse preguntas. ¿Habría muerto alguna chica en ese lugar? Que él supiese, no había ningún incidente así en la historia del club. Tampoco había visto su cara publicada en la búsqueda de alguna desaparecida. Lo hubiera sabido, porque en su familia solían armarse revuelos cada vez que ocurría algo por el estilo.

Por su vestimenta, no era un fantasma antiguo. Los espíritus solían adoptar formas caprichosas, según lo que ellos consideraran importante. Por eso los de los asesinados a veces se veían igualitos a sus cadáveres. O eso decían su padre y hermanos. A él no le interesaba. ¿Por qué iba a hacerlo? 

Dieron las tres a.m. y el resplandor de la chica que bailaba enajenada se apagó. Nicolás retomó el control de su mente y volvió a barrer el lugar con el sonido, para dejar el lugar libre de presencias molestas.

***
Capítulo segundo de esta historia que comenzó en este post para el Microrreto Continuará de El tintero de oro

Como esta es una historia muy relacionada con la música, dejo la canción relacionada con este capítulo:



Solo quería jugar

Solo quería jugar

28 noviembre 2020

Allá, cerca de mi shampoo y mi bata de toalla, te quedas sentada, mirándome. Debo quitarme la ropa, estoy por entrar a la ducha. No te marchas; me sorprende cómo te armas de paciencia. Decido ignorarte. Cubro mi cabello con el gorro plástico azul, me libero de las últimas prendas y doy paso a la lluvia. Entonces, sé lo que estás buscando con tu astucia felina. Pero es tarde, tomas mi colgante de cristal con los dientes y corres lejos del baño.

***

Palabras del reto de este mes: Gorro, armas, allá.

Micro para el reto Cinco líneas de noviembre de Adella Brac. Visiten la comunidad cincoliniera, ahora tiene casita propia en la web.

Inexplicable (Microrreto Continuará: El Tintero de Oro)

Inexplicable (Microrreto Continuará: El Tintero de Oro)

19 noviembre 2020

Otro viernes en Auris, otra noche en la que Nicolás estaba en la cabina, a cargo de uno de los sectores temáticos del club. Eran apenas las dos de la mañana y el lugar ya estaba bastante lleno. El dj echó un vistazo a la gente dispersa debajo, en la pista. No se explicaba cómo podía haber alguien a quien todavía le interesase ir a una cueva espantosa como aquella.

Por un instante, se distrajo con la vista de una muchacha de blanco, brillante entre la multitud a causa del contraste de las luces negras.

«Es un efecto, es un efecto» se dijo a sí mismo, mientras la canción que pasaba estaba cerca del final y comenzaba a bajar su volumen.

La cantidad de manchas humanoides —luminosas, de ojos blancos— que surgieron en el lugar hicieron a Nicolás girarse a su tablero para insertar otro tema y subir el volumen lo más posible. Como una ola invisible, el potente sonido barrió con todas las presencias extrañas que solo él podía ver.

La chica del vestido blanco siguió en su lugar, bailando sola.

El dj suspiró aliviado.

Una de las camareras le trajo una botella de soda helada y un vaso y antes de marcharse lo felicitó por la mezcla de sonidos de esa noche. Él asintió, avergonzado.

«Lo único que hago es ruido. Lo único que quiero es espantarlos a ellos» pensó, resignado, mientras bebía.

Entonces volvió la mirada hacia la pista. Todos bailaban con el volumen al máximo. Incluyendo a la muchacha de vestido brillante, que ahora también lo observaba con esos ojos blancos. 

Continuará...
 

***
Conteo de palabras: 266. Se me pasaron 16, jojo. Pero no se imaginan cuánto lo recorté. 

La historia sigue, voy a hacer micro-entregas semanales. Esta historia quise escribirla hace un par de años. 


Extra:
Cómo será que tuve esta historia en la cabeza desde hace rato, que hasta banda sonora para escribirla tengo armada (es una lista de videos en YouTube y otra en Spotify). Hoy la volví a escuchar y la magia volvió. Les dejo el primer tema, que me dio la idea para el problema principal que va a surgir:



El misterioso caso de An (o "Hay un dios en mi reality show")

El misterioso caso de An (o "Hay un dios en mi reality show")

15 octubre 2020

Suena música pop de fondo, mientras las letras en pantalla nos dicen que estamos viendo «C Channel» en tonos de rosa y violeta. La corta introducción nos lleva a una joven hipermaquillada y de sonrisa blanca como tableta de chicles de los años 90, quien nos saluda llamándonos chimenteros y nos dice que activemos una especie de campana.

—Hoy hablaremos del misterio de la desaparición del ganador del reality show musical Produce10000 —dice, mirando fijamente al espectador, sin dejar de sonreír—. Todo comenzó en el episodio del gran final. Cuando el último juez, el enmascarado cabeza de perro negro, dio su veredicto con una balanza enorme en la que midió una pluma contra lo que parecía un órgano humano, en particular, un corazón. Así es, mis chimenteros, mientras los concursantes esperaban tras bambalinas, el juez más extraño y popular de esta temporada, An Ubis, nos sorprendió con su método para decidir quién ganaría su debut musical bajo la discográfica Hathor.

En pantalla, aparecen imágenes de los integrantes del jurado en el reality televisivo sentados a la mesa alargada y transparente del set. Todos cantantes conocidos o productores musicales, excepto el del extremo izquierdo. Se trata de un sujeto alto, de piel oscura y de músculos bien marcados, solo vestido con un taparrabos y cubierto por una especie de protección metálica en hombros y brazos, además del casco en forma de perro negro (algunos de los comentarios dirán luego que se parece más a un chacal).

—El problema es que nunca se dio el resultado oficial —nos explica la chica—, ya que ambos finalistas desaparecieron. Esa madrugada, el staff encontró a uno de ellos, Gaggy Yankee, en un callejón envuelto en vendas y sin este mismo órgano vital en el pecho. Se rumorea que la otra finalista, WhitePink, quien continúa desaparecida hasta el momento en que grabo este video, fue la verdadera ganadora, ya que la pluma fue más pesada en su caso que en el del supuesto corazón de Yankee. La policía está buscando a An, mientras los comentarios en Ositter asocian a este criminal con alguna secta religiosa o, incluso, con la existencia de algún dios antiguo.

Sea cual sea el caso, no dejen de estar atentos a mis notificaciones, seguiré dándoles novedades sobre este y más chismes de esta comuni… —Mientras ella habla, quien observa pierde la paciencia y arroja una balanza contra la pantalla del ordenador, destrozándolo e interrumpiendo la reproducción.


***

Relato escrito para el Reto Juevero "Hay un dios en mi sandwich" propuesto por Roxana del blog Soñando uno de tus sueños. Me atrajo muchísimo la idea, en la que había que poner a algún dios en una situación fuera de lo común para su mitología. Siempre me llamó la atención el juicio de Osiris, con la balanza en la que Anubis pesa el corazón del difunto contra una pluma de la diosa Maat, de la verdad y la justicia. Creo que la fauna de personajes de cualquier farándula hoy en día podría permitir que algún personaje sobrenatural se colara e hiciera una de las suyas.

Me pasé un poco en la cuenta de palabras, espero que haya valido la pena. De a poco voy regresando a mis relatos.

Mis lecturas en cuarentena - Segunda parte

Mis lecturas en cuarentena - Segunda parte

11 octubre 2020

Buen domingo, ¿cómo están? Espero que sigan cuidándose, dentro de las posibilidades laborales y económicas que tengan (según el país y la situación de cada uno puede que sea más o menos fácil de hacer). Acá estamos de fin de semana largo y yo aproveché para descansar, leer, intentar escribir algo y ver series. Mientras doy la gran vuelta por blogger que tengo pendiente, quiero dejar esta recopilación de mis lecturas en lo que fue la segunda parte de mi cuarentena (que, en total, duró un par de meses nomás y hace rato que estoy trabajando de nuevo, por eso no son tantos libros en sí):


Buena puntería - Kurt Vonnegut

Recuerdo que empecé esta lectura muy entusiasmada, la voz del narrador tenía su encanto y me atrapó, había varias frases interesantes intercaladas con lo que iba contando, y siempre tenía la sensación de que algo espectacular iba a pasar (o había pasado y lo iba a revivir en la narración). Pero, al ir avanzando, la historia se volvió lenta y dio vueltas en torno a detalles que no parecían importantes. Además, el clima general de la novela se hizo tan oscuro y denso, que no fue fácil continuar la lectura sin sentirme triste y abrumada (en serio, pasan cosas terribles y no hay un rumbo definido para la vida del protagonista). No sé si me gustó o no. Solo puedo decir que no es una historia convencional.


Sushi para dos - Olga Salar

La comencé buscando desesperadamente algo ligero para intercalar con mi lectura previa. No estaba lista para este nivel de ñoñería. Perdón, yo también escribo cosas que salen más o menos, a veces saco historias escritas sin muchas ganas de pensar o con el único objetivo de cumplir con un reto literario, pero aviso en la publicación y pido disculpas a quien lo lea, jamás se me ocurriría venderlas como libro a alguien. Hay que releer lo que uno escribe y saber reconocer cuando la temática es medio... medio. O darle otra época histórica a los personajes, para que yo me crea que a la protagonista alguien puede dejarla solo por no saber cocinar (ubicala en los años ochenta, por lo menos, qué se yo). O darle algo que sea realmente un trauma para una persona en el siglo veintiuno.


Otelo - William Shakespeare

Sí, tenía este como pendiente y me dije "¿qué mejor que pasar de una historia turbia a otra?". Pensé que estaba vacunada contra el horror, pero igual me enojé con los personajes. Lo bueno es que sí fue la intención del autor al escribir esta obra, indignarnos un poquito (no como a la autora del libro anterior, que seguro ni se mosquea cuando ve las reseñas en Goodreads). Me quedo pensando, al final, cuántos Otelo y Desdémona siguen habiendo hoy en día y cómo la humanidad casi no ha cambiado.




Mención especial: (es un manwha, es decir cómic coreano, y lo vengo leyendo en una plataforma online) 


True Beauty - Yaongyi

Me llamó la atención la temática moderna de esta historia. Soy de mirar videos de gente maquillándose en Youtube, a pesar de que yo ni sé maquillarme. Y sufrí en mi adolescencia, como muchas otras chicas, por ese ideal imposible de belleza que nos mostraban. Así que me metí en la lectura, con ganas de ver algo del viaje de esta chica en su realización personal, no solo en su imagen física (que es lo primero que logra, ya que solo debe aprender técnicas de maquillaje) sino en su autoestima y superficialidad (creo que va a ser lo más difícil) y en las trabas que pone la misma sociedad que la rodea. Da muchos mensajes, aunque bordea el amor tóxico y no sé si la idea es dar una reflexión sobre eso o no, pero igual, todavía estoy viendo cómo avanza. Espero poder darle una reseña final más extensa apenas vea cómo termina.


Cuéntenme si han leído estas historias o si tienen ganas de leerla. Además, acepto recomendaciones de libros/cómics de todo tipo. Quiero volver a leer como antes. 
La mujer maní

La mujer maní

09 octubre 2020

Siempre digo que será el último, luego vuelvo a meter la mano en la bolsa; no sé de qué me sorprendo. Pero hoy no he tenido límites. El paquete de maní salado que consiguió el abuelo en oferta en el mercado parecía interminable. Como para acompañar mil cervezas, así de grande. ¿En qué momento mi hambre y el terror de esta maldita película me han hecho perder la cuenta? ¿Cómo me he comido diez kilos de maní en una noche? ¿Egrhhhl?

***

Las  palabras del reto de octubre: Último, hoy, abuelo.

Microcosa escrita para el reto Cinco líneas de Octubre de Adella Brac. Basado más o menos en un evento real (de cuando me comí una bolsa de maní sin darme cuenta y en casa se enojaron porque no les dejé nada, luego me convertí en maní gigante).
Sí, lo sé, creo que esto es de lo peorcito que he traído al blog en años, pero mi cerebro está tan agotado que al menos quería rebelarme y hacer algo. Aunque parezca la decadencia total, para mí el haber escrito un poco de nuevo es una victoria. (Blogger, por favor, traeme un modo oscuro, mis ojos te lo ruegan).

Y bueno, espero que haya gente sintiéndose identificada y nada enojada de haber perdido el tiempo leyendo esto. Me voy a visitar a los blogs amigos, que me dan vida nueva. Necesito un respiro de esta rutina. 
Dilemas cerebrales

Dilemas cerebrales

29 agosto 2020

A los del servicio técnico de Neuralife:


No voy a enviarles más sensomails con insultos a medias. Este chip de ustedes, por más dañado que esté, sigue siendo efectivo en impedirme decirles adónde pueden irse, manga de… Sé que pedí la implantación cerebral con el programa «Sofisticado y bien educado», pero mi interés era acercarme a hombres, no el tener problemas en hacer un reclamo.

Voy por el quinto divorcio, con o sin su plaquita instalada en mi cabeza, así que ya sé que no sirvo para las relaciones. Pero cuando quise darme de baja y ustedes me ofrecieron el programa «Candidato ideal para oficinas en Marte», volví a caer en la trampa. Soy un...

Ahora solo pienso en trabajo. Y sigo sin poder insultar. Sin embargo, no es por eso que escribo:

Fue anoche, en medio de esa delicia que es el límite entre el dormir y estar despierto, con mi almohada bien mullida y sábanas que no emiten ningún tipo de estática. Una voz empezó a hablar, dentro de mi cabeza. Era muy suave, incluso sensual.

—¿Te gusta? —dijo, una y otra vez—. ¿Tendrías el valor de usarla?

Del susto, desperté. Pensé que mi canal de porno cerebral había vuelto y traté de sintonizarlo. Pero no. ¡Si ustedes lo reemplazaron por «sea empleado del mes»!

No fue un sueño. No.

Si hoy, en plena siesta en el baño de la oficina, la voz regresó. Esta vez, con imágenes muy claras de lo que ofrecía. Era una máscara metálica, con una expresión terrible. Brillaba. Me ofrecía tener a la mano todo lo que yo deseara, sin necesidad de chips ni ninguna otra mier… Y me pidió a cambio ¡solo una suscripción mensual de mil Rys!

¡Era spam! ¡Su Neurachip ya ni es efectivo contra eso! Así que escribo ahora para que quede registrado, por si no salgo de ésta. Voy a sacármelo como sea, no me importa. No quiero más nada. Solo quiero volver a ser yo mismo. Y, si sobrevivo a esta locura, lo primero que haré será insultar. Voy a decir todas las chanchadas que se me ocurran, todas las que recuerde. ¡Y los voy a mandar a ustedes a…!

Sensomail cortado, por exceso de caracteres.

Envío finalizado.

***
Relato escrito a partir del Argumento 5 del Reto juevero de esta semana, propuesto por El Demiurgo de Hurlingham. No quería perdérmelo, pero siempre llego los sábados re tarde a sentarme a escribir. Espero entrar, pero si no igual ha sido muy divertido este reto. Además, me inspiró un poquito la noticia del chip cerebral anunciado por Elon Musk. Vaya a saber lo que nos espera en el futuro. La realidad se parece cada vez más a Black Mirror.
Voy a darme una vuelta por los relatos del resto.
Metálica soledad

Metálica soledad

23 agosto 2020

Ella me lo advirtió. Yo solo reí. «Amor, el ascensor me ha hablado hoy. Usemos las escaleras desde ahora». «Es muy raro. ¿Para qué tantos departamentos vacíos? ¿Cómo es que nunca encuentro a nadie en los pasillos?» Ahora todo tiene sentido. Cuando el apuro de esta mañana me hizo entrar en el cubículo de metal, supe que no volvería a salir. Han pasado días, aún no llego a la planta baja y esa vocecita del techo no para de buscar charla.


Las palabras para el reto de este mes: Para, todo, ella.

Microrrelato escrito para el reto Cinco líneas de agosto de Adella Brac. Basado en un mensaje que recibí de mi novio, avisándome que no usara el ascensor que habla de nuestro edificio, porque parecía que se quedaba estancado más que el otro, que no tiene voz. Es algo cotidiano, es verdad, pero por un instante lo leí como algo de ciencia ficción y me pareció divertido.
La pared roja

La pared roja

16 agosto 2020

Estaba en la enorme habitación de la planta alta, pincel en mano, frente a la pared. Los dibujos, delineados en lápiz sobre el blanco, daban la pauta a seguir. Paisaje veraniego, el mar de fondo, cabañas flotantes de techos puntiagudos, palmeras... muchas palmeras.

«¿Quién en su sano juicio pinta esta mierda en su casa?».

En la ventana, el sol iba haciendo el descenso temprano, para dar paso a las sombras y el frío.

Él no tenía reloj, pero sabía que la noche cubriría pronto sus ganas de hacer algo productivo.

Se encogió de hombros, echó el pincel dentro del bote amarillo de pintura y encendió un cigarrillo. El frío empezaba a hacerse más intenso. Pensó que, a lo mejor, pintaría de rojo esa pared. Nada de dibujos. Decidió que una estufa junto a la puerta le vendría bien. A lo mejor, se mudaría esa semana. ¿Cómo lo tomaría Leandro? ¿Cómo le diría que no quería que viniese con él? ¿Cómo…?

Un chirrido en el piso de abajo lo sacó de sus pensamientos. No había duda, eso era el sonido de pasos sobre el piso de madera. ¿Cómo habían abierto la puerta? No había oído vidrios rompiéndose, ni la pesada puerta del ingreso abriéndose. Solo sus propios latidos, ampliándose, subiendo la frecuencia.

Se armó con el palo de escoba y enfrentó las escaleras. Bajó cada peldaño, nunca supo cómo, si cada pierna temblaba como gelatina. Y el frío de esa casa parecía empeorar con el atardecer, si hasta creyó ver que su aliento formaba una pequeña nube blanca frente a su cara. Al pisar el suelo de madera de la planta baja, ya tiritaba.

—¿Quién anda ahí? —gritó, con la esperanza de alertar al intruso para que huyera lo más rápido posible. En dirección opuesta a la suya, por supuesto.

Silencio. Nadie respondió. Nada se movió.

«¿Lo habré imaginado?»

Entonces, un ruido mucho más potente lo hizo pegar un salto. Aterrado. Había alguien más, pero arriba, en la habitación de la planta alta. En una explosión de adrenalina, olvidó el miedo y corrió por las escaleras con la escoba bien aferrada. Llegó y volvió a quedar helado.

No había nadie más que él en la casa. Las ventanas cerradas, las puertas con llave. El sol daba su último adiós afuera, por lo que él tuvo que encender la luz. Así vio que, encima del dibujo a lápiz que él había descartado minutos antes, alguien había escrito en pincelazos amarillos.

NADA DE PAREDES ROJAS EN ESTA CASA, CARAJO.

***

Había que incluir las siguientes palabras: 
Noche, Pincel, Chirrido, Amarillo, Planta.
Disfruto mucho estos desafíos, me dan ideas que no tendría de otra manera, así que muchas gracias a Roxana por estas propuestas. Sé que voy atrasada con las semanas, pero planeo hacerlas todas. 
A los que pasen a leer, espero que se entretengan con esto tanto como yo lo hice al escribirlo.

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Los muertos no dan besos

Los muertos no dan besos

08 agosto 2020

Abres los ojos y aún está oscuro, pero sé que has podido verme. Tus pupilas se han puesto enormes, te has sentado en la cama y, por el temblor en tus brazos, estás aterrado. Pero no voy a moverme. No, a pesar de que seas lo que más quiero tener en el universo.

Voy a lograr que vengas a mí.

Algo de mi aliento gélido ha convertido el aire alrededor de nosotros en una nube espesa, blanca. La luna, desde la ventana, intenta saludarnos y mostrarnos que las agujas del reloj se han detenido. No es necesario. Ya lo vas a notar, querido.

Son las 3:13 y no deberías estar despierto. Pero lo estás.

Es el año 2057 y yo no tendría que seguir en este mundo. Pero aquí estoy.

Te necesito. Veo la nuez de Adán en tu cuello moverse al tragar saliva y deseo recorrer tu cuello con mis… lo siento, no me he presentado. Perdón. Mi nombre es…

No huyas. Deja que te lo explique. Quiero compartir este misterio contigo, quiero que seas dueño de la eternidad como lo soy yo. Ven a mí, solo será un momento. Y no, no estoy muerta. Los muertos no dan besos.

Abrázame y deja que tome algo, a cambio de un secreto que vale millones. Te voy a dar el regalo más hermoso, te voy a hacer libre, hermoso, poderoso. Dime que sí. Ven a mí.

Sé que es extraño, nunca dije que en mi pecho siguiera latiendo ese músculo inútil de ustedes. No es mi sangre la que corre por mis venas antiguas. El vacío en mi pecho es grande como cualquiera de las estrellas que ni siquiera llegas a apreciar, titilando en el fondo de aquella ventana congelada. Lo siento, no ves el exterior ahora, la habitación entera se va a cubrir de hielo en cualquier momento.

Sálvate conmigo, déjame entrar en tu cama. Dime que sí.

Verás, no estoy mintiendo. Es que tampoco estoy viva, lo admito. Pero nunca dije que mis intenciones contigo fuesen inocentes. La cama es tan cómoda, el calor de tu piel es contagioso. Las sábanas son tan suaves, y tus ojos, son tan hermosos. Lo quiero todo. Vas a disfrutarlo al final, lo prometo. Ya te lo dije, los muertos no dan besos. Y yo no pienso besarte.


***

Otra vez, estoy tomando el reto de escribir géneros que hacía mucho que no tocaba. Me he vuelto super inocente, no puedo ni mencionar la posibilidad de un encuentro sexy entre personajes sin llenarlo de eufemismos. Inserte risa de adolescente inmadura aquí. Quiero escribir de todo, así que voy a meterme en todas las iniciativas de escritura que pueda. 
Espero que lo hayan disfrutado.
La espera de Ury

La espera de Ury

02 agosto 2020

De diez noches, nueve eran puras pesadillas, una era olvido. En cada uno de sus días, la ansiedad y el terror no le daban paz.

Terror.

Terror.

El fin del mundo estaba cerca. La adivina del palacio jamás se equivocaba. ¿Quién era Ury para decir que iba a salir ilesa de semejante cosa?

Los reyes solo reían. Pero, en el fondo de sus corazones pequeños y secos como pasas de uvas debían temer, igual que ella. Comían como si nada los saciara. Organizaban fiestas secretas sin importar la gravedad de que la muerte se pudiese colar entre los invitados. Jugaban con la suerte, igual o peor de lo que lo estaba haciendo el pueblo ignorante.

¿Para qué educarlos? ¿Para qué decirles que se esfuercen en tratar de evitar el fin?

No era el caos lo que provocaba el miedo más profundo en Ury. Ella podía abrazar el desorden, la anarquía. Había nacido en ese mundo, igual que los demás. Lo escalofriante, que la perseguía hasta la cama, en la oscuridad que evitaba obsesivamente hasta cerrar los ojos del cansancio, era no saber cuándo. El péndulo oscilaba sobre aquel reino podrido. La hoz que recogería a todas aquellas almas perdidas que todavía se aferraban a sus cuerpos, esperaba en alguna parte. ¿Cómo no saber en dónde, qué momento, así se echaba a beber con los demás?

Ya habían pasado dos décadas desde la sentencia de la adivina. La cabeza de la mujer había permanecido clavada sobre una pica, en la entrada norte de la ciudad, durante más de un año antes de que algún loco se la llevara. Nada más había ocurrido. Ningún reino enemigo se había presentado. Ningún ejército había venido por sus tierras.

Y allí estaban, suspendidos en una condena sin ejecución.

Ury no escuchaba ninguna queja en voz alta, pero sabía que todos compartían la misma desesperación silenciosa. Las mismas pesadillas oscuras. La inquietud.

¿Dónde estaba la semilla de la destrucción?

Los primeros tiempos, antes de condenar a muerte a la mensajera del fin, el reino había buscado la posible causa de la extinción. Habían querido evitar aquello. Sin embargo, con el pasar de los meses y sin ver la desgracia prometida, algunos se habían relajado. Otros, furiosos y con ganas de ver que todo ardiera, provocaron otra clase de caos. Al final, las revueltas dejaron miles de muertos. Aquella sociedad había perdido todo lo que la había hecho civilizada, educada, avanzada, pacífica. De alguna manera, hasta los más altos funcionarios del rey se habían degradado a salvajes que no respetaban ni las leyes más básicas.

En cierta forma, el mundo que Ury conocía sí se había terminado. El terror lo había reemplazado por otro, mucho más antiguo, primitivo.

Por aquellos días, las cabezas que decoraban los muros de la ciudad capital eran demasiadas como para reconocerlas. La nube de moscas, el hedor, ya eran algo común. Los mercaderes de otras tierras se llevaron la terrible noticia y dejaron de venir. El caos había alejado a los más curiosos. Estaban solos.

Ury no quería verlo, pero en sus pesadillas ya podía entender. No tenía que esperar el fin. Ya había llegado. Se habían destruido a sí mismos. Se habían quitado todo lo que tenían. Y lo único que les quedaba era disfrutar de las sobras, mientras pudiesen. Hasta que algo los despertase de nuevo o los durmiese del todo, para siempre.


***

Chan chan channn… Volvieron los relatos tétricos al blog. (¿Alguna vez se fueron?).

Este lo escribí como parte del desafío de la cuarta semana de Gym para escritores, de Soñando uno de tus sueños. La temática era el miedo.

Me costó mucho pensar en algo digno para traerles con este reto, lo intenté varias veces en los meses pasados, pero siempre me salían cosas aburridas y auto-referenciales. Ahora pude llevarlo a un escenario ficticio, más o menos, sin dejar de expresar en algún que otro renglón lo que veo en este mundo de pandemia. Pero salió algo más entretenido que en versiones anteriores, así que me doy por satisfecha e inauguro de nuevo la ficción en El frasco de historias.

Basta de bitácoras. A escribir para entretenerme.
 La búsqueda

La búsqueda

29 julio 2020


El cursor titiló en la barra de búsqueda. Los dedos ubicados sobre el teclado, con la duda en la forma de una suave caricia sobre las letras estampadas en el plástico. «Qué quieres buscar?», preguntó la pantalla. Las manos hicieron su magia y el mensaje creció, letra por letra, pero no llegó a ser enviado por el Enter. Todo un mundo de respuestas esperaba afuera. Todavía. Así que el rostro frente al monitor sonrió. Dejó su silla y salió a la calle.

Las palabras del reto de julio: magia, creció, quieres.

Microrrelato escrito para el reto Cinco líneas de julio de Adella Brac.

Esto fue algo que escribí pensando más en automotivarme a salir de algunas cuestiones internas, más que un "salir a la calle" real. Lo digo, porque entiendo que todavía hay lugares donde no está recomendado el salir, en mi ciudad ya no tenemos tantas restricciones, pero igual paso mucho tiempo adentro. Igual, nunca me había sentido tan "afuera" de un montón de cosas. Voy a dejar de escribir cosas reflexivas, debería volver a los cuentos de terror. Aguante la ficción.
El felino y la luna

El felino y la luna

14 junio 2020

Esto que voy a contarles es un secreto que llevo desde hace milenios. Como mi memoria empieza a llenarse de cosas y un par de veces he confundido un personaje histórico con otro, voy a dejar las historias más importantes anotadas. En rollos de papel, dentro de este frasco enorme.

Los dejo leer, si gustan, pero no pueden llevarse nada de aquí. Lo sabré de inmediato. Sin embargo, pueden contárselo a otros. Eso no va en contra de las reglas. Al fin y al cabo, la primera manzana ya salió del árbol, a quién le importa.

Como decía, aquí va lo que voy a contarles. Atentos.

La luna no siempre ha sido lo que ustedes ven. No crean que lleva milenios ahí, de esa forma. Ahora es ese queso redondo, que los dioses devoran hasta dejar media cáscara vacía y luego vuelve a llenarse, para deleite celestial. Pero antes no, señores.

Antes era el juguete preferido de los dioses más pequeños. Una hermosa pelota, que se desinflaba y volvía a inflar cada mes. Una pelota perfecta, lisa, que reflejaba la luz del sol y se volvía brillante, a veces devolviendo el reflejo de la tierra que tenía debajo. La había inflado el mismísimo jefe, allá arriba, para sus preferidos. Además, por alguna razón desconocida, estaba prohibido tocarla cuando llegaba la mitad más oscura de la jornada. Se decía que cosas terribles ocurrían si se descolgaba la pelota brillante del cielo en la noche.

Entre los dioses, pequeños o adultos, por más curiosidad que despertase, nadie se atrevía a desafiar semejantes chismes. Tampoco es que hubiese hecho falta. Es que, como ya sabemos ustedes y yo, ¿qué es lo que siempre ocurre cuando algo no está permitido? Alguien más viene a comprobar lo que en secreto queremos saber.

En esta ocasión, el que vino fue un pequeño gato.

Un felino común, salido de quién sabe dónde. Peludito, de color negro y ojos verdes. Nadie lo notó mientras se acercó al techo de la casa más alta del pueblo humano. Nadie lo escuchó saltar, hasta arañar la superficie de la pelota y caer, para volver a intentarlo una y otra vez. Dicen que algunas lechuzas lo notaron, pero no son conocidas por ser el animal más acusador del universo. Si entre los dioses, alguien más que yo lo pudo ver, lo desconozco.

Lo que importa es que, en un momento, la pelota-luna estaba en el cielo y, al siguiente, aquella bola de pelo negra se la llevaba en la boca a su escondite. Luego, aparecieron otros gatos. Mudo de horror, todo el panteón divino observó al astro ser arrastrado por las calles oscuras, rebotando de un lado a otro, arañado y mordisqueado, hasta que al fin los felinos se olvidaron de él, abollado, arrugado en un rincón de una plaza.

El jefe volvió esa mañana, con terrible resaca. Debía tener unas cuantas historias interesantes, por los rastros de labial en su cuello y la camisa mal abotonada. Pero no había juerga peor que la que nosotros habíamos presenciado. Al final, podíamos tener que presenciar algún desastre más. Nadie quiso hablar primero.

A mí fue al único que preguntó.

—¿Qué ha pasado con pelota-luna? —sonó su voz de trueno. De fondo: la promesa de los peores tormentos según lo que yo respondiese.

No me quedó más que extender mi dedo y señalar al culpable. En aquel momento, el pequeño gato dormía junto a los restos de la desinflada pelota brillante. Sobre el empedrado de aquella plaza, yacían cientos de fragmentos de lo que había sido el capricho perfecto de su Excelencia.

Temí por aquella bola peluda, lo confieso. Sentí verdadera lástima. No sería la primera vez que por una sola noche de juegos se extinguía toda una raza. Que se lo preguntasen a los pobres dodos, que tuvieron el atrevimiento de comer la flor preferida del jefesote.

Así que inspiré profundo y cerré los ojos, esperando que el final no me incluyese también a mí, en calidad de testigo. Entonces, tal vez al saberse observado, el minino despertó.

Temblé un poquito. No voy a mentirles. Vi al jefe ir a su encuentro, todavía con el paso un poco afectado por su propia travesura nocturna. Y el gato negro avanzó, también. Con tanta ligereza, que pasó rozando su lomo contra sus pantorrillas en lo que fueron varios ochos, ida y vuelta, sin ser interrumpido por ninguna tormenta de ira divina.

Sé que todos los que observábamos, desde arriba, sentimos una corriente fría por nuestra espalda. El minino se recostó y mostró su estómago al jefe, en muestra de absoluta insensatez.

No podíamos ver la expresión del jefe desde donde estábamos. No había forma de saber cuál sería el siguiente foco de explosión. El gato seguía frotándose el costado contra sus divinos pantalones.

Finalmente, ocurrió.

Oímos el gemido aterrador.

El sonido fue tan insólito, tan extraño a cualquier otro que hubiésemos oído en toda nuestra existencia inmortal.

El jefesote, de pronto, estaba arrodillado junto al felino, con una mano acariciando ese estómago peludo.

—Ohhh, pero si eres tan hermoso. Te has portado mal, pequeño, ¿eh? —dijo, con su voz convertida en el susurro de la brisa marina, al amanecer.

El gato, a sus pies, recibió las caricias con el motor de su pecho encendido al máximo.

De los dioses pequeños y su juguete perdido, ni recuerdos.

De las terribles consecuencias para los que debían cuidar al astro-pelota, nada de nada.

Pero, eso sí. Los gatos se ganaron un lugar de privilegio en el sector vip del panteón. Y los demás, en festejo por la bienvenida al nuevo favorito del jefesón, recibimos una luna renovada, con funciones totalmente distintas.

Porque nunca más quedará sola, pobre luna. Ahora será parte de las grandes fiestas celestiales. Estará siempre con nosotros, en forma de queso enorme, que podremos ir devorando hasta dejar las cáscaras y recibir una distinta el mes siguiente.

***
Escribí esta historia la semana pasada, para enviarla a un concurso en Instagram, pero se me pasó la fecha y no lo envié. Increíble, pero olvidé mandarlo. En fin, lo dejo por acá, espero que lo disfruten.
Mis lecturas en cuarentena

Mis lecturas en cuarentena

30 abril 2020

Buen jueves, se termina abril y por acá seguimos encuarentenados. Les traigo este mini resumen de mis lecturas en este período de encierro.

Me está costando escribir historias por mi cuenta, solo por el gusto de escribirlas. Así que voy a meterme en todas las iniciativas que vea por la comunidad, para aprovechar los disparadores creativos que ofrecen.

Mientras tanto, seguiré leyendo. Ustedes, ¿cómo van con eso? Cuéntenme en los comentarios. De paso, si tienen alguna recomendación de libros, me los pueden dejar (acepto encantada esas sugerencias).


A puerta cerrada (J. P. Sartre)

Una amiga me lo pasó, como sugerencia, apenas empezó el tema de mantenernos adentro de casa. Me encantó, lo leí bien rápido. Creo que tiene muchas reflexiones útiles. Además, las reacciones de los personajes se me hicieron muy cercanas a la situación actual.
Recomendado para los que disfrutan de leer teatro (o tienen curiosidad con este género) y para los que no tienen ganas de leer algo muy extenso.


Amantes con conservantes y colorantes (Brandy Manhattan)

Con este nombre, yo pensé que me distraería con una historia refrescante, que incluso me sacaría algunas risas. Nada más pesado, más incómodo de leer y difícil de terminar. Las novelas de la siesta que veía en lo de mi abuela se quedan cortas con este libro. Muy mal elegido el contexto para un romance. Tener hijos por accidente luego de una noche por culpa del alcohol no es, ni de cerca, el "preludio al verdadero amor". En la vida real, la cosa hubiese terminado en demandas varias y escándalos mediáticos.

Dioses menores (Terry Pratchett)

¿Qué puedo decir de mi amado Pratchett? Algún día voy a hacer una reseña hablando mal de uno de sus libros y después voy a terminarla diciendo que era una broma. No, mentira, ni eso podría. La verdad es que las risas, la frescura e incluso el drama que me esperaba del libro anterior, lo encontré todo acá. Si uno soporta un poco el principio, porque tengo que ser sincera, al personaje principal le falta algo de carisma, todo el resto suma y la cosa va mucho más allá de lo que uno cree.
Pronto voy a hacer una reseña completa de éste. Se lo merece, porque va a mis favoritos.

Esto sería todo, por ahora. Espero sumarle a esta lista un par de libros más, antes de volver a esta extraña normalidad nueva que vemos venir. Y no dejar de leer, ya que no puedo escribir mucho que digamos. Ahora voy a darme una vuelta por los blogs amigos.
Reto juevero: Día del Libro

Reto juevero: Día del Libro

25 abril 2020

¡Buen sábado! Luego de otra semana que se fue en una nube, con muchas cosas por hacer todavía,
vengo a participar de los relatos jueveros, luego de mucho tiempo y por primera vez en esta casita con nombre nuevo.

Les dejo el recopilatorio principal, donde podrán ver más propuestas de libros jueveros.

Esta es la invención del mío. Solo es para la iniciativa, como se propuso.

PUBLICACIÓN DE UN LIBRO - Reto juevero por Tracy

Título: El otro mundo de Camila

Sinopsis: De un día para el otro, el mundo de Camila dejó de ser el que era. Desde la forma en que se comunicaba con las personas (el abrazo, el beso, las reuniones), hasta esas costumbres tan básicas de ir al supermercado, salir a caminar por gusto, levantarse temprano para ir a trabajar a aquella oficina llena de gente.
De pronto, en cuarentena, Camila tuvo que mirar hacia adentro. Entre las horas vacías, de comida chatarra, de series interminables, la necesidad de limpiar su casa se hizo más obvia. Pero, cuando el frenesí de desinfección la mantuvo más ocupada y ya no tuvo más nada que fregar, solo quedó el placard con su ropa amontonada. Ropa que no acomodaba, que caía en avalanchas cada vez que abría alguna puerta, que la acechaba cuando metía apenas la mano para sacar un sweater. Finalmente, tuvo que poner un video de Mary Kondo y darse fuerzas.
Quién le hubiera dicho que, ni que fuese libro de Tolkien, aquel placard escondía todo un mundo en miniatura, un reino con habitantes pequeñísimos que tampoco sabían de su existencia.
¿Qué hará entonces Camila? ¿Llamará a los de desinfecciones? ¿Dejará que su gato juegue con aquellas personitas que le reclaman por todo? ¿O mirará con más detalle al joven y apuesto rey de aquella población, cuyo castillo está al fondo de su cajón de ropa interior?
Acompaña a Camila en esta aventura. Elige el camino para ella, luego observa cómo cambia el género de esta historia.

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Tema: La importancia de ¿hacer cosas productivas en cuarentena? O de estar abiertos de mente a que siempre hay oportunidades en medio de cualquier problema. Mensaje cursi, nunca más necesario que en estos momentos.

Estilo: Novela. Género humorístico y de fantasía.

Dedicatoria: A mi pereza para ordenar el placard y a mi ropa apilada en él.

Prólogo (por Albada Dos): Ese mundo nuevo, donde tantas horas se han de usar para ponerse al día en las casas. en los armarios. Nos suele faltar tiempo para ello, y ahora no hay excusa.



Vuelve el perro...

Vuelve el perro...

22 abril 2020

¡Bienvenidos de nuevo! Este es el frasco de historias, el nuevo nombre para esta etapa de mi vida escritoril y lectoril (no se rían, ya sé que estoy inventando palabras). Más allá de la nueva apariencia, sé que la mayoría tendrá la sensación de ya han visitado antes este lugar, pero con otro nombre. Y sí, esta es mi casita de siempre, con nueva fachada. Por la situación conocida por todos, estoy revisando la posibilidad de que el blog en wordpress, con su hosting precioso y hermoso dominio propio, no pueda seguir. 

Voy a aprovechar al cambio de nombre que venía teniendo ganas de hacer, con la esperanza de al menos el dominio propio sí tenerlo, apenas se pueda. Pero por acá.
Blogger es mi casa, en realidad. La comunidad de acá es la que yo frecuento. Si hasta había tenido que hacerle redirección desde este sitio para que pudiesen llegar por aquél lado. No me di cuenta de eso hasta que ya tenía todo armado. Así que vuelvo a mis pagos.


Espero que San Google nos permita vivir por este barrio mucho tiempo.
Eternena

Eternena

12 abril 2020

Abro el vino y lleno los jarrones de la casa. Agoto una botella, después otra. Bendita idea, hacer la cuarentena en la playa. Al décimo día, me harté del mar y de saltarme las reglas. Ahora, cerca del mes, cuando veo salir del océano esas criaturas fosforescentes y desde el cielo caen pelotas de ping-pong, no queda nada que me sorprenda. Los volcanes de salsa picante, los reptilianos y el tsunami multicolor, ¡vengan! Aquí estamos, somos varios.

***

Palabras para el reto de este mes: Estamos, idea, vino.

Sí, ya sé, pero no debo ser la única que no tiene mucho más en la cabeza para escribir. Qué mejor que sacar las incertidumbres y los recuerdos de memes sobre gente imprudente y noticias del fin del mundo en un micro para el desafío de Cinco Líneas de abril de Adella Brac.



Vayan a echar un vistazo y anímense a participar también.
Bitácora de cuarentena: Día 796

Bitácora de cuarentena: Día 796

25 marzo 2020

Es decir, ya perdí la cuenta. Además, para muchos esto empezó antes, así que veo días que no se corresponden con los míos y, después de este fin de semana gigantesco, no sé qué día es.

Sí, recomiendan tener una rutina y diferenciar días, bla bla. Pero apenas diferencio comidas, sin un calendario ni idea de dónde estoy. Benditos calendarios. Y teléfonos celulares.

Hoy mi móvil decidió no mostrar nada. Tildarse. Estuve borrando cachés, desinstalando cosas, borrando conversaciones. Nada.

Hasta que, ya de noche, cerca de volver el teléfono a su estado de fábrica, se me ocurrió apagarlo y volverlo a prender. Santo remedio.

Será que eso necesitamos ahora, un simple apagado y encendido. Nos están borrando el caché, desinstalando, y lo único que necesitamos es un reinicio simple de todo.

Qué lindo si solo fuese eso. Pensemos que todavía podemos estar a tiempo. Apaguemos un rato, quedémonos todos en casa.
Bitácora de cuarentena: Día 3

Bitácora de cuarentena: Día 3

23 marzo 2020

...o cuatro, ya no sé contar. O es que este día en particular se me ha pasado en la cama. Voy a unificar los días anteriores y promediar en día 3. Porque sí.

Empecé super activa esto del encierro voluntario. Lástima que los vecinos aprovecharon para irse de paseo el día 2. Al volver, uno de ellos se ha puesto a toser, con un ruido horrible de fumador, y me he puesto a cerrar las ventanas que dan a aquel lado. Medio difícil mantener eso, pero bueno.

Hice lo que no hay que hacer. Tomen nota, para no repetir:

Me sumergí en una locura de videos de youtube. Gente de cuarentena en otros países, dando consejos, hablando de otras cosas para distraerse. Lo meché con twitter. Gente puteándose, entre ellos, a los del gobierno, a los de la oposición... Terminé imaginando que eran todos bots, porque si pienso que gente real se pone a perder el tiempo con esas estupideces, mal estamos.

O es que todavía nos hace falta una inyección de empatía y sentido común. Y más que nada por las noticias de gente yéndose de vacaciones.

Cociné tanto, que en un momento la heladera ya no tuvo más lugar para guardar cosas. Tardamos nada en comer la mayor parte, con mi hermano. Ansiedad, ansiedad.

Empecé a notar que la locura reclamaba mis huesos. Así que hice lo que sí hay que hacer:

Hablé mucho con una amiga, por teléfono. Por recomendación de ella, leí un libro corto (A puerta cerrada, de Sartre). Hice una mini guerra de géneros musicales con los vecinos, a todo volumen. Hablé de mis preocupaciones con mi hermano, mi vieja y mi novio.

Esta mañana, me desperté al borde de un ataque de ansiedad. Me asusté mucho. Traté de entender que esto es una primera vez para todos, que nada de lo que sintamos en este momento está mal, solo hay que dejarlo pasar. Pero el malestar era casi físico y no paraba. Mi gatita algo debió notar, porque vino con insistencia a mi falda. Di vueltas por la casa, como frenética. Puse otro video de youtube, un vivo de una artista que dijo mil cosas que no escuché, en mi estado, pero entre todo eso, alcancé a escuchar "meditación". No sé ni de qué habló, yo ya estaba por colapsar. Así que corrí a acostarme y puse un video tras otro de meditación guiada. Parece una tontería, pero funcionó. Incluso me dormí. Y así pasó medio día.

Mi hermano cocina, mi madre me envía mensajes, yo reparto links de esas meditaciones, esperando que no hagan falta, pero igual. Ahora vine a escribir, más como catarsis que esperando que salga algo bonito. Salir... Espero que salgamos todos de ésta. Sé que es más difícil para algunos. Pero no nos obliguemos a estar "bien". No ignoremos lo que nos pasa. Busquemos el salvavidas, hasta que vuelva a nosotros el aire.
Bitácora de cuarentena: Día 1

Bitácora de cuarentena: Día 1

20 marzo 2020

Con el anuncio oficial, llega el alivio. Pensé, sinceramente, que no me tocaría esta medida y el miedo ya había empezado a afectarme. Ayer pasé mi cumpleaños, sin poder ver a nadie (mi madre es persona de riesgo, mi sobrino también y mis amigas tienen hijos o viven con gente de riesgo, así que decidí que nada de nada).

Trato de no pensar en mis alergias y en mi garganta hinchada de marzo a noviembre todos los años. Soy joven y sana, me repito, como un mantra.

A cada mensaje de feliz cumpleaños, mis lágrimas salieron solas. Cuando mis compañeras de trabajo me dieron el sobre con el dinero que habían juntado para hacerme un regalo, lloré otra vez. Hoy solo pido, como regalo, que todos salgamos de ésta lo mejor posible.

Ya en casa, hoy, escucho a la gente pasar por la vereda charlando, alguno tosiendo como si fuese a dejarse un pulmón (cierro ventanas) y muchos, muchos, muchos autos pasando por mi calle. No entiendo. La gente viene haciendo compras de pánico desde hace días. ¿Qué tanto les puede faltar?

Hago limpieza obsesiva con lavandina, al punto en que puedo haberme intoxicado. Pero, en medio de la fregada de piso, se me rompe el palo y me quedo sin secador. Yo, que no quiero ni pisar la vereda.

Salgo y veo a los que pasean a sus perros, compran en los negocios de la cuadra a través de la puerta de rejas, y me traigo un nuevo instrumento de limpieza. Carísimo. De buena calidad, espero.

Y hago un esfuerzo por no usar todos los ingredientes de la heladera en una sola comida. Ansiedad, le llaman. Trato de no pensar en las consecuencias económicas que va a tener esto en mi hogar, que van a ser muchas. Intento ser optimista, porque mi hermano es empleado de una estación de combustible y mi novio, de una farmacia. Ruego por mi madre, que teletrabaja mejor que cualquiera, divide su tiempo y hasta prepara pasteles y me los envía por foto.

Solo espero que seamos conscientes. Y que esto sea una anécdota para todos el año que viene. Cuando vengan los aliens o vaya a saber qué.
Onírico

Onírico

25 febrero 2020

No es posible que esto sea real, lo entiendo, pero he olvidado porqué. Estoy caminando por un pasillo de paredes decoradas en azul, suelo de baldosas azules, techo pintado del mismo color. Mis manos pasan por el empapelado mientras avanzo, con los brazos extendidos. ¿Qué estoy haciendo? Algo viene detrás, no alcanzo a verlo. Alguien me espera al final. No sé quién es. Entonces despierto, encerrada entre las tapas de este libro. ¿Por qué sigo aquí?

Palabras del reto de febrero: Manos, entiendo, pasillo.

Microrrelato escrito para las Cinco Líneas de febrero de Adella Brac.

Esto es parte de la recopilación para El tarot de Madame Ceyene, así que la historia continúa. Jojojo.
Arcano 5: El Sumo Sacerdote

Arcano 5: El Sumo Sacerdote

13 febrero 2020

Esta tarde llegaste a casa, agotado, con el sombrero rebosante de pensamientos, y caíste en tu sagrada cama. El desorden de sábanas y almohadones te recibió con alegría y te permitió sumergirte en ese sueño tan necesario.

Despertaste en plena madrugada, con el cuerpo pidiendo una ducha y litros de agua para beber. Una vez cubiertos los deberes acuáticos, llegaban los otros, más terrestres.

Eran las 3 a.m. cuando terminaste ese plato de tallarines con salsa. Leíste un par de emails, pensaste en algunas decisiones importantes para la jornada siguiente, y quisiste volver a tu colchón. Pero sonó el timbre.

—Maestro, por favor ábranos.

Apagaste la luz, rogando que se fuesen, en voz muy baja. Lo sé. Así y todo, pude escucharte. Siempre puedo.

—Vimos su sombra desde la ventana, maestro —insistió la voz—. No nos abandone.

—Solo será un momento, su Excelencia —se añadió otra, más zalamera.

Frunciste el gesto, pero volviste a buscar el sombrero y les abriste la puerta.

La luz de la sabiduría iluminó la habitación mientras hablabas con los visitantes, en pijama, y resolvías sus asuntos. Me gusta el color y el brillo sutil de tu sombrero, mientras despide aquellas partículas de «yolosétodo». Luego, el subidón de energía por la gratitud con la que te recompensaron fue suficiente para sacarte una sonrisa de verdad, de ésas en las que se te marca un pequeño surco junto a cada lado de la boca.

La música de sus pasos al marcharse te hizo marcar el ritmo, con los dedos, sobre la mesa. Cerraste la puerta. Y nos quedamos solos, otra vez.

Te quitaste el sombrero. El suspiro de alivio te quitó unos kilos de cada hombro. Yo parpadeé, incrédula. De pronto me di cuenta de que los años comenzaban a hacer su efecto, no solo en mí. Pero es el precio, por este título y todo lo bonito que nos trajo. Algún pedacito de tu alma iba a llevarse, lo sabías. Te oí hablar de los que pasaron antes de ti.

Pero no hablaré más de eso, por ahora. Por fin me has prestado atención y sé lo que eso significa. Ha llegado nuestro momento. Me sacudo un poco, para quitarme la modorra y alguna pulga molesta, antes de subirme a los pies de aquella cama enorme. Aunque hay un gato en la azotea, no voy a ladrarle. Lo prometo. Nuestro día termina ahora, por más que el siguiente esté por empezar en pocas horas.

***

♦ Así es como su adivina preferida (digan que sí) vuelve a aparecer entre las páginas de este libro. No estaba muerta, ni de parranda, estaba hasta el tope de trabajo. Y de vacaciones, imaginarias, por supuesto. Quién volvería a meterse aquí si pudiera irse por un momento, ¿no? El Sumo Sacerdote lo haría, sí señores.

Si lo encuentra en su tirada:

Al derecho: Empezarás a cobrar por los consejos que te piden tus amigos. Sabes que eres bueno en esto y necesitas un par de zapatillas nuevas, así que, ¿por qué no?

Al revés: Se te subirá a la cabeza el asunto y terminarás empapelando la ciudad con tu nombre y promesas de amarres, retornos de amantes perdidos, servicios de asesinato por encargo y empanadas caseras. Todo el barrio irá a tu puerta, así que mejor contrata un asistente.

***

Nota: La finalidad de los significados de cada carta es entretener al lector y a la loca que escribe estas cosas. Ningún dato de este libro debe ser tomado como referencia seria, ni aplicarse a situaciones de la vida real. Dicho esto, sean libres de enviar sus propias interpretaciones de este arcano.

Hasta la próxima.

Los saluda, Madame Ceyene



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Arcano 4: El Emperador

Arcano 4: El Emperador

12 enero 2020

Cuando la nave de los embajadores de Orel se perdió en el horizonte rojizo del atardecer, todo el reino de Feliria comenzó el proceso de volver a las actividades normales. En la plataforma de lanzamiento espacial, el pueblo comenzó a esparcirse, para regresar a sus casas. En las calles, los sirvientes reunían a los flamencos sagrados, para devolverlos a sus lagos artificiales. Mientras tanto, los soldados acompañaron a los miembros de la aristocracia local a sus respectivos palacios.

Entre ellos, el carruaje real se distinguía. No había metal dorado más resistente, ruedas más gruesas ni caballos modificados genéticamente con mejor performance que aquella. En su interior, el emperador Tether iba pensativo. Sus ojos se fijaban en la distancia, mirando sin ver. Su mente, inmersa en una sola cosa.

El edificio del monarca estaba listo para continuar con la siguiente tarea diplomática en su agenda. Pero él no lo estaba. Tether dejó un momento a su secretario para ir hacia el ala oeste. El sector prohibido para todo el que no tuviese sangre real.

El monarca estaba tan acostumbrado a pasar por allí, que nada lo conmovía. Ingresó al ala movido por la urgencia de cierta conversación. Así, atravesó pasillos repletos de tapices destrozados, convertidos en jirones verticales. Caminó sobre alfombras marcadas por cientos de arañazos. Luego pasó por el jardín repleto de hojas de la misma planta. El cuidador de semejante selva privada no tenía permitido hablar de los horrores que surgían entre la maleza. Los pájaros huían de aquel espacio, las ratas no se atrevían a acercarse, los insectos solían ser atrapados, sin piedad.

En el salón principal, decenas de figuras colgaban del techo, coloridas, brillantes, disponibles para quien quisiera intentar tomarlas. En total, todo un caos bajo el orden demente del habitante de lujo de la residencia.

Tether chocó contra un nuevo poste, diversión de su verdadero rey.

—Pero, ¿quién puso en el medio del camino esta mierr…?

—Cuidado con maldecir en mi casa, humano —dijo la voz, desde arriba.

El terror del joven lo hizo tropezar de nuevo, esta vez al pisar un peluche destrozado. Y frente a él, apareció el real emperador de Feliria.

No medía más de medio metro. Sin embargo, era bastante grande para su especie. Su pelaje blanco solo era interrumpido por manchas doradas en la cola y en una de sus orejas. Todo él era imponente. A la vez, era la cosa más suave que uno pudiese presenciar.

Tether quedó en silencio por un breve instante al verlo, como cada vez desde la primera ocasión, cuando ambos eran apenas pequeños presentados por sus padres. Repetían una tradición de siglos. Humano y gato, ejercitaban una pequeña farsa enfrente del pueblo, poniendo al servicio de todos su sabiduría conjunta, a cambio de poder infinito.

—Alteza…

—No recuerdo que me hayas pedido audiencia, joven Títere —maulló el anfitrión—. ¿Cuál es la urgencia?

—Por favor, Rey Mish, necesito ser libre.

El humano se había sentado en la alfombra, para poder mirar a su socio eterno a los ojos. El felino lo observó, receloso, y dejó de lamerse una de sus patas para tomar la conversación en serio.

—Querrás decir —contestó—, que necesitas mi parte del poder.

—No puedo continuar así —argumentó el otro, al borde del llanto—. Es MI poder. Yo nací aquí, en el centro de esta dinastía. Yo fui el elegido. ¿Por qué me utilizas, de esta forma?

­Un leve silencio hizo que la tensión se esparciese por la estancia, dejando solo el tintineo de los juguetes felinos como fondo. Ambos reyes se miraron.

—Sabes que eso que dices solo es verdad en parte, Tether. Yo podría decirte las mismas cosas. Mejor olvidemos todo esto, ya estamos metidos.

—Por favor, Mish. No sé qué más hacer…

Con un gruñido, el animal dejó de lado las quejas de su contraparte en aquel juego.

—Solo tienes que escucharme. El plan para la próxima invasión al enemigo está aquí, encima del rascador número seis.

El terror hizo que el humano se levantara y casi se golpease la cabeza con uno de los juguetes colgantes del salón.

—¡Invasión! ¡No, Alteza! Solo porque quiere probar los pájaros del reino vecino…

—Está decidido, Títere. Vamos a tomarlo todo.

Tether se desesperó. Necesitaba detenerlo. Tenía que parar con aquella locura.

—No puedo. Esto es… Esto… Un momento, ¿qué es eso?

—¿Qué cosa?

Acababa de entrar, por la ventana, una luciérnaga enorme, de alas que se movían con una rapidez imposible y ojos brillantes. Su luz era suficiente para distraerlos a ambos de la discusión y dejarlos en una tensión repentina, siguiendo a la intrusa por la sala con la mirada.

En pocos minutos, ambos corrían, intentando atraparla.

***

♦ He regresado con estas publicaciones, casi dos años después, yey. El emperador estaba dedicado a mi gato, Ciro, y poco tiempo después de publicar el arcano 3, mi pequeño felino enfermó y murió. Intenté cambiar la temática de este cuento varias veces, pero no pude. Recién ahora creo que se me pudo ocurrir algo más o menos decente. Sé que no está a la altura de historias anteriores, pero al menos podré seguir con los demás arcanos, según lo planeado. Dedicado a mi precioso. Gracias por haber leído.

Si lo encuentra en su tirada:

Al derecho: Encontrará la solución a ese problema sin respuesta que venía acosándolo desde hace tiempo. Luego surgirán otros, pero solo será señal de que la vida sigue. Ánimo y dele para adelante.

Al revés: Encontrará que su mascota le ha llenado el comedor de juguetes destrozados y romperá una escoba con sus garritas, tal vez en un intento de protesta. No podrá cambiar las mañas de su peludín, pero sus visitas lo felicitarán por su nuevo estilo de decoración.

***

Nota: La finalidad de los significados de cada carta es entretener al lector y a la loca que escribe estas cosas. Ningún dato de este libro debe ser tomado como referencia seria, ni aplicarse a situaciones de la vida real. Dicho esto, sean libres de enviar sus propias interpretaciones de este arcano.

Hasta la próxima.

Los saluda, Madame Ceyene


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